abril 23, 2019
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Carlos Sortino: Es el tiempo de las “Alianzas Tácticas”

Entrevista exclusiva con el referente de COMPA

En una entrevista exclusiva para INFOLAPLATA, Carlos Sortino, referente de Compromiso y Participación (COMPA), espacio integrante de Unidad Ciudadana en La Plata, analizó la actualidad política Argentina.

  • ¿Cómo lleva la tensión entre su matriz ideológica de izquierda y su adhesión política al kirchnerismo?

Hay compañeros de izquierda que nos bardean por nuestro público acompañamiento a la organización política que llevó el sello Frente para la Victoria hasta hace unos años, que hoy lleva el sello Unidad Ciudadana y que mañana quién sabe qué sello adoptará. Lo hacen porque conocen mi identidad socialista y no soportan una alianza táctica con un sector del peronismo, que, todos, sabemos, promueve la alianza de clases y no la lucha de clases, bandera histórica de la izquierda “oriunda del marxismo”. Esa es la vieja tercera posición: ni yanquis ni marxistas, pensamiento nacional vs. pensamiento colonial, burguesía nacional en alianza con el movimiento obrero organizado, etc. Será cuestión de seguir discutiendo cuál es el verdadero conflicto. Pero, mientras tanto, hay que juntarse para desbancar a quienes están destruyendo nuestra vida y las vidas de nuestros hijos.

  • Lo último que dice evidencia un pragmatismo no muy común en la izquierda…

Ni Marx ni Lenin ni Guevara despreciaron jamás la democracia burguesa. Alentaron siempre la participación electoral y aconsejaron no soslayar las “alianzas tácticas” con la burguesía, mientras la revolución socialista estuviese fuera de alcance. Ello significa que consideraban a la democracia burguesa como un medio y no como un fin. Los fracasos de esta estrategia tienen que ver con algunas inconsistencias ideológicas propias, que favorecen la práctica de la traición permanente. Tampoco Gramsci desdeñó la democracia representativa en aquellos términos y fue diputado en pleno régimen fascista, cuyo advenimiento advirtió muchos años antes y lo gritó desde las páginas del periódico L’Ordine Nuovo en su primer número, el 1° de mayo de 1919: ‎”Instrúyanse, porque necesitaremos de toda nuestra inteligencia; conmuévanse, porque necesitaremos de todo nuestro entusiasmo; organícense, porque necesitaremos de toda nuestra fuerza”. Mucha bola no le dieron, porque no sólo apareció un tal Mussolini, sino que, además, el régimen fascista que había anunciado lo metió en la cárcel hasta seis días antes de su muerte.

  • O sea que estamos lejos de una revolución socialista…

Hablando en términos marxistas, no estamos en una etapa prerrevolucionaria, ni mucho menos. Estamos en una etapa de resistencia al avance de la derecha, una derecha de nuevo tipo, muy bien organizada internacionalmente, aunque no de manera orgánica, estructurada, como concebimos a una organización desde nuestro sentido común, que navega entre el siglo 19 y el siglo 20, y aún no percibe el siglo 21. Ella, la derecha internacionalizada, no sólo percibe el siglo 21, sino que lo viene preparando, paso a paso, desde siempre, como preparó el siglo 19 y el siglo 20, y lo conoce en profundidad, como conoció en profundidad aquellos siglos. Los cuadros políticos de la derecha internacionalizada pueden parecer idiotas, pero son muy inteligentes y creativos. Que los tomemos como idiotas sólo viene a demostrar que nos falta madurar políticamente, que todavía no comprendimos del todo el siglo 19 y por eso estamos anclados ideológicamente allí. Hoy, más que un fantasma, hay un sentimiento que recorre el mundo: el sentimiento fascista que proyecta esta derecha internacionalizada. Un fascismo del siglo 21. Ya no corporizado en un líder carismático y perverso, seguido por fanáticos y temerosos. Ya no sistematizado en un Estado totalitario y antidemocrático. Aunque, tal vez, si lo dejamos avanzar, vuelva a adquirir aquellas formas. No lo sabemos. Sólo sabemos que hoy es un sentimiento. Y sabemos también que un sentimiento siempre es más fuerte y duradero que una razón.

  • Volvamos a esa “alianza táctica” entre socialismo y peronismo. ¿Cuál es el rol de uno y otro?

Quienes no somos peronistas, no discutimos la centralidad política del peronismo en esta etapa; lo que discutimos es su exclusividad política. Es necesario que desde esa centralidad política se convoque al universo “extra peronista”, es decir, a quienes, estando fuera del peronismo, nos sentimos parte del campo nacional y popular y junto a él pretendemos la construcción de una alternativa político-ideológica superadora, que resulte deseable, creíble y posible para la mayoría del pueblo. Ya dije alguna vez que el peronismo es, al mismo tiempo, el problema y la solución. Los que insisten en achacarle sólo una de estas propiedades, no están buceando en su profundidad cultural ni serán efectivos a la hora de organizarse con él (o combatirlo). Pero también los peronistas deben reflexionar sobre esta hipótesis, para poder organizarse con otros y no simplemente “sumarlos”. Desde el campo ideológico marxista, al que pertenezco, pueden desprenderse diversas líneas de acción política, pero todas ellas tienen por objetivo socavar las bases de sustentación del sistema capitalista. Una de ellas es, por ejemplo, la cultura patriarcal, inescindible de la democracia “representativa” y de la economía “de mercado”, dado que actúa como blindaje y fuente de reproducción de un sentido común favorable al poder hegemónico.

  • Hace muy poco tiempo, Cristina Fernández afirmó que “izquierda” y “derecha” son categorías perimidas. Y ella es la líder indiscutible del espacio político al que pertenecés. ¿Cómo explicás eso?

Sigo considerando que soy un hombre de izquierda. No comulgo con la idea de que izquierdas y derechas sean categorías perimidas (por supuesto que se las puede re significar). Sigo sosteniendo que la única alternativa al capitalismo (derecha) es el socialismo (izquierda), pero que, por ahora, no es posible (por factores subjetivos, fundamentalmente) esa construcción política, lo que no significa que haya que abandonarla como objetivo. Entre tanto y hasta tanto, me resisto a ser un simple “testimoniante”. Prefiero tomar las riendas del Estado y desde allí promover políticas públicas que dignifiquen (o, por lo menos, tiendan a dignificar) nuestra calidad de vida individual y colectiva. Si acepto el liderazgo político de Cristina Fernández, no es porque esté en un todo de acuerdo con ella ni con el espacio político que me contiene, sino porque considero que es la única fuerza política que puede desplazar a la derecha gobernante y encarar un gobierno con las características mínimas que ya explicité. Ni marxistas ni peronistas pueden abjurar de la política de alianzas que siempre han promovido en su historia, ni dejar de lado el análisis puntilloso de la correlación de fuerzas en cada contexto político. Ni marxistas ni peronistas pueden negar que la pureza ideológica, ética, moral, es inconcebible, es imposible. Y deben saber que formar parte de una organización o apoyarla es aceptar esa realidad. Pero no como límite, sino como punto de partida.

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