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17 de Octubre

Por Carlos A. Sortino 💻

Aquellas patas en la fuente no eran todavía peronistas, en el sentido de pertenecer a una organización política y reconocer en ella una doctrina a seguir: eran socialistas, comunistas, radicales, conservadoras, todas ellas desprendidas de sus estructuras orgánicas, que hallaron alivio en aquella fuente, luego de marcarles el culo a patadas a sus rancios y retrógrados dirigentes.

Algunas de aquellas patas, incluso, eran anarquistas. Y muchas (quizás la mayoría) carecían de terminal político-partidaria. Aquellas patas en la fuente eran peronistas en el sentido de reconocer en Perón al líder político que les estaba allanando, desde el Estado, un camino de dignidad por primera vez en sus vidas.

El peronismo nació de aquel crisol ideológico. De allí su compleja heterogeneidad. De allí su pretensión de totalidad. Por eso el peronismo es, al mismo tiempo, el problema y la solución. Los que insisten en achacarle sólo una de estas propiedades, no están buceando en su profundidad cultural ni serán efectivos a la hora de organizarse con él o de combatirlo.

No s√© si habr√° peronistas y anti peronistas que suscriban mi lectura de su historia com√ļn, porque ambos son, a mi juicio, sentimientos irreversibles. S√≥lo s√© que hablar del peronismo sin pertenecer a √©l, es pertinente.

A muchos extraperonistas nos sigue pareciendo que un proyecto pol√≠tico nacional y popular, por ahora, no puede prescindir de ese movimiento. Simplemente, porque somos descendientes y herederos, en nuestro caso, de las patas marxistas que hallaron alivio en aquella fuente. Trabajadores, √ļnanse‚ÄĚ, grit√≥ Per√≥n aquella noche de las patas en la fuente. Lo mismo que grit√≥ Marx, casi cien a√Īos antes, en su Manifiesto Comunista.

Las lecturas del conflicto

Algunos sectores de la izquierda vern√°cula no soportan una alianza t√°ctica con un peronismo, que, todos sabemos, no promueve la lucha de clases, bandera hist√≥rica de los ‚Äúoriundos del marxismo‚ÄĚ. Siempre estuvo a la vista la dominaci√≥n de clase y ahora, en plena pandemia, m√°s a la vista que nunca. Ser√° cuesti√≥n de seguir discutiendo cu√°l es el verdadero conflicto.

Mientras lo seguimos discutiendo, creemos que hay que juntarse para la construcci√≥n de un Estado nacional y popular y un sentido com√ļn refractario al neoliberalismo/neofascismo. Hablo desde una organizaci√≥n pol√≠tica que siempre, sin ser peronista, estuvo en el Frente para la Victoria, que se sum√≥ luego a Unidad Ciudadana y que hoy aporta al Frente de Todos, organizaci√≥n que los contin√ļa y los ampl√≠a. Ello significa que no hablo desde ‚Äúafuera‚ÄĚ, aunque as√≠ parezca.

Vale esta aclaraci√≥n para las compa√Īeras y los compa√Īeros de izquierda que nos critican duramente por nuestro posicionamiento pol√≠tico y para las compa√Īeras y los compa√Īeros del peronismo que nos miran de reojo.  Y es ‚Äúnatural‚ÄĚ que as√≠ suceda, porque la tensi√≥n entre marxismo y peronismo no es nada nueva. Podr√≠amos decir que, a pesar de Cooke, nunca ha sido una relaci√≥n armoniosa.

Habr√≠a que ocuparse un poco de la ‚Äúestructura de sentimiento‚ÄĚ sobre el peronismo que tiene esta izquierda y, por qu√© no, todo el arco del extraperonismo, no necesariamente infestado de gorilas, como sostienen muchos peronistas. Y para ello, quiz√°s sea √ļtil remitirse a su mito fundacional y darle una vuelta de tuerca, porque de esa manera tambi√©n podremos explorar la ‚Äúestructura de sentimiento‚ÄĚ que el peronismo tiene sobre la izquierda.

Combatiendo al Capital

Desde el campo ideológico marxista, al que pertenezco, pueden desprenderse diversas líneas de acción política, pero todas ellas tienen por objetivo socavar las bases de sustentación del sistema capitalista (eso que se canta con fervor en cualquier acto peronista). Y desde ese campo ideológico me atrevo a sostener que quienes no somos peronistas -al menos, algunos- no discutimos la centralidad política del peronismo en esta etapa. Lo que sí discutimos es su exclusividad política.

Me parece necesario que desde aquella centralidad -y no desde esta exclusividad- se convoque al universo ‚Äúextra peronista‚ÄĚ, es decir, a quienes, estando fuera del peronismo, nos sentimos parte del campo nacional y popular y junto a √©l pretendemos la construcci√≥n de una alternativa pol√≠tico-ideol√≥gica superadora, que resulte deseable, cre√≠ble y posible para la mayor√≠a del pueblo.

Me refiero a la articulaci√≥n (o, si prefieren, unidad) del ‚Äúcampo nacional y popular‚ÄĚ, es decir, la de todos aquellos que nos oponemos al proyecto neoliberal/neofascista que result√≥ exitoso y que a√ļn goza de ‚Äúbuena prensa‚ÄĚ y sigue intoxicando nuestro sentido com√ļn. Y al hablar del universo extraperonista, no estoy hablando s√≥lo de organizaciones pol√≠ticas: estoy hablando de ‚Äúsueltas‚ÄĚ y de ‚Äúsueltos‚ÄĚ, que se cuentan por miles. Claro que este ‚Äúcampo nacional y popular‚ÄĚ incluye, y como actor fundamental, al peronismo. Pero no se reduce a √©l.

La √ļnica verdad

Perón se ha inspirado en decenas de intelectuales de todos los tiempos y de todos los lugares del mundo en sus discursos orales y escritos. Y los ha citado también. Sin embargo, muchos peronistas sólo citan a Perón y a todos los demás los desprecian por no ser peronistas.

La √ļnica verdad es la realidad, dijo alguna vez Arist√≥teles. Qu√© cosa, ¬Ņno? Aquello de que el hombre es bueno, pero si lo controlan es mejor, proviene de Lenin. Y siguen las firmas.

También hay muchas y muchos que consideran un orgullo pretender que uno reniegue de su pertenencia ideológica, pero, al mismo tiempo, considerarían una ofensa que se intente lo mismo con ellas y con ellos.

La paradoja se multiplica cuando advertimos que los votos que siempre hacen falta para ganar elecciones est√°n fuera del universo peronista, pero sus portadores son convocados muy t√≠midamente, casi con desgano. Mientras tanto, ellos esperan que se los incluya pol√≠ticamente, sin que se los haga renegar de su identidad, ni que se los use para ‚Äúsumar‚ÄĚ, lo que percibe como una forma de desprecio (la ‚Äúensalada del asado‚ÄĚ, como dijo alguien alguna vez). As√≠, ellos ven frustradas sus expectativas y huyen por derecha o por izquierda.

Esta es la ‚Äúestructura de sentimiento‚ÄĚ de la que habl√© al principio. Una estructura de sentimiento construida, como toda estructura de sentimiento, en la relaci√≥n entre los unos y los otros. Con aproximaciones y distanciamientos. Con confianzas y desconfianzas. Pero a√ļn as√≠, hoy, una relaci√≥n pol√≠tica necesaria. Al menos, desde mi perspectiva ideol√≥gica.

T√°cticas y contradicciones

Es por eso que hay algo que hace que muchos marxistas, leninistas, guevaristas y gramscianos, organizados o no, formen parte del ‚Äúuniverso K‚ÄĚ desde hace muchos a√Īos.

Ni Marx ni Lenin ni Guevara despreciaron jam√°s la democracia burguesa. Alentaron siempre la participaci√≥n electoral y aconsejaron no soslayar las ‚Äúalianzas t√°cticas‚ÄĚ con la burgues√≠a, mientras la revoluci√≥n socialista estuviese fuera de alcance. Ello significa que consideraban a la democracia burguesa como un medio y no como un fin. Los fracasos de esta estrategia tienen que ver con algunas inconsistencias ideol√≥gicas propias, que favorecen la pr√°ctica de la traici√≥n permanente, y con una correlaci√≥n de fuerzas significativamente desbalanceada.

Tampoco Gramsci desde√Ī√≥ la democracia burguesa en aquellos t√©rminos y fue diputado en pleno r√©gimen fascista. Advirti√≥ su advenimiento algunos a√Īos antes, cuando lo grit√≥ desde las p√°ginas del peri√≥dico L’Ordine Nuovo en su primer n√ļmero, el 1¬į de mayo de 1919: ‚Ä鬼Instr√ļyanse, porque necesitaremos de toda nuestra inteligencia; conmu√©vanse, porque necesitaremos de todo nuestro entusiasmo; organ√≠cense, porque necesitaremos de toda nuestra fuerza¬Ľ. No tuvo mucho alcance su arenga, porque no s√≥lo apareci√≥ un tal Mussolini, sino que, adem√°s, el r√©gimen fascista que hab√≠a anunciado lo meti√≥ en la c√°rcel hasta seis d√≠as antes de su muerte.

Y por algo es también que los frentes de izquierda, de origen trotzquista, se mantienen al margen de ese universo y lo apedrean sin descanso.

Trotzky nunca se interes√≥ por la democracia burguesa, dado que la reemplazaba lisa y llanamente por la ‚Äúdictadura del proletariado‚ÄĚ, cuya manifestaci√≥n pr√°ctica es el soviet, y la ‚Äúrevoluci√≥n permanente‚ÄĚ, cuya manifestaci√≥n pr√°ctica es un proletariado haci√©ndose cargo de lo que no es capaz de hacerse cargo la burgues√≠a del subdesarrollo: luego de la ‚Äútoma del poder‚ÄĚ, iniciar las tareas democr√°ticas (el desarrollo industrial, entre ellas), para llegar al socialismo. Claro que Trotzky iniciaba la historia de la Revoluci√≥n, luego de la Revoluci√≥n. Pero contradicciones tenemos todos.

Acaso pudiera mostrarse el Cordobazo como ejemplo exitoso de un frente político organizado, contra todo prejuicio, por marxistas y peronistas. Y digo exitoso en términos de organización y articulación de perspectivas ideológicas distintas, a las que luego, en la acción, se agregaría la juventud universitaria, mayoritariamente radical.

Se juntaron en C√≥rdoba el marxista Agust√≠n Tosco, secretario del Sindicato de Luz y Fuerza, y el peronista Elpidio Torres, secretario general del SMATA, que, al mismo tiempo, pertenec√≠an a centrales obreras distintas: el primero formaba parte de la CGT de los argentinos, liderada por Raimundo Ongaro, y el segundo respond√≠a a la CGT ‚Äúlegalista‚ÄĚ, que comandaba Augusto Vandor. Y en ese encuentro, al que luego se sum√≥ otro peronista de la segunda central, Atilio L√≥pez, l√≠der de la UTA, acordaron la acci√≥n conjunta para frenar los abusos policiales y las pol√≠ticas anti-obreras.

Anclajes y sentimientos

Hablando en t√©rminos marxistas, no estamos en una etapa prerrevolucionaria, ni mucho menos. Estamos en una etapa de resistencia al avance de la derecha, una derecha de nuevo tipo, muy bien organizada internacionalmente, aunque no de manera org√°nica, estructurada, como concebimos a una organizaci√≥n desde nuestro sentido com√ļn, que navega entre el siglo 19 y el siglo 20, y a√ļn no percibe el siglo 21.

Ella, la derecha internacionalizada, no sólo percibe el siglo 21, sino que lo viene preparando, paso a paso, desde siempre, como preparó el siglo 19 y el siglo 20, y lo conoce en profundidad, como conoció en profundidad aquellos siglos. Los cuadros políticos de la derecha internacionalizada pueden parecer idiotas, pero son muy inteligentes y creativos. Que los tomemos como idiotas sólo viene a demostrar que nos falta madurar políticamente, que todavía no comprendimos del todo el siglo 19 y por eso estamos anclados ideológicamente allí.

Hoy, más que un fantasma, hay un sentimiento que recorre el mundo: el sentimiento neofascista que proyecta esta derecha internacionalizada. Un fascismo del siglo 21. Ya no corporizado en un líder carismático y perverso, seguido por fanáticos y temerosos. Ya no sistematizado en un Estado totalitario y antidemocrático. Aunque, tal vez, si lo dejamos avanzar, vuelva a adquirir aquellas formas. No lo sabemos. Sólo sabemos que hoy es un sentimiento. Y sabemos también que un sentimiento siempre es más fuerte y duradero que una razón.

Lógica y conducta

El campo de la política, así como todos los campos en que se organizan las relaciones sociales, está subordinado a la lógica del interés. No podemos decir de tal o cual conducta que es buena o es mala. Podemos decir que persigue tales o cuales intereses, lo que implica tales o cuales beneficios probables para tales o cuales sujetos y tales o cuales perjuicios probables para tales o cuales otros sujetos.

Traigamos el ejemplo de la lucha de clases, antip√°tica y disolvente, como la juzga nuestro colonizado ‚Äúsentido com√ļn‚ÄĚ. Pero es tan s√≥lo un conflicto, abierto, encubierto o latente, como todo conflicto. Y su fundamento es la puja de intereses antag√≥nicos (materiales y/o ideol√≥gicos), como lo es en todo conflicto. As√≠ de simple

En estos conflictos (necesarios e ineludibles) solemos tomar posici√≥n a favor de unos u otros, seg√ļn nuestros propios intereses (pol√≠ticos, econ√≥micos, ideol√≥gicos, etc.), aunque lo admitimos muy poco y lo enmascaramos tras la l√≥gica de ‚Äúlo bueno‚ÄĚ y de ‚Äúlo malo‚ÄĚ. Ocurre que ‚Äúlo bueno‚ÄĚ y ‚Äúlo malo‚ÄĚ pertenecen al campo de la moral, no al campo de la pol√≠tica, y, en todo caso, quien quiera utilizar esa l√≥gica podr√° hacerlo una vez agotada la l√≥gica anterior.

Izquierdas y derechas

Hace alg√ļn tiempo, Cristina Fern√°ndez afirm√≥ que ‚Äúizquierda‚ÄĚ y ‚Äúderecha‚ÄĚ son categor√≠as perimidas. Y ella es la l√≠der indiscutible del espacio pol√≠tico al que adherimos. Sin embargo, seguimos considerando que somos mujeres y hombres de izquierda. No comulgamos con la idea de que izquierdas y derechas sean categor√≠as perimidas.

Por supuesto que se las puede re significar. La misma Cristina lo hizo hace muy poco tiempo, desde Cuba. Dijo que prefería un capitalismo productivo (no financiero), pero conducido por el Estado y no por el Mercado. Puso a China como ejemplo. Ambos países, cada uno a su manera, son socialistas.

As√≠ las cosas, seguimos sosteniendo que la √ļnica alternativa al capitalismo (derecha) es el socialismo (izquierda), pero que, por ahora, no es posible esa construcci√≥n pol√≠tica (por factores subjetivos, fundamentalmente), lo que no significa que haya que abandonarla como objetivo. Entre tanto y hasta tanto, nos resistimos a ser simples ‚Äútestimoniantes‚ÄĚ. Preferimos tomar las riendas del Estado y desde all√≠ promover pol√≠ticas p√ļblicas que dignifiquen (o que, por lo menos, tiendan a dignificar) nuestra calidad de vida individual y colectiva.

💻Militante de Compromiso y Participaci√≥n (COMPA), en el Frente de Todos.

Ni marxistas ni peronistas podemos abjurar de la política de alianzas que siempre hemos promovido en nuestra historia, ni dejar de lado el análisis puntilloso de la correlación de fuerzas en cada contexto político. Ni marxistas ni peronistas podemos negar que resulta inconcebible, imposible, la pureza ideológica, ética, moral. Y debemos asumir que formar parte de una organización o apoyarla es aceptar esa realidad. Aunque no como límite, sino como punto de partida.

Claro que hay otras interpretaciones posibles, también ellas respetables. Nosotros nos quedamos con esta, que esclarece nuestra conducta y no tiene pretensión de validez universal.

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