noviembre 21, 2018

“Convertir a los chicos en músicos ayuda a sanarles el alma”

María Eugenia Elías, directora de la fundación “De sol a sol”

En Mendoza, una docente de música formó una orquesta integrada por chicos con discapacidad y un coro formado por madres. Además de enseñarles a tocar un instrumento, a los alumnos se les da asistencia integral.

Una maestra del arte, pero del arte de la vida. De la integración de los demás, de esa lucha por hacerlos visibles y por empujarlos a tomar conciencia de que, incluso en la discapacidad, hay dones que pueden ser forjados y entregados a los otros como un ofrenda que se comparte. Eso y mucho más es lo que hace María Eugenia Elías. De profesión música, pero también docente e impulsora de la Fundación “De sol a sol”, de la que forma parte la orquesta Onemen, integrada por niños y jóvenes con algún grado de discapacidad intelectual o motora, en Godoy Cruz, Mendoza.

El proyecto nació en 2011: Elías es violonchelista e integrante de la Orquesta Filarmónica de Mendoza desde hace tres décadas, y desde ese lugar quiso formar una orquesta de chicos con discapacidad. “Lo que empezó como una cosa muy utópica, se transformó en una realidad”, comenta. Dice que las utopías se realizan cuando se da con las personas adecuadas, más allá de los impedimentos materiales. Así, fue convocando chicos que quisieran integrar la iniciativa musical. “Mi vida se ha ido enriquecido en estos años y la discapacidad me ha enseñado muchísimo”, expresa.

Elías presentó la idea a la comuna de Godoy Cruz, que accedió a becar a chicos de escuelas especiales de la zona y que concurren a la fundación a aprender a tocar distintos instrumentos.

“Esto fue creciendo, y el desafío de cada año sigue siendo conseguir subsidios, con la incertidumbre de cómo vamos a seguir pero con la certeza de que algo mágico va a suceder y que vamos a seguir funcionando”, aventura. El proyecto no es sólo musical: incluye terapeutas, psicopedagogas, terapistas ocupacionales, psiquiatras, y los profesores de danza, de teatro, y de cada uno de los instrumentos que se enseñan.

Un proyecto artístico y social

Todo empezó con diez alumnos, a los que se les enseñaba violín, teclado, violonchelo y flauta traversa. El número de interesados fue creciendo, y entonces agregaron la percusión. Así se gestó Onemen, la orquesta de niños y jóvenes especiales de Mendoza, que se nutre del Centro Educativo Terapéutico Jorge Elías –al que acuden chicos con discapacidades severas- y niños y jóvenes que proceden de escuelas especiales de Mendoza que, luego de la jornada escolar, se forman como músicos en la Fundación.

A las madres de los chicos, muchas de ellas personas también discapacitadas, se les ofreció integrar un coro, que ahora está abierto a toda la comunidad. “Ya no somos un proyecto estrictamente musical, sino uno artístico y social”, puntualiza la hacedora.

A medida que pasa el tiempo, los chicos van aprendiendo a tocar instrumentos y a leer música. Las partituras se adaptan a las posibilidades cognitivas y físicas de cada uno. Todos los cursos se brindan de forma gratuita, adaptados a las posibilidades de cada alumno.

A los chicos les encanta que los aplaudan, que los reconozcan, que les hagan ver a través del cariño y del reconocimiento que ellos pueden, sostiene Elías. En noviembre último pusieron en escena la obra musical “Nunca dejes de brillar”.  “Ver a los chicos llorando de emoción, a las madres abrazándolos, es muy estimulante y conmovedor“, confiesa. La obra es una llamada a la reflexión sobre el hecho de “que somos todos iguales, y que todos podemos hacer algo”.

“Los chicos se sienten útiles e incluidos”

Para María Eugenia, su apuesta vital tiene un norte muy claro: “Ver chicos con síndrome de Down, arriba de un escenario, tocando el violín, con música que suena y suena bien, no me parece poca cosa”. Y agrega: “Nos lleva años aprender a tocar una sola canción, hay que imaginarse la fiesta que hacemos cuando un chico con retraso mental grave puede tocar ´Estrellita´ en el violín”.

La Fundación “De sol a sol” se formó a partir de que la demanda excedía la posibilidad de María Eugenia de llevar adelante sola todo el proceso de enseñanza y de cuidado de los chicos. El nombre elegido obedece a varios símbolos: la clave de sol es lo primero que aprenden los alumnos y porque “ellos mismos son un sol, muchos soles juntos y porque trabajamos de sol a sol, sin descanso”.

No todos pueden integrar la orquesta: los chicos que no tocan instrumentos forman parte del encuentro armando una coreografía que es pensada en función de las canciones. Cuando van a distintos puntos de la provincia de Mendoza, viajan sólo la orquesta y el coro, integrando por unas 40 personas.

Han logrado interactuar con figuras como Ricardo Mollo y el Chango Spasiuk. Con el primero, y la Filarmónica de Mendoza, versionaron el Himno Nacional. Con el Chango, también con la Filarmónica, con arreglos especialmente compuestos para la orquesta de Onemen, hicieron una interpretación del hit “El bombón asesino”, entre otros temas.

Los cambios que experimentan los chicos son notorios: “Todo tiene que ver con lo terapéutico. Los chicos se sienten útiles, se sienten incluidos, al punto de que esperan ansiosos la fecha en la que van a tocar”. Una característica es la de ir con la orquesta a tocar a la escuela del chico que  es integrante del grupo. “Ese chico se transforma en la estrella de su colegio, ese día, y no se lo olvidan más, y eso hace que comiencen a empoderarse, cosa que trasladan a su familia”.

Para Elías, todo el proceso que implica “convertirlos en músicos los va llevando a sanarles el alma”. Esa es la apuesta de Onemen: que el arte sirva para integrarlos a la sociedad.

Compartir con: