octubre 20, 2018

CHILE NECESITA UN PACTO RENOVADO ENTRE EL GOBIERNO, LAS EMPRESAS Y LA SOCIEDAD CIVIL

Santiago, 9 de enero de 2018 –

Chile ha de actualizar su modelo económico con el fin de recoger los frutos de los cambios que tienen lugar a escala global, según la Revisión de la Política de Transformación Productiva (PTPR, por sus siglas en inglés) de Chile, publicada por la OCDE y que hoy se presenta en un acto auspiciado por los Ministerios chilenos de Economía y Relaciones Exteriores, y por la Corporación de Fomento de la Producción de Chile.

El informe PTPR ha sido elaborado por el Centro de Desarrollo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en colaboración con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).

Desde los años 2000 Chile ha disfrutado de un crecimiento mayor y más estable –un promedio anual de 4%- que la mayoría de las demás economías de América latina; esto gracias a su sólida gestión macroeconómica, a la apertura del país a los mercados globales y a la estabilidad de la demanda de materias primas procedente de China.

Según el PTPR, el desempeño económico chileno ha aportado significativos avances. Los niveles de vida han aumentado junto con el acceso a mejores servicios e infraestructuras; y el ingreso promedio en Chile equivale en la actualidad al 40% del estadounidense, cuando en 1990 ese porcentaje era del 26%

Al mismo tiempo, el PTPR advierte de que la baja productividad está frenando el potencial de crecimiento del país. La productividad total de los factores (PTF), que mide la eficiencia de todos los insumos de un proceso de producción y que constituye un buen indicador del dinamismo tecnológico a largo plazo de una economía, permanece estancada desde el comienzo de los años noventa.

Esto se debe principalmente a la minería, un sector cuya PTF ha estado disminuyendo o desde los últimos 25 años a razón de un 4,7% anual. El número de trabajadores por unidad de producción en la minería es tres veces mayor en Chile que en Suecia. Además, en Chile la mayoría de los trabajadores están empleados en actividades de baja productividad.

El informe señala que, a pesar de los avances, la base de conocimiento y aprendizaje de Chile sigue siendo limitada.

Las oportunidades económicas se concentran en un número reducido de actividades, regiones y empresas: la minería representa más del 55% de las exportaciones, y el 40% de los chilenos vive en la Región Metropolitana de Santiago, que genera el 48% del PIB. Estos desequilibrios traban el progreso y limitan la innovación.

Las grandes empresas desempeñan un papel dominante en la economía chilena, pero innovan menos que las de otros países de la OCDE. En concreto, esas empresas representan el 73% del volumen de negocio nacional y el 57% de la inversión total en investigación y desarrollo (I+D), mientras que en Alemania, por ejemplo, dichas empresas aportan la mitad de la facturación comercial y el 85% de la I+D empresarial. La intensidad en I+D de Chile es una de las más bajas de todos los países de la OCDE (0,39% del PIB) y la contribución de su sector privado (que tan sólo representa el 33% del gasto total en I+D) es significativamente inferior a la del promedio de la OCDE, que ronda el 68%.

Al presentar el informe, Mario Pezzini, Director del Centro de Desarrollo de la OCDE y Consejero Especial del Secretario General de la OCDE para el Desarrollo, manifestó lo siguiente: « Chile tiene potencial para sumarse a la próxima revolución de la producción. Ser una economía estable y abierta no bastará, para sostener el desarrollo empresarial y responder a la creciente demanda por parte de los chilenos una sociedad más inclusiva, próspera y respetuosa del medio ambiente. Una mentalidad empresarial favorable a la innovación y políticas específicas que faciliten el desarrollo de las empresas y fomenten el aprendizaje y la innovación serán cruciales para aprovechar la ocasión única que la coyuntura actual brinda a Chile ».

« Se requieren políticas públicas activas para sostener el ciclo expansivo abierto con el repunte del crecimiento latinoamericano. En Chile, destacan los programas estratégicos para la diversificación, así como el apoyo brindado tanto a las industrias tradicionales como a las nuevas y la participación activa de los actores privados en el diseño y la gobernanza de estos programas », señaló Mario Cimoli, Secretario Ejecutivo Adjunto ad ínterim de la CEPAL.

Para aprovechar estas oportunidades, la economía chilena ha de basarse más en el conocimiento y reducir su dependencia de los recursos naturales. Esto exige abordar las brechas de capacidades, infraestructuras, estándares y las presentes en las cadenas de suministro a fin de elevar la productividad y la sostenibilidad ambiental de la minería y otras actividades tradicionales, y fomentar oportunidades en áreas importantes para la competitividad futura, como la energía solar, que tanto potencial encierra para Chile. El PTPR también destaca la necesidad de garantizar una conexión a Internet permanente, fiable y segura, así como de modernizar la capacitación en todos los niveles, desde la formación profesional al postgrado, a fin de dotar a la siguiente generación de trabajadores y directivos de las capacidades que se demandarán en el futuro. Chile puede sacar mayor partido a su apertura comercial reforzando su participación en las cadenas globales de valor y explorando oportunidades más allá de la minería, incluido el sector servicios.

El PTPR apela a la modernización del modelo económico del país a partir de un planteamiento renovado de las relaciones gobierno-empresa-sociedad.

« Encontrar un enfoque adaptado a las circunstancias económicas locales y a las condiciones institucionales será clave para forjar una estrategia industrial que pueda ayudar a Chile a evitar los peligros de una trampa de ingresos medios », dijo Richard Kozul-Wright, director de la División de Globalización y Estrategias de Desarrollo de la UNCTAD.

Para afrontar los desafíos futuros será determinante ir corrigiendo la brecha de capacidades y consolidar el progreso de las consultas estratégicas entre gobierno y empresas. El informe identifica tres factores decisivos para el cambio a largo plazo:

Avanzar en la modernización de las instituciones públicas y la gobernanza para afrontar la mayor complejidad de las funciones que tendrá que desempeñar el gobierno en el futuro.

A tal fin, será fundamental reforzar la coordinación interministerial en materia de innovación y transformación económica y habilitar financiamiento a largo plazo para inversiones estratégicas. Además, será importante consolidar los avances en la articulación de las agendas de producción, inversión extranjera directa, comercio, energía y educación. Habrá también de ampliarse a la sociedad civil, emprendedores, pymes y start-ups la exitosa labor de consulta que el gobierno ya lleva a cabo con las empresas.
Reforzar la capacidad de anticipación al nivel estratégico más alto. Chile carece de un espacio institucional para planificar y diseñar escenarios. Reconstruir esta capacidad contribuiría a lograr el consenso sobre los retos a los que se enfrenta el país en materia de desarrollo (como lograr que su economía sea más ecológica) y a sintonizar intereses en pro del cambio.

Asimismo contribuiría al pleno desarrollo del potencial de iniciativas ya existentes, como la Agenda de Energía 2050 y las hojas de ruta 2030 de programas estratégicos de transformación económica.

Adoptar un enfoque «geolocalizado» en la formulación de políticas.

Chile se beneficiaría de seguir avanzando en su agenda regional para identificar nuevas fuentes de crecimiento que lo hagan más inclusivo. En Chile, los gobiernos regionales carecen de las capacidades de la administración nacional, por lo que será crucial afianzar las capacidades de los gobiernos regionales y locales, así como introducir mecanismos eficaces que permitan transferir recursos entre el gobierno nacional y los regionales.
#PTPRChile

Compartir con: