julio 20, 2019
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El trabajo que avisora la OIT para el futuro: de trabajadores con derechos a navegantes de la incertidumbre

REVISIÓN DE EDUCAR, NO LUCRAR

Notas en ocasión de la presentación del Informe “Trabajar por un futuro más prometedor” en la Conferencia Internacional del Trabajo de centenario de la OIT

Un conjunto de ONGs de alto nivel quieren imponer su mirada neoliberal sobre el futuro del trabajo, planteando un retroceso en el seno de la OIT

Ante esta avanzada neoliberal dentro de la OIT, el sector sindical tiene el desafío defender el tripartismo y del diálogo social en el futuro

Durante la Conferencia Internacional del Trabajo del centenario de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se va a conocer el informe “Trabajar por un futuro más prometedor”, elaborado por la Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo (CMFT).

Hay que tener en cuenta que esta Comisión se conformó por invitación del Director General de la OIT. Algunos integrantes de esta Comisión son Sr. Darren Walker, Presidente de la Fundación Ford, Sr. Alain Dehaze, Director General del Grupo Addeco, Sra. Winnie Byanyima, Directora General de Oxfam International y Profesora Claudia Costin, Directora del Centro de Excelencia y Políticas de Innovación Educativa de la Fundación Getulio Vargas y Sr. Richard Samans, Director General y miembro de la Junta Directiva del Foro Económico Mundial, entre otras personas. En ese sentido, el informe no está estrictamente alineado por una mirada tripartita propia de la OIT.

La Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo (CMFT) no es un espacio tripartito, sino que recuerda más a un club de ONG´s de alto nivel.

Este artículo analiza las recomendaciones de la Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo y concluye que estas recomendaciones dejan en evidencia la avanzada de la mirada neoliberal y de desregulación que quiere imponerse en la narrativa sobre el futuro del trabajo, contradiciendo la lógica misma de la OIT.

Además, se hace una comparación entre el informe “Trabajar por un futuro más prometedor” con  el Informe de la OIT “El futuro del trabajo que queremos: un diálogo global” del año 2017, que sí ofrece una mirada sobre el futuro del trabajo centrada en los derechos.

A 100 años de la fundación de la OIT ¿Cambiar el tripartismo por un mundo de ONG´s?

A cien años de defender el multilateralismo y el diálogo tripartito, no es válido que este informe se imponga como la voz del multilateralisto y del gobierno tripartito de la OIT. Especialmente cuando en el año 2017, la OIT elaboró el documento  “El futuro del trabajo que queremos: un diálogo global” (OIT, 2017), que sí ofrece una mirada sobre el futuro del trabajo centrada en los derechos y sí coloca la discusión sobre le futuro del diálogo social, así como en la necesidad de tener políticas públicas de regulación del mercado y de la generación de empleo, haciendo énfasis en la necesidad de gobernar para planificar el empleo mediado por las plataformas virtuales de trabajo.

En el 2019, la Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo, en una mirada expresamente neoliberal, propone que los países se guíen por “un programa centrado en las personas para el futuro del trabajo que fortalezca el contrato social, situando a las personas y el trabajo que realizan en el centro de las políticas económicas y sociales y de la práctica empresarial” (p. 11).

Además, esta Comisión de las ONG´s llama a reconfigurar las instituciones educativas para que respondan a las necesidades del mercado y deja de lado las Normas Internacionales del Trabajo para hablar de una “Garantía Laboral Universal”, relativizando los derechos laborales de las personas vinculadas a plataformas virtuales de empleo. El Informe de la Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo, también deja de lado la discusión sobre el futuro del diálogo social e incluso llama a generar otras estructuras de diálogo, al tiempo que ignora las organizaciones sindicales y coloca como contraparte del sector empleador a “ los lugares de trabajo” (p. 58).

Tanto el enfoque  como las recomendaciones del informe de la CMFT, generan una alerta en torno a la mirada relativista y neoliberal que quiere liderar las dinámicas de la OIT. La postura de la CMFT (repleta de ONG´s, empresas educativas y el Foro Económico Mundial) constituye un retroceso si se compara con el informe “El futuro del trabajo que queremos: un diálogo global” de la OIT, publicado hace apenas 2 años.

En el 2017, la OIT no alzaba la voz para lograr que los “modelos empresariales pueden ajustarse mejor a un programa centrado en las personas” (CMFT, 2019, p. 14) como lo hace la Comisión Mundial en el 2019, sino que exhortaba a los países se hicieran cargo de  orientar las políticas para responder a “la innovación tecnológica, los cambios en la organización del trabajo y de la producción, la globalización, el cambio climático, el entorno normativo, y los cambios demográficos y migratorios” (OIT, 2017, p. 1).

En el 2017, el análisis sobre las plataformas digitales de empleo advertían sobre cómo “la desaparición/invisibilidad del empleador debilita aún más la posición de los sindicatos, quienes pierden a su contraparte” (p. 9) y sobre la consecuente necesidad de que los sindicatos buscaran nuevas formas de proteger todos los derechos de las personas trabajadoras insertas en la economía digital. Es decir, en el 2017 no se habló de limitarse a condiciones mínimas ni a determinados derechos, como se está haciendo en el 2019.

También en el 2017, la OIT reiteraba la tarea de gobernar para intervenir y dirigir esas transformaciones e incluso ya planteaba soluciones como la desaceleración controlada de los procesos de robotización y automatización como estrategias para dar tiempo de insertar a las personas trabajadoras en las nuevas dinámicas de trabajo.

Además, en ese momento se señalaba la importancia de reinvertir los beneficios de la robotización en nuevos procesos de producción (OIT, p. 9). Es decir, en el informe de la OIT de hace apenas 2 años, había un claro llamado a gobernar ese futuro del trabajo mediante políticas públicas y panificación y recordaba que “el futuro del trabajo será forjado con acciones humanas y no simplemente mediante las fuerzas de la tecnología, la globalización u otros factores externos” (OIT, p. 3).

Dos años después, en el informe del 2019, la CMFT opta por aceptar las “vicisitudes del mercado” y “las nuevas fuerzas” como actores anónimos, ingobernables y fuera de todo límite, control o legislación, difuminando un tufillo neoliberal que niega el sentido del tripartismo, de la planificación, de la política pública y de la lógica de un Estado de Derechos que regule el mercado laboral.

A 100 años ¿alejados del enfoque de derechos?

Este informe deja de lado la discusión sobre la defensa -y la profundización- de los derechos laborales  y el la libertad de asociación en las nuevas dinámicas del mercado laboral  y opta por hablar de las personas como individuos que requieren aprendizajes y competencias para  “navegar” a solas las “vicisitudes inherentes a la economía de mercado” (CMFT, p. 58).

El documento carece de una mirada crítica sobre las políticas para la generación de trabajo, así como de una clara posición sobre el trabajo y los avances tecnológicos y digitales y más bien toma el discurso neoliberal de las “nuevas fuerzas” anónimas y aparentemente des-ideologizadas que “están transformando el mundo del trabajo” (p. 10).

En todo el informe se observa una alarmante ausencia de la noción de política pública vinculada a la generación del empleo y a la distribución de renta.

De hecho, el documento acepta con facilidad “el insuficiente crecimiento de la productividad y la distribución desigual de las innovaciones tecnológicas suscitan cada vez más inquietudes” (CMFT, p. 25) sin avanzar en una discusión sobre la urgente re distribución y la fiscalización de la acumulación del capital. Ni siquiera al mencionar los datos relativos a cómo entre “1980 y 2016, el 1% más rico de la población mundial  experimentó un aumento global de los ingresos del 27 por ciento, El crecimiento salarial disminuyó, pasando de un 2,4 por ciento a un 1,8 por ciento entre 2016 y 2017” (CMFT, p. 19). El documento arroja esos datos, sin ampliar la discusión ni vincular las recomendaciones a lograr una disminución de esta obsena acumulación de capital.

Con relación a las nuevas dinámicas de trabajo propias de la era digital, el informe tuvo la oportunidad de plantear propuestas de peso al señalar con claridad la necesidad de una gobernanza mundial para las plataformas digitales del trabajo y el control de los algoritmos de estos ámbitos laborales virtuales. No obstante, el documento se pega un tiro en el pie, pues limita tanto la responsabilidad de las plataformas como la de los clientes a cumplir con “determinados derechos y protecciones mínimas” (CMFT, p. 13).

La Comisión Mundial sobre el Futuro del trabajo llega a relativizar los derechos laborales de modo alarmante e incluso plantea que en el futuro del diálogo tripartito “los interlocutores del mundo del trabajo a que participen en la elaboración de políticas nacionales e internacionales que ayuden a que todo el mundo consiga lo que quiere y lo que necesita del trabajo” (CMFT, p. 25).

En síntesis, 100 años de lucha de defensa de los derechos parecen haberse tratado de una máxima posmoderna de lograr que “cada quien consiga lo que quiere”.

A 100 años ¿cuestionando el valor del tripartismo?

En Informe también opta por dejar de lado las Normas Internacionales del Trabajo (NIT) y más bien plantea la generación de una “Garantía Laboral Universal” (p. 12), dando espacio a las voces y los sectores que quieren socavar y relativizar los derechos conquistados mediante las NIT. No solamente las NIT brillan por su ausencia, sino que en un intento muy mal logrado por ser autocrítico, el Informe termina por justificar las posturas que cuestionan permanentemente la base del tripartismo y la legitimidad de la OIT (p. 61) e incluso relativiza la responsabilidad de los países miembro para con el multilateralismo, argumentando que el modelo tripartito enfrenta dudas sobre “su capacidad para dar respuestas plausibles a los problemas mundiales del presente” y que deberá dar respuestas con tal de “recobrar el apoyo político que necesita para alcanzar todo su potencial (CMFT, p. 61).

El hecho de que este sea esta mirada relativista y neoliberal del futuro del trabajo, la que se impone en ocasión del centenario de la OIT no es un asunto menor.

Este enfoque carece de un contenido verdaderamente tripartito, desarma el sentido del multilateralismo y opta por narrativas evidentemente empresariales que prefieren entender a las personas trabajadoras como individuos y no como clase. No en vano el documento habla de un enfoque “centrado en las personas” y no de políticas centradas en los derechos.

A 100 años ¿prefiriendo los negocios que las políticas públicas?

Además, el informe avanza hacia dos frentes sumamente complejos.

Por un lado, llama a las instituciones de Bretton Woods (Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la entre la Organización Mundial del Comercio) a establecer “relaciones de colaboración más sistémicas y sustantivas” con la OIT. El informe coloca en estas instituciones financieras una buena parte de la tarea de promover mecanismos para el crecimiento económico que promuevan la generación de empleo, tarea que en América Latina las instituciones de Bretton Woods, no solo han dejado sin hacer y de hecho, han entorpecido.

Por otro lado, propone “reconfigurar determinadas” instituciones educativas (sin especificar si son las instituciones técnicas, de nivel superior) o incluso el nivel secundario y también exhorta al establecimiento de sistemas de aprendizajes “eficientes” y “permanentes” (CMFT, p. 31). Pensar en oportunidades de formación a lo largo de la vida no es una propuesta que riña con las banderas del movimiento sindical, el cual ha defendido los estándares de la OIT con relación al derecho a la formación técnica, vocacional y profesional.

El problema yace en que el documento centra la agenda en las competencias para el empleo y restringe los procesos de formación a las habilidades demandadas por el mercado laboral. A la vez, no reitera la importancia que tienen para la productividad y la democracia, los sistemas públicos de educación técnica y superior.

El Observatorio Latinoamericano de Política Educativa de la Internacional de la Educación considera importante además, abrir la discusión sobre el “apoyo financiero” para adquirir estas habilidades (CMFT, p. 31) el cual puede una vez más, tomar la forma de vouchers o subsidios con fondos públicos que financiarían negocios privados de formación por competencias.

A continuacion, se ofrecen algunos extractos literales de ambos informes, con el fin de ayudar a ordenar las ideas sobre las posturas tan ditanciadas que tienen ambos informes.

Tabla 1.
Extractos de dos Informes de la OIT sobre el futuro del Trabajo.
Tema o eje  2017 2019

Reducción de las desigualdades

“Reducir la desigualdad debería constituir el principal objetivo de cualquier política que se elabore en el futuro”. No se encontró ninguna mención
Vigencia de los estándares  “Tanto las políticas e instituciones tradicionales como los mecanismos de fijación de salarios, la negociación colectiva, la regulación del mercado de trabajo, el diálogo social y la protección social siguen teniendo la misma pertinencia”. “Establecer una Garantía Laboral Universal. Todos los trabajadores, con independencia de su acuerdo contractual o situación laboral, deberían disfrutar de derechos fundamentales del trabajo, un «salario vital adecuado»” (p. 12)
“Debería establecerse un sistema de gobernanza internacional de las plataformas digitales del trabajo que exija a estas plataformas (y a sus clientes) que respeten determinados de- rechos y protecciones mínimas” (p. 13)
Exhortamos a que se adopte un nuevo enfoque que sitúe a las personas y el trabajo que hacen en el núcleo de la política social y eco- nómica y de la práctica empresarial: un programa centrado en las personas para el futuro del trabajo (p. 25)
Gobernar para la distribución de la renta

“Es probable que los cambios en el mercado de trabajo incrementen las desigualdades en el futuro cercano. Asimismo, es posible que el ritmo de robotización se acelere, pues su tasa de rendimiento aumentará. En lugar de reinvertirlos para producir más, se financiarizan los beneficios. Esto quiere decir que, aunque la automatización genera un excedente de dinero y pese a que este dinero existe en el sistema, no se utiliza para efectos de producción. Se podría controlar físicamente esta situación para resolver desigualdades y aumentar la producción. Las políticas de redistribución aplicadas en países de América Latina (por ejemplo, en el Brasil) han logrado redistribuir el ingreso de la clase capitalista hacia los trabajadores” (p. 9).

“El reparto de utilidades y los esquemas de propiedad colectiva de los trabajadores también podrían constituir medidas eficaces de redistribución del crecimiento de la productividad. Los esquemas de reparto de utilidades evitan enfrentamientos entre la mano de obra y el capital y podrían generar beneficios para los trabajadores y los empleadores.

“Nuevos poderes están transformando el mundo del trabajo.   Llevar a cabo nuestro programa para la creación de trabajo decente se ha convertido hoy en una tarea simplemente más ardua” (p. 3)
“Es previsible que la creciente población de jóvenes en algunas regiones exacerbe el desempleo juvenil y las presiones migratorias (p. 18).
“Incrementar las inversiones en las instituciones, las políticas y las estrategias que presten apoyo a las personas a lo largo de las transiciones que entraña el futuro del trabajo. Los jóvenes necesitarán ayuda para navegar por las cada vez mayores dificultades que entraña la transición de la escuela al trabajo”.
Derechos laborales en la era digital

“Aunque la tecnología sea endógena a nuestras sociedades, podemos ejercer un control colectivo sobre su aplicación. Para ello, es necesario aplicar soluciones internacionales que armonicen el proceso de adaptación al futuro del trabajo. No podemos «dejar que el mercado se ocupe de ello». Esto significa que nuestra sociedad requerirá algún tipo de gobernanza global que vigile el proceso. En este contexto, los gobiernos y las instