mayo 22, 2018

El caso de Yanina Farías: presa en Magdalena

Yanina Farías es una mujer de 30 años que padece un retraso madurativo y está detenida en el penal 51 de Magdalena desde hace 8 meses. José Alfredo Leguizamón, el hombre con el que convivía en Moreno, mató a su hija en agosto del año pasado. La fiscalía la culpó de homicidio agravado por el vínculo. Mayra Humerez, su hermana, afirma que es inocente y denuncia las múltiples violencias a las que Yanina fue sometida. Una vez más la justicia patriarcal vulnera todos los derechos de una mujer sin considerar el contexto estructural de violencias en el que estaba inmersa.

Yanina nació hace 30 años con un retraso madurativo. Siempre vivió muy cerca de sus hermanas y su padrastro -al que llama papá- en la localidad de Santa Brígida, Merlo. El año pasado, a pedido de su madre, fue a cuidar una casilla en Cuartel V, Moreno, con su hija Xiomara de 2 años y su hijo Juan Gabriel de 4. En ese lugar también vivía Leguizamón a cambio de realizar unos trabajos.  Fueron 17 días de golpes, violaciones, sometimientos, aislamiento y amenazas. En una oportunidad, una de sus hermanas, Mayra, fue a visitarla y se dio cuenta de que los niños estaban lastimados; le insistió que se fuera de ahí pero, por miedo, Yanina se quedó y no pudo contar nada.

El 6 de agosto del año pasado José Alfredo Leguizamón intentó abusar de ella una vez más. Esa noche Yanina se resistió y el hombre -que no era su pareja sino un conocido de su madre- empezó a golpearla. Su hijo intentó defenderla y fue golpeado de manera brutal. Luego Leguizamón agarró con violencia a Xiomara. Cuando Yanina pudo recuperar la conciencia se dio cuenta de que su nene estaba todo lastimado y que la nena tenía muchas dificultades para respirar y perdía el conocimiento. Leguizamón había abandonado la casa; ella logró escapar y pedir ayuda a un vecino. Con esta familia dejó a refugio a Juan y la llevaron a la salita de la zona con Xiomara.

En la sala de salud fue maltratada, violentada por enfermeras y médicos, inmediatamente separada de su hija y denunciada a la policía. Los agentes la trasladaron a la comisaría 4ª de Cuartel V. Xiomara murió a las pocas horas; Yanina lo supo ocho meses después cuando se lo contaron otras presas dentro del penal de Magdalena. Aún no pudo tramitar el duelo.

Leguizamón fue detenido y acusado de homicidio. Al mismo tiempo, el titular de la Unidad Funcional de Instrucción 4, Gabriel Lorenzo, pidió al Juzgado de Garantías 1 la detención de Yanina, que nunca entendió porque se la llevaban presa. La jueza Adriana Julián ordenó su arresto. El cargo que pesa sobre ella es homicidio agravado por el vínculo. El 2 de marzo el juzgado pidió la elevación a juicio de la causa. La defensora oficial de Yanina, Manuela González, exigió  el cambio de calificación de la causa y su sobreseimiento, pero la sala 3 de la Cámara de Apelación y Garantías en lo Penal de Mercedes confirmó el 28 de marzo la resolución de la jueza. También le fue  negado el pedido de prisión domiciliaria pese a tener dos hijos más y un domicilio legal donde alojarse.

ANDAR entrevistó a Mayra, que está llevando adelante la lucha por conseguir la libertad y absolución de Yanina. Mayra también es víctima de violencias. Ella y 10 hermanos padecieron una infancia y adolescencia llena de apremios económicos y exclusión. Contó que se enteró de los hechos porque su papá la llamó desesperado porque los había leído en el diario. Mientras Yanina estuvo detenida en la comisaría en Moreno y en la comisaría de General Rodríguez, Mayra estuvo en contacto con ella. Un día, sin ningún aviso a sus familiares, le dieron traslado a un penal y perdieron todo contacto. En el juzgado no le daban información y después de seis meses sin saber nada de ella fue a consultar, acompañada por la Red de Mujeres de Moreno, al abogado Alejandro Bois, que redactó un hábeas corpus. Con el papel, fue otra vez al juzgado: no se lo recibieron, pero le informaron que Yanina estaba detenida en el penal 51 de Magdalena.

