noviembre 25, 2017

Aportes a la discusión en torno a la cuestión del liderazgo en el peronismo

No siempre haciendo las mismas cosas vamos a obtener los mismos resultados. Los partidos, aún los viejos y centenarios, tienen en su dinámica interna su forma de resolver sus conflictos y renovar sus cuadros, siempre y cuando acepten la necesidad de aggionar sus procedimientos de construcción política.

* Por Mario Rodriguez

en colaboración con y Michel Zeghaib

(I)

La crisis del Peronismo

 

El debate más interesante que se da en la política argentina desde el primer ballotage de la historia moderna en 2015 es acerca de la crisis del peronismo derrotado. El problema central del peronismo es que el formato de su liderazgo está agotado, se extingue en el universo de las personas empoderadas que conversan. Monólogo del líder versus conversación ciudadana, allí el dilema, porque el poder es compartido entre los que mandan y los que obedecemos, lo damos y quitamos todo el tiempo ya no respetamos los períodos institucionales de validación de los mandatos, podemos afirmar que prácticamente votamos a diario (el concepto de campaña permanente deviene de esta práctica ya cotidiana de las personas).

 

Néstor cuando empezó percibió algo de esto, construyó la transversalidad como novedad emergente de la crisis de 2001, duró hasta 2005 período en que al menos desafío el monólogo tradicional con la incorporación en mismo rango y peso de actores de otros signos ideológicos. En 2005 derrota a Duhalde, emerge como líder “natural” deja de lado todo tipo de novedades transversales, retorna el férreo monólogo peronista.

Las disidencias son inadmisibles de tal manera que muchos dirigentes disfrutaron exilios prolongados por pensar distinto.

Hacia adentro del peronismo el debate es existencial, no sabemos conducirnos sin un papa o una mamá que nos diga para dónde hay que ir, que nos cuide desde el estado de (supuesto) bienestar, administre nuestras expectativas de manera más o menos igualitaria (aunque los resultados demuestren exactamente lo contrario) y construya una épica repleta de razones generales sin conexiones con sus resultados.

Hay muchas interpretaciones en torno a esto, es claro el peronismo vertebró gran parte de la administración del gobierno y del estado desde 1983, aunque en general giran alrededor de qué figura emerge o se mantiene para liderar el gigante dormido.

Desde que nació en 1945 el peronismo se ufana de ser un movimiento político bajo el mando de una sola persona: Perón, Cámpora, Luder, Herminio, Cafiero, Menem, Duhalde, Néstor, Cristina y quien venga ahora que la ex presidenta se resume a una líder local responsable de la menor cantidad de votos obtenidos en la historia.

Monológicamente, no conversamos no escuchamos solo hacemos congresos partidarios cuando nos intima la Justicia Electoral vencidos todos los plazos de la Carta Orgánica que escribimos y no cumplimos. A nuestros líderes se los escucha, (y no al revés) se asumen sus razones, repetimos sus argumentos y soslayamos resultados. Él/Ella imagina un diálogo en el que las “masas” sólo asienten.

Es ese el dilema del peronismo del siglo XXI.

El movimiento fundado por Juan Domingo Perón en 1945 sigue siendo el mismo en 2017, los dirigentes esperan desesperados que por alguna razón cuasi mágica emerja un nuevo líder que nos siga conduciendo al estilo del General, y lo que hay que discutir es cómo debe ser ese liderazgo en este siglo.

 

No hay más espacio social para el monólogo. La era digital cambió la forma de comunicarnos las audiencias controlan la información que consumen al tiempo que la producen. Todos somos emisores de nuestros propios contenidos la novedad es que además disponemos de casi infinitas posibilidades de hacer visibles nuestros propios contenidos. Subimos nuestra vida cotidiana a FB disputamos seguidores, likes, pagamos publicidad para viralizar aquello de nosotros que consideramos que el mundo debe conocer, opinamos varias veces por día en Twitter en donde imaginamos conversaciones abiertas, aunque solo reforzamos nuestras pertenencias y creencias con otros usuarios. Cuando ya tenemos experiencia abrimos canales en YouTube al estilo de los youtubers que seguimos con la devoción que comprábamos la revista El Grafico o mirábamos en los únicos 3 canales de aire a Batman en blanco y negro sin control remoto. Si si, ese mundo existía y no hace tanto.

