noviembre 22, 2017

APUNTES DESORDENADOS CONTRA EL SENTIDO COMÚN

Siempre queda por hacer aquella revolución que no sólo niegue la autoridad, que no sólo cuestione al aparato político, sino que, además, los reemplace.

Por Carlos A. Sortino (*)

La guerra es la continuación de la política por otros medios y su primera víctima es la verdad. Los dos aforismos de “sentido común”, surgidos en diversos tiempos y contextos de las cabezas de distintos intelectuales orgánicos del poder imperial, son habitualmente repetidos por críticos “progresistas”, que los han convertido en un lugar común que justifica la sin razón del crimen y la mentira.

Algo parecido al vernáculo “en algo andaría”: quienes pronuncian esas palabras no tienen la intención fascista del estigma, pero la reproducen por impotencia y la convierten en eje constitutivo de eso que llamamos “sentido común”. Y reproducir la lógica del sentido común es también reproducir el sentido común, en tanto herramienta de dominación ideológica.

APUESTAS. La inclusión y la diversidad -en el marco de la convicción política- hay que saber percibirlas y apreciarlas y darles espacio y alentarlas. Esa es una estrategia militante. Es la que nosotros compartimos. Es la que tratamos de poner en juego. Puede fallar. Claro que sí. Pero nunca seremos ni fundamentalistas ni obsecuentes…

ELECCIONES. Podemos estar atravesados por la misma indignación y compartir los mismos objetivos, aun en espacios políticos distintos. Una cosa es el proyecto político “hacia afuera” y otra cosa el proyecto político “hacia adentro”. Cada organización política tiene sus propias necesidades y expectativas de construcción y rumbo. Coincidir en un proyecto político “hacia afuera” no necesariamente hace confluir a distintos espacios en un solo armado “hacia adentro”. Nada grave. En los espacios legislativos -y, en su caso, en los espacios ejecutivos-, seguramente seremos cooperativos…

PERIODISMOS. El gobierno revolucionario de mayo creó, a través de Mariano Moreno, un periódico oficial para organizar una opinión pública favorable a sus objetivos. Esa es la cuestión. Y sigue siendo así: cada medio, público o privado, es una herramienta política al servicio de determinados intereses; cada periodista, por convicción o por conveniencia, sabe que esa es su tarea. No hay nada de reprochable en todo esto. Lo único reprochable es ocultarlo. Los objetivos políticos de aquella Gaceta de 1810 eran explícitos…

MISERIAS. Algunas personas que por su oficio (periodistas, por ejemplo) no tienen manera de gambetear la política, pero la política les “pega mal” (porque la consideran sucia, corrupta, opresora, etc.), producen algunos trabajos con la pretensión de decir “la verdad”. Hasta allí, todo bien. Incluso, si uno considera que no se trata de “la” verdad, sino de “su” verdad. Incluso, si uno considera que su metodología y el relato consecuente dejan bastante que desear, en materia de intencionalidad (que no es otra cosa que una acción político-ideológica), y, por lo tanto, considerando que sus efectos sociales son perversos. Dejando de lado todo ello (que bien puede ser producto de la subjetividad de uno, es decir, del campo político/ideológico en el que uno se encuentra posicionado), podemos observar que, ese trabajo, esa verdad, terminan siendo utilizadas políticamente, por derecha o por izquierda, independientemente del campo ideológico al que pertenezcan y aunque ellos crean que están por encima de las ideologías. Y su ego acariciado, por izquierdas y/o derechas, sigue creciendo. Y ellos siguen creyendo que están por encima de la sucia política, por encima de las miserias ideológicas. Y, sin embargo, son buenas personas. O, al menos, eso parece…

DEMOCRACIAS. Para los demás, participar sólo significa asistir a reuniones y hacer sentir nuestra voz, salir a la calle a manifestarnos, votar en elecciones, militar en un partido político. Para nosotros, participar significa, además de todo eso, promover la intervención popular en el planteo, discusión, decisión y control de ejecución de las políticas públicas. Imaginate que formás parte de un espacio público en el que podés opinar y discutir con otros sobre cualquier política estatal: una vigente, que quiera modificarse, o una nueva, que quiera implementarse, o una que hayas ideado vos. Imaginate un debate así entre representantes y representados. Imaginate que el resultado es vinculante…

CREENCIAS. Un municipio endeudado como nunca antes, de una provincia endeudada como nunca antes, de un país endeudado como nunca antes, ocasiona despidos, pérdida de poder adquisitivo, inseguridad, enfermedad, caída del nivel educativo, deserción escolar, desindustrialización y otras perversiones, que costarán, otra vez, mucho tiempo y energía revertir. Que no te hagan creer que “lo macro” está desenganchado de “lo micro”. Que no te hagan creer que tu voto es inútil, porque con tu voto estás definiendo quiénes ocuparán los cargos públicos que se ponen en juego en cada elección y qué harán desde esos lugares con “lo macro” y con lo “micro”, es decir qué políticas públicas (“lo macro”) frenarán y/o impulsarán, en consonancia (o no) con la preocupación inmediata del pueblo (“lo micro”).
No te dejes llevar hacia el desierto de la antipolítica, que es el territorio sagrado de estos gobiernos que supimos conseguir y a los que les dimos “gobernabilidad”, es decir, impunidad…

POLÍTICAS. El campo de la política, así como todos los campos en que se organizan las relaciones sociales, está subordinado a la lógica del interés. No podemos decir de tal o cual conducta que es buena o es mala. Podemos decir que persigue tales o cuales intereses, lo que implica tales o cuales beneficios probables para tales o cuales sujetos y tales o cuales perjuicios probables para tales o cuales otros sujetos. En estos conflictos (necesarios e ineludibles) solemos tomar posición a favor de unos u otros, según nuestros propios intereses (políticos, económicos, ideológicos, etc.), aunque lo admitimos muy poco y lo enmascaramos tras la lógica de “lo bueno” y de “lo malo”. Ocurre que “lo bueno” y “lo malo” pertenecen al campo de la moral, no al campo de la política, y, en todo caso, quien quiera utilizar esa lógica podrá hacerlo una vez agotada la lógica anterior…

MILITANCIAS. La militancia consiste en comunicar con eficacia un proyecto político superador al establecido. La militancia también consiste en contener, del modo que sea, a los más vulnerables. La militancia no consiste en reproducir infamias, en alianza con medios mercenarios. Y, mucho menos, cuando esas infamias están dirigidas a nuestros propios compañeros, visualizados como potenciales competidores de un débil liderazgo. Vestir las ropas de los enemigos del pueblo es la estrategia de unos dirigentes asustados y de una militancia confundida…

CANDIDATOS. El candidato, cualquier candidato, no importa cuánto “mida” ni cómo lo “juzguemos”, es una producción colectiva. No podría existir sin los apoyos y los acuerdos de otros (muchos, pocos, “malos”, “buenos”). Si uno no forma parte del trabajo previo a su emergencia o a su mantenimiento, es porque no pudo, no supo, no quiso, intervenir en ese trabajo. Y este “no poder”, “no saber” o “no querer” también es una producción colectiva: nuestra degradada cultura política asume a los candidatos como imposiciones individuales, porque lo colectivo (grande, mediano, pequeño) le resulta inconcebible. Es por eso que “el candidato” resulta lejano, extraño, poco respetable y fácil de dinamitar…

CONVENIENCIAS. “A la gente no le interesa la política”. Seguimos insistiendo con esa cantinela. Como si fuera su culpa. Como si no existiera una manifiesta desigualdad en el reparto de posibilidades de interesarse en lo político. Como si la participación política sólo significara asistir a reuniones y hacer sentir nuestra voz, salir a la calle a manifestarnos, votar en elecciones, militar en un partido político y no, además de todo eso, promover la intervención popular en el planteo, discusión, decisión y control de ejecución de las políticas públicas. Como si fuera posible una democracia sin desmonopolización del poder político. Como si fuera posible una democracia sin distribución igualitaria del acceso a los medios de participación política. “A la gente no le interesa la política” es una sentencia conveniente para quienes saben que sin pueblo no hay política ni democracia, sino sólo dominación…

PROGRESISTAS. Pareciera que la única discursividad política posible hoy es la discursividad política “progresista”. Nadie da un paso al costado. Ni al izquierdo ni al derecho. Los que se atrevan, correrán el riesgo de caer al vacío. “Serás progresista o no serás nada”. Así que la cuestión política central es cómo diferenciarse del otro con tan estrecho margen de maniobra. Pero ser “progresista” es la mejor manera de no ser nada. Y ese es el camino que eligen para llegar, sin asustar a nadie, a la mayoría de la población que vota, dado que estos “progresistas” sostienen que esa es la aspiración dominante de la ciudadanía: no ser nada, es decir, ser tan sólo “progresista”…

GOBIERNOS. No es tan difícil gobernar: sólo se trata de decidir entre quienes se recauda, cuánto y cómo, y entre quienes se distribuye lo recaudado, cuánto y cómo. Luego, sólo se trata de saber cómo se abordarán los conflictos que estas decisiones motivarán. También desde este simple concepto se puede analizar cualquier gobierno…

LÓGICAS. La lógica de acumulación capitalista, en cualquiera de sus vertientes, no sólo consiste en la producción de mercancías (bienes y servicios) para un mercado. Esa lógica incluye las condiciones jurídico-políticas para su libre desarrollo y la proyección social de la creencia según la cual estas condiciones son independientes de aquella producción. Es la lógica de la producción material de un orden social y político, verificable no sólo en los planos internacional y nacional, como habitualmente se hace, sino también en el pequeño universo comunal. Supongo que no hace falta decir que esta lógica implica la previsión de su disfrute para un 20% de la población, como máximo. El resto, a trabajar para ellos y a pelearse entre sí por las sobras. Comprender esta realidad no significa aceptarla como un límite, sino como un punto de partida. Para enfrentarla y transformarla, claro está. Como está claro también que los discursos y los proyectos son letra muerta si no se encarnan en actores sociales que los hagan suyos y estén dispuestos a luchar por su predominio. De allí que ningún proceso político es necesario ni es inevitable, dado que todo proceso político es la expresión de relaciones de poder y no de dinámicas divinas o naturales…

REVOLUCIONES. Siempre queda por hacer aquella revolución que no sólo niegue la autoridad, que no sólo cuestione al aparato político, sino que, además, los reemplace. No hay revolución sin poder instituyente demoliendo al poder instituido. Para que luego, cuando el poder instituyente ya se haya convertido en poder instituido, el proceso de reemplazo comience una vez más…

(*) Referente del Frente de Participación Popular de La Plata

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