Cuando Mayra pudo visitar a su hermana la vio golpeada, con las manos lastimadas por quemaduras de cigarrillo. Pudo saber que la habían agarrado varias detenidas para verduguearla, le habían gritado “asesina” y la habían anoticiado de que estaba allí por haber matado a su hija. Recién después de varios meses lograron la intervención de las autoridades del penal para atenuar la violencia contra ella.

A Mayra se le entrecorta la voz cada vez que recuerda que Yanina no pudo estar presente cuando, muchos días después, pudieron dar sepultura a la beba; o cuando describe el estado en el que vio la carita de Juan Gabriel “todo hinchado, no era mi sobrino”, dice. Ella no tuvo coraje para decirle a Yanina cada vez que preguntaba por Xiomara lo que había pasado. “Yo no me animaba a decirle nada por miedo a que se lastime, no pude”, recuerda. El miedo era que Yanina pudiera hacerse daño adentro sola y sin ninguna contención.

Las historias de Yanina González y Celina Benítez son alguna de las causas más emblemáticas donde la justicia patriarcal condenó a las mujeres de ser “malas madres”, de no haber podido resguardar la vida de los hijos, sin considerar que ellas también eran víctimas y fueron sometidas a todo tipo de tortura doméstica. Es el Estado el que debe estar atento y observar el accionar de sus funcionarios públicos sobre todo a la hora de impartir justicia. Para muchos jueces y fiscales las mujeres deben ser  “garantes” pero no contemplan que no tienen ninguna posibilidad real de salvar a sus hijas e hijos porque carecen de los medios incluso para defenderse a sí mismas.

Mayra afirma que mientras convivió con Leguizamón Yanina fue sometida a violaciones, abusos y golpes, lo mismo sus hijos. Antes de ir a Moreno, vivía con su papá, muy cerca de sus hermanas y se encargaba de cuidar a sus hijos y sobrinos. “La defensora oficial no logró que le tomen declaración a Yanina. Hicieron un informe donde dicen que este hombre era su pareja, pero no la dejaron contar lo que ella vivió. Tampoco pidieron testigos que puedan contar quien es ella, que hace y que es una chica muy infantil” y agregó: “es posible que nuestra madre haya hecho algún tipo de trato con Leguizamón y por eso le ordenó a mi hermana que fuera a vivir a esa casa en Cuartel V, a cambio de comida y techo. Una vez ahí ya no pudo escaparse: Leguizamón la mantenía encerrada, sometida, sin dinero y con miedo”.

Según la fiscalía, Yanina “debió velar por la integridad de su hija, y representándose que, con su inacción y por la violencia inusitada puesta de manifiesto a través de las lesiones que se ocasionaren, provocara el desenlace irremediable de la muerte de su propia hija”. El Observatorio de Violencia de Género de la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires revisa las causas de detención de mujeres en los penales bonaerenses. Según el informe publicado en 2017, el 2,9% de las internas están detenidas por delitos cometidos por quienes eran sus parejas o ex parejas, en los a ellas se las imputa como coautoras o por abandono de persona. Ese porcentaje revela que en los procesos judiciales se invisibilizó el contexto de violencia machista que tuvo a las mujeres como víctimas. Es el caso de Yanina.

La causa tiene fecha probable para juicio oral en noviembre de este año pero aun no tiene asignado el Tribunal. En el mes de abril el abogado Alejandro Bois tomó su defensa. La Red de Mujeres de Moreno conformó un colectivo por la libertad de Yanina Farías que realiza actividades para visibilizar y difundir el caso. “Es urgente la liberación de mi hermana, a ella se le vulneraron todos sus derechos porque es pobre, porque es mujer, porque se les dio la gana. Nosotras no vamos a parar hasta lograr justicia por Xiomara, fue un femicidio y también queremos justicia para Yani. Ella es una víctima de la violencia machista. Necesitamos que todas las redes de mujeres se activen para ayudarla”, concluyó Mayra.

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