 

Las personas somos cada día más iguales en nuestra diversidad. Los dispositivos tecnológicos, en especial los celulares igualan las posibilidades de   acceso   a   la   información como nunca antes. Podés tener un aparato de U$D 15 mil o U$D 50 que usamos el mismo FB, Twitter, Instagram, YouTube accedemos a las mismas plataformas, seguimos a las mismas figuras, construimos las mismas páginas y perfiles, somos parte de las fakenews y la posverdad, somos iguales.

 

Aquí el gran desafío de la dirigencia del peronismo, como sensibilizar a estos votantes, como llegar a esas mentes conectadas, empoderadas, productoras de contenidos y diversas. No alcanza con un nuevo monólogo, por más novedoso que sea el dirigente que se asuma liderando esta etapa su primera acción debe ser escuchar, escuchar y escuchar. CFK intuye algo de esto, en su campaña sus voceros fueron las víctimas del modelo de ajuste brutal de MM, los resultados acompañaron parcialmente fue la peor elección del movimiento en PBA.

 

La UCR también sufrió crisis de representación en 1989 con Alfonsín y 2001 con De La Rua, recorrió el camino de fuerza vecinal refugiada en los intendentes y un puñado de gobernadores y en 2015 encontró en el formato de la alianza CAMBIEMOS su renacer como fuerza política de gobierno. El partido centenario nunca dejó de ejercer la totalidad de sus mecanismos  partidarios de representación interna, congresos y encuentro doctrinarios de manera sistemática, presencia en las universidades Franja Morada acaba de celebrar sus primeros 50 años. En ellos existe un dispositivo conversacional aceitado, a tal punto que no somos pocos los que creemos que los radicales disfrutan más de la vida interna que del gobierno.

 

En 2005 nace a la vida política el PRO como fuerza vecinal de CABA, el único partido argentino del siglo XXI hace su debut como intento de fuerza territorial nacional en 2015 y desde ese año gobierna los 3 distritos más importantes del país al igual que el radicalismo en 1983.

 

Hoy el formato del oficialismo es conversacional son equipos de gobierno que se asumen personas normales comprometidas con la gestión del gobierno para mejorar la vida de sus vecinos. Afirman “nosotros somos esto que se ve, nos equivocamos, pedimos disculpas, no somos súper hombres y mujeres solo personas al servicio de otras personas”. Bajo estas premisas ocupan el territorio de manera organizada y sistemática cada quince días desde 2015 diseñan plataformas de información para seguir de cerca las conversaciones que comienzan, comparten información y difunden sus planes de gobierno. Seguro que hay que hacer ajustes y que dista de ser un mecanismo perfecto, pero es una forma de construcción política diferente, más acorde a los tiempos del XXI. Los resultados mandan.

 

Cambiemos es producto de algo que cambió, dice el genial consultor Guillermo Raffo defiendo la sutil lectura de los electores que hizo el oficialismo. Basta con caminar pocas cuadras de cualquier barrio típico en los que el peronismo tiene excelentes desempeños históricos los militantes son los abanderados de las quejas hacia la estructura partidaria, son ellos los que han abandonado la misa desnudando a los dirigentes. No es necesario siquiera remitirse a Evita en eso de con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes, ni eso queda.

 

Hay personas que necesitan argumentos que incluyan su pasión, sus sueños, su entorno más cercano, su metro cuadrado para luego compartir de manera conversada un formato de liderazgo. Hay muchísimos compañeros que entienden esta nueva conformación de los electores que con compromiso y responsabilidad caminan cada cuadra del territorio que les era propio escuchando, registrando cada verbo, sustantivo y pedidos, son pocos los que regresan. Los peronistas debemos revisar nuestros mecanismos de conducción, tenemos que escuchar a todos no solo a los que piensan como nosotros, no alcanza que tengamos razón (suponiendo que así sea) en el diseño de obras de gobierno. Nada se puede hacer sin tener clara la agenda ciudadana, ellos mandan. Mandamos nosotros los vecinos. En el formato de monólogo el peronismo está cerca de su disolución como fuerza nacional y consolidarse como cooperativa local.

 

(2)

Personas conversando. De lo monológico a lo dialógico.

 

No podemos conversar si no escuchamos. Sólo así, en esa dialéctica, podremos diseñar un proceso de comunicación    con la ciudadanía/electorado.

Lograr mantener una conversación permanente entre gobernante/candidato y ciudadanía/electorado es el desafío y la urgencia del paso inevitable de mundo monológico al dialógico. Porque las nuevas tecnologías, Internet y las redes sociales son realidades consustanciales respecto de las sociedades contemporáneas. Su presencia ha redundado en la mayoría de   sus   miembros   provocando una profunda sensación de vértigo, amplitud y cercanía; pero al mismo tiempo, de aislamiento, fragmentación, incompletud y soledad. La importancia que tienen en la vida humana es crucial y definitiva.

No hay vuelta atrás. Yoneji Masuda lo dejó claro: vivimos en la sociedad de la información. Más aun, Manuel Castells diría: en la era de la información.

Fue en los años ’60 donde se empezó a vislumbrar una nueva sociedad caracterizada por una inmensa masa de datos e información que definía una nueva faceta del perfil del mundo moderno creando un nuevo paradigma para interpretar la realidad social y política.

El concepto sociedad de la información conlleva muchas suposiciones acerca de lo que está cambiando en la sociedad y de cómo este cambio ha transformado la forma de vivir, sentir, o percibir de los seres humanos. La transformación ya comenzó. Es inevitable. No tiene vuelta atrás. Por eso, el acceso a ese alud de información no conoce de clases sociales, ni de estratos económicos. El acceso a la información como emisores y generadores nos ha igualado, nos ha puesto a todos a un mismo nivel, nos ha hecho más horizontales. No podemos eludir esta realidad. La sociedad como estructura no puede seguir concibiéndose desde formas piramidales, sino desde plataformas en las que las personas conversamos con otras personas.

 

Las nuevas tecnologías, internet y las redes sociales tienen un papel crucial tanto en la definición como en la participación ciudadana. Pero, aun siendo conscientes de cuan inmersas están en la vida de las personas, no podemos quedarnos sólo con ellas porque necesitamos también del «cara a cara», y porque las Tics no pueden suplantar la política del compromiso intersubjetivo. Más aun, el «cara a cara» como Emanuel Levinas, filósofo francés de posguerra, llama a las relaciones intersubjetivas, es una relación entre seres diferentes (asimétricos) que no se agotan en la mera semejanza, donde cada uno conserva su alteridad que los define y particulariza como seres únicos e irrepetibles una relación sin violencia, ya que la alteridad del Otro es respetada, y así, el Otro se manifiesta  a través de un rostro  con características  concretas, no holográficas ni puramente virtuales, sino como presencia y alteridad irreducible, para generar, de esta manera, relaciones más simétricas, aún en medio de las asimetrías.

 

El peronismo tiene hoy la urgencia y la necesidad de establecer, diseñar y ejecutar políticas de innovación constante. Los nuevos medios plantean desafíos nuevos y una ciudadanía digital activamente empoderada que va exigiendo y teniendo cada vez mayor participación en los asuntos públicos.

Existe hoy la posibilidad de pensar en democracias con acciones de cogobierno colectivo, o de instancias de democracia semidirecta, de manera más simple y amplia. Pero, para ponerse en sintonía con estas nuevas realidades es imprescindible terminar de romper con todo discurso monológico en el que un líder les habla a las multitudes deseosas de instrucción y orientación. Hay que pasar a la militancia de un discurso dialógico que tenga en cuenta al otro en cuanto otro, y que escuche, escuche y escuche.

Hay que abandonar las políticas construidas a partir de supuestos, y reinventar las   estructuras partidarias a partir de un auténtico proceso de escucha. Sin ella no es posible conversación alguna, y sin conversación, no hay forma de sobrevivir en la sociedad en la que hoy estamos todos.

 

Douglas Rushkoff expresó en la conclusión de su libro “Democracia de Código Abierto” que tenemos que cambiar las estructuras políticas, que debemos permitir que las nuevas estructuras con la que reemplazaremos las antiguas emerjan de una mirada de nuevas relaciones que comiencen a generarse una vez que la gente actúe y se comunique en el presente, en vez de ponerse a hablar acerca de un futuro ficticio. La estructura política del peronismo necesita cambiar, y la forma de comunicar debe acompañar esta transformación desarrollando estrategias innovadoras para instalar una plataforma de participación y ampliación ciudadana en la toma de decisiones públicas.

 

Esta transformación de las estructuras tradicionales de la política en nuevas plataformas de representación y participación han sido impulsadas por un   cambio esencialmente antropológico: ha cambiado el hombre.

 

El homo sapiens le ha dado lugar al homo digitalis.

 

Esto lo certifica la historia. Marino Latorre Ariño, Profesor de la Universidad Marcelino Champagnat, Lima, dijo en una ocasión que siempre que se ha producido un incremento en las posibilidades de comunicación de las personas, y de forma simultánea, cambios substanciales en la sociedad. Por ejemplo la aparición de la escritura dio comienzo a la Historia de la humanidad, lo mismo ocurrió con la invención de la imprenta, (1450), el teléfono, la TV, el Internet, etc. La revolución que causó la invención de la imprenta en el siglo XV es comparable a la que ha causado la aparición de las computadoras y el Internet al final del siglo XX.

Hoy existe una nueva ciudadanía: la ciudadanía digital; que tiene acceso ilimitado a la información, a datos, a contenidos, por lo tanto, también hay un nuevo ciudadano: el ciudadano digital, más abierto, participativo, empoderado, y esperanzado que, las estructuras de poder se simplifiquen y se conviertan en personas hablando con otras personas.

 

Las viejas estructuras políticas imponen una pregunta obligatoria: ¿Qué pasa hoy con la tendencia todavía latente de la personalización excesiva de la política? Y en esto, en el peronismo debemos dar cuenta de esto y hacer nos una autocrítica profunda y sincera. Esta pregunta debemos volver a hacerla sobre todo hoy cuando vemos a un peronismo que sigue buscando a su líder perdido.

La Argentina cuenta en su historia política con una larga trayectoria de liderazgos políticos fuertemente personalizados. Si hacemos un repaso por el siglo XIX comprobaremos esta afirmación (Quiroga, Lamadrid, Rosas, Acha, Aldao, entre otros). Y si repasamos el siglo XX, nos encontraremos también con líderes políticos que encarnaron en sus personas toda la representatividad de las estructuras partidarias a las que pertenecen (Yrigoyenismo, Peronismo, por poner dos ejemplos de otros posibles). Por lo tanto, no es un rasgo novedoso los personalismos en la política. Las grandes masas, históricamente, han buscado personalizar o encarnar en un líder mesiánico la posibilidad de la redención de una existencia absurda, injusta y agobiante.

Lo que sí es novedoso es cómo los medios de comunicación, especialmente el fenómeno de la televisación de la política, han favorecido su expansión. Y si a esto le sumamos lo que se ha dado en llamar la “muerte de las ideologías” producida por el fin del fascismo, el comunismo –y el socialismo–; y el aparente “fin de la historia” como lucha de ideologías –y por tanto de los grandes relatos– no es inverosímil pensar en la minimización del poder como estructura, o la paulatina desaparición del sentido de pertenencia ideológica expresada colectivamente. Incluso algo más extraño aún –o paradójico– sucede con la tendencia a la sobrevaloración de un líder político, y simultáneamente, la desconfianza del partido al que pertenece. Como sea, los personalismos en la política no pueden seguir existiendo. Pero no sabemos si este milagro sucederá, porque, al parecer, el hombre necesita de mitos.

 

Tenemos frente a nosotros un tremendo desafío. Volver a preguntarnos ¿qué es escuchar?, ¿qué es conversar? Y volver a pensar en una política concebida como personas conversando con otras personas acerca de lo que ocurre todos los días, de los que necesitamos, de los que soñamos, de lo que nos duele, de nuestros miedos, o de nuestras esperanzas. Y a lo que al peronismo respecta, creemos que su herida punzante está, como ya se dijo, en el formato obsoleto de su liderazgo, que se extingue en el universo de las personas empoderadas que conversan. El monólogo del líder debe dar paso al diálogo de las personas, a la conversación ciudadana, aquí, reiteramos, queremos situar el dilema, y un urgente llamado de atención frente a la necesidad de un aggiornamento de sus prácticas, plataformas, selección de candidatos y corpus doctrinal e ideológico.

 

(3)

Tres propuestas para el próximo peronismo (y tres dificultades)

 

Ricardo Piglia, en una charla que lleva por nombre Tres propuestas para el próximo milenio (y cinco dificultades) alude a Ítalo Calvino y Bertolt Brecht, para expresar, por un lado, un interrogante que Calvino se planteaba en su libro Seis propuestas para el próximo milenio: ¿Qué va a pasar con la literatura en el futuro?, y por otro, cinco afirmaciones que Brecht, en un texto que, según el escritor argentino, es irónicamente programático y político, titulado Cinco dificultades para escribir la verdad, donde se plantea que para luchar contra la mentira y la ignorancia y escribir la verdad, se tendrá que vencer al menos cinco dificultades. Si bien no vamos a hablar aquí de literatura (aunque ella esté atravesada siempre por la política), ni tampoco pretendemos tener la verdad absoluta de nada, si creemos en los que estamos planteando, motivo por el cual hemos tomado, para este tercer y último apartado, la misma inquietudes de Calvino y  Brecht,  para preguntarnos:

¿Qué va a pasar con el peronismo en el futuro?, agregando: ¿…y en el presente?, y así plantear, siguiendo la misma lógica de Piglia, tres propuestas y tres dificultades para el próximo peronismo, del presente y del futuro.

 

Porque en la historia política de la argentina actual existen momentos de enorme dificultad social porque se ha olvidado la visión del hombre que camina, respira, habla con otros y vive en un país cuya cotidianidad se ha cifrado en la construcción de un discurso político, social y económico que lesiona los intereses y aspiraciones del ciudadano común.

Entonces, ¿no deberíamos preguntarnos acerca del perfil psicopolítico y social de la sociedad en la que estamos todos inmersos? Es necesario hacerlo. Y por qué no a la luz de quienes la han pensado quirúrgicamente. Zygmun Bauman, por ejemplo, en su libro Modernidad líquida, plantea que la modernidad sólida ha llegado a su fin. Pero ¿por qué sólida? Porque lo sólido, a diferencia de lo líquido, conservan su forma y persisten en el tiempo: duran. En cambio, lo líquido es informe y se transforma constantemente: fluyen. Por eso, la metáfora de la liquidez es para Bauman adecuada para aprehender la naturaleza de la fase actual de la modernidad, en la que, una de sus realidades sólidas se está derritiendo: los vínculos (en su horizontalidad) entre las decisiones individuales y las prácticas colectivas. Por eso, el advenimiento de la modernidad líquida ha impuesto a la condición humana cambios radicales que exigen repensar los viejos conceptos que solían articularla. Otro intelectual, Gilles Lipovetsky, en la misma sintonía que Bauman, ha afirmado rotundamente que estamos en la era posmoderna. Que el estallido de lo social y la disolución de lo político han generado que el individuo es el rey, y que maneja su existencia a la carta. En tu texto titulado La era del vacío, plantea esta mutación esencial atribuyendo estos fenómenos a un solo factor: el individualismo; como el nuevo estado histórico propio de las sociedades democráticas avanzadas, y que define la era posmoderna.

Pero, la postmodernidad encuentra sus máximos exponentes en Jean-François Lyotard y Gianni Vattimo. Lyotard en su libro La condición postmoderna dice que la crisis de legitimidad o deslegitimación derivada de la incredulidad en la que vivían las democracias postindustriales ha llevado a preguntarse qué permite hoy afirmar que un enunciado es verdadero. Porque el hombre, sujeto de esta condición postmoderna, ha dejado de creer en los grandes relatos que eran los que legitimaban la sociedad, presente o futura, y también los saberes. Lyotard postula que se ha intentado convertir lo posmoderno en una simple apariencia, en un artificio de vanguardia, pero no es así, es algo más: se trata de un cambio profundo en la percepción del espacio, del tiempo y de la comunidad humana, y que la posmodernidad no se sitúa después ni en oposición a lo moderno que la incluye, aunque aquella permanezca oculta. Vattimo, por su lado, en su libro Las aventuras de la diferencia, dice que, mientras las visiones inspiradas en la dialéctica conciben la realidad como un todo – podríamos decir, monológicamente–, los teóricos de la diferencia –de lo dialógico– consideran que no cabe siquiera la ilusión de un conocimiento de alcance totalizador.  Parafraseando a Tolkien en la voz de Gandalf:

El tiempo del monólogo ha llegado a su fin, la era de la conversación ha comenzado. Bueno, así están las cosas.

 

Por todo lo dicho es que presentamos, a continuación, las tres propuestas:

 

Mirar

Las cegueras del conocimiento, para no caer ni en el error, ni en la ilusión. El peronismo debe aprender conocer cómo conoce, porque algo está fallando. Porque es imprescindible no sólo ver, sino también aprender a mirar la realidad, sus resultados y las consecuencias de ciertas prácticas para poder obtener los resultados que se esperan.

 

Comprender

Nos hace falta enseñar y aprender la comprensión. Que la comprensión es al mismo tiempo medio y fin de la comunicación humana. Que la educación para la comprensión está ausente de nuestras vidas. Y que el planeta necesita comprensiones mutuas en todos los sentidos. El Otro existe. Lo planteamos en el apartado anterior. La ciudadanía existe. El otro es real y debe ser consultado de manera, más o menos sistemática, por las autoridades y la militancia del partido. Esto abona la posibilidad de una relación más horizontal entre las personas.

 

Aprehender

Hoy los contextos son cambiantes y sumamente diversos, cada vez más diversos, y lo que sirvió en épocas pasadas, puede que no sirva – necesariamente– para esta. Y esto es algo que desde la construcción política se tiene que aprender. Pero no un mero aprendizaje de manual, sino, más bien, aprehender, apropiándose de los nuevos formatos de liderazgos, de nuevos conocimientos, incluso, de nuevos aprendizajes. No siempre haciendo las mismas cosas vamos a obtener los mismos resultados. Los partidos, aún los viejos y centenarios, tienen en su dinámica interna su forma de resolver sus conflictos y renovar sus cuadros, siempre y cuando acepten la necesidad de aggionar sus procedimientos de construcción política.

Y las tres dificultades:  

Mesianismo

Enrique Krauze, en su libro Redentores. Ideas y poder en América Latina, exponer brillantemente, a través de doce biografías sutilmente entrelazadas, el dilema central de América Latina: la tensión entre el ideal de la democracia y la tentación, siempre presente, del mesianismo político. De esto debe cuidarse todo líderes políticos, para no asemejarse a aquellos teólogos bizantinos que solían disputar durante días sobre el género de los ángeles, sin son hombres o mujeres (quién sabe) configurando así uno de los momentos más tensos en la historia del mesianismo:  la espera expectante del salvador que habría de restaurar la armonía universal. Al parecer esta tensión no ha disminuido, debido a la espera de ese líder/conductor/redentor que tiene que venir a salvarnos de todas nuestras desgracias, y cubrir con todas nuestras necesidades.

Monólogo

“El peronismo es así”, solemos escuchar. Si esto es verdad, estamos frente a una inevitablemente la disyuntiva, porque el pensamiento binario es estructuralmente monológico. Jacques Derrida dijo en varias ocasiones que hay una vocación del ser humano a un pasamiento binario para ordenar la realidad a favor o en contra. Y qué nuestra cultura ha tomado este pensamiento binario y ha armado una estructura en la que coloca de un lado lo bueno, y del otro lo malo. Por ejemplo, binario es pensar en: razón–instinto; la racionalidad es el bien, el instinto es el mal; civilización–barbarie; la civilización es el bien, la barbarie es el mal.  Pensamos esta misma lógica en nuestra estructura política argentina. ¿Por qué tiene tanta fuerza este tipo de pensamiento? Porque necesitamos ordenar la realidad. Pero esto no tiene que ser así. Derrida toma de un texto de Nietzsche titulado La Genealogía de la Moral, en el que dice que en la antigüedad “ser bueno” no era una cuestión moral. Buenos eran los poderosos. Entre los poderosos se decía: “acá estamos los buenos”. Para la tradición occidental ha hecho de lo monológico una especie de religión, y para muchas estructuras políticas esta religión es conveniente. El pensamiento binario pone como centro una realidad, dejando otras realidades circunvalando en lo periférico. Así, lo monológico es el centro, lo conversacional (o dialógico) lo periférico. Lo que nosotros creemos y postulamos es una urgente deconstrucción de lo que vamos a denominar “monologocentrismo”, para lo conversacional pase a ser el centro, y que, desde este nuevo centro, ordenar una nueva realidad.

Dogmatismo

Esto de que yo tengo la verdad y los demás no, no va más. El acceso a la información nos ha hecho iguales. Llegó la hora de que lo que queda del partido peronista (o justicialista, como quieran llamarlo) deje de ser de una vez texto muerto, reivindique y reinterprete su propia doctrina, y obtenga dinámicas partidarias para que, cuando estén en el gobierno, sepan separar el Estado del Partido, y genere una vida partidaria mucho más rica.

Finalmente, el desafío generacional nos lleva a preguntarnos: ¿qué hacemos con la dirigencia anquilosada? En el peronismo tenemos la mala costumbre de darle el espacio, tiempo y reconocimiento a quienes gobernaron en el pasado (los Eduardo Duhalde, los Néstores, las Cristinas) Ellos deben ser puentes que conecten, converse, formen a los nuevos dirigentes. No ser tapones que impidan el crecimiento natural de quienes los suceden. Porque no puede ser una salida tirarlos por la ventana (como decía Juan Perón). La transversalidad generacional, genial creación del peronismo, ha puesto en el tapete de la discusión las nuevas formas de liderazgo dentro de su estructura interna. Pasar la posta a las generaciones por venir implica necesariamente conocer cuál es su perfil genético, porque nadie puede seguir negando que la genética generacional haya cambiado brutalmente en estos últimos 70 años. Es decir, poner la posta, como quería Juan D Perón, en manos de esas futuras generaciones, implica aceptar que es una “nueva” generación en una nueva sociedad: la digital, conversacional y horizontal, como lo planteó (y militó) Manuel Mora y Araujo en su libro El poder de la conversación. Más aún, hoy podemos incluso hablar de una nueva inteligencia conversacional, desde la ontología del lenguaje que plantea Rafael Echeverría.

El trasvasamiento generacional tenía para Juan Perón una fuerte impronta psicoanalítica. El decía que entre el nacimiento y los seis años se forma el subconsciente de los niños, y que es allí donde hay que meterle el peronismo (Cfr. Perón y la misión de los jóvenes políticos, en YouTube). Incluso tiene una implicancia biológica, Porque, dice, que los viejos tienen que dar su experiencia, porque si no la entregan por egoísmo, desaparecen ellos con su experiencia incluida, y se mueren y ¿quién los reemplaza?, ¿quién va quedando? Que hay que darles a las generaciones que vienen, todo. Pero resulta que esas nuevas    generaciones son diversas.

¿Acaso el creador del Justicialismo pudo visualizar, cuando escribió en el ’48 aquel mensaje a los jóvenes argentinos del 2000, que éstos poseerían una configuración estructural radicalmente distinta a la de su tiempo? Él mismo dijo que: “El avance es invisible y está oculto (…); pero no por eso deja de existir”.  Quién podía saber cómo.

La esencia de un liderazgo es intransferible. Perón hubo uno solo, y quien se ufane de querer emularlo, está confundido, y de ante mano fracasado. Pero hay algo más. Resulta que la experiencia es intransferible porque está constituida de subjetividades, y la subjetividad no puede trasvasarse a sí misma.

Por lo tanto, lo que puede continuar en el tiempo, y trasvasar, es el discurso. Y desde el momento en que todo discurso se trasciende a sí mismo, de su contexto y época, entonces va dejando de ser lo que fue para ser otra cosa. Porque tiene su propio dinamismo. En este sentido, el peronismo 3.0 debería pensar seriamente en aggiornar su pensamiento, su doctrina y su metodología; porque vivimos en una época radicalmente diversa.

El mismo Juan D Perón decía (Cfr. Perón y la misión de los jóvenes políticos, en YouTube), que la doctrina, que son las formas de ejecución de la ideología (se refiere a las tres banderas), “varían de acuerdo a las circunstancias, evolucionan con la evolución”, y que el trasvasamiento generacional tiene que  ir “rebosando en el tiempo, esas formas de ejecución”. Y continúa diciendo: “Lo que hace 25 años nosotros hicimos de una manera, pueda ser que en este momento esa manera no sea la apropiado para realizar, entonces las nuevas formas de ejecución que nacen con la nueva generación y las nuevas circunstancias son las que hay que poner en marcha a través de ese rebosamiento permanente del movimiento para que el movimiento no envejezca”.

Estas nuevas generaciones, en las que no están incluidos sólo los jóvenes sino todos, sin excepción, están inmersas en las era de la comunicación, de lo digital, de lo conversacional. Yoneji Masuda dijo que la era de la información es el período de tiempo durante el cual tiene lugar una innovación de la tecnología de la información como fuerza transformadora de la sociedad. Estamos inmersos en esa era. Internet, por ejemplo, da cuenta de esto. Manuel Castells dice que internet es el tejido de nuestras vidas en este momento, que no es futuro, que es presente, y que estamos en medio de una revolución tecnológica de proporciones históricas que está transformando las dimensiones fundamentales de la vida humana: el tiempo y el espacio.

Sin dudas esto plantea una problemática estructural que pone en la mira las relaciones humanas y las nuevas formas en las que nos vemos empujados vertiginosamente a tener que redefinir las formas de conducción.

Es el momento de hablar de un peronismo 3.0, pero antes, habría que empezar a pensar en una antropología 3.0. Sin dudas, toca a esta generación revisitar el legado peronista para encarar los desafíos que los argentinos tenemos hoy y por venir:

“Estoy convencido de que sólo la comunidad argentina puede proporcionar el juicio definitivo sobre las cualidades que para ella se anhelan. Es mi deseo que todos mis conciudadanos consideren este Modelo como una propuesta inicial; ya las generaciones que nos siguen, a través de un diálogo franco en el que participen todos los entes representativos de la comunidad, han de asumir la patriótica misión de perfeccionarlo” (Juan D Perón en Modelo argentino para el proyecto nacional).

Debemos ponernos a la altura de los tiempos que vivimos, el peronismo 3.0 no deja de ser peronismo, más bien es un nuevo peronismo, acorde al tiempo que nos toca.

Queremos plantear un debate en torno a la construcción política y los nuevos liderazgos en general, y la conducción del peronismo en particular, junto a los formatos que tienen de construir poder, frente a los desafíos que nos interpelan o potencian.

* Mario Edgardo Rodríguez es Master in Governance and Political Communication George Washington University Graduate School of Political Management. Experto en Gestión Pública con más de 20 años de experiencia en ejercicio de Gobiernos a nivel Nacional, Provincial y Municipal en Argentina. Responsable de la Difusión en INDEC 2005/2007, Jefe de Gabinete 1998/2001 y Secretario General y de Gobierno 2007/2011 Municipalidad de La Plata, Administrador General Hipódromo de La Plata 2011/2013. Estratega de Campañas Electorales en Argentina y Mexico. War Room, Mensaje, Equipo de Campaña. Movilización de Bases y Promoción del Voto con abordaje de Conversaciones Estratégicas. En Empresas Viabilizo resultados: hago que las cosas pasen, Cuido la Reputación Publica y Anticipo cambios en los Contextos políticos donde opera la Compañía. Consultor asociado en Berensztein.com. Secretario de Publicaciones en Asacop (Asociación Argentina de Consultores Políticos) www.asacop.org

Email: marioerodriguez@yahoo.com.ar Twitter: @merodriguezgwu

* Michel Zeghaib es Licenciado en Filosofía (UCCuyo, Argentina). Máster en Historia Social (UNSJ, Argentina). Diplomado en Comunicación y Liderazgo (UCCuyo, Argentina). Cursando el Posgrado en Comunicación Política e Institucional (UCA, Argentina). Candidato al Doctorado en Ciencias Sociales (UNSJ, Argentina). Docente e Investigador. Especialista en Estrategias Discursivas, Análisis  del  Discurso,  Análisis  de  Contenidos,  Lenguaje  y   #ComGob2.0,  Investigación     en #ComPol, Diseño de Marca y Posicionamiento de Organizaciones. Con más de 12 años de experiencia en Comunicación Política e Institucional, a nivel Nacional, Provincial y Municipal. Consultor en Municipalidad de la Ciudad de San Juan del 2007 al 2015, y en Cámara de Diputados de San Juan desde 2016, en diseño de estrategias discursivas, producción de contenidos políticos y comunicación política 2.0. Amante de la Literatura, la Música y el Boxeo. Miembro de Asacop (Asociación Argentina de Consultores Políticos) www.asacop.org

Email: mzeghaib@gmail.com Twitter: @michelzeghaib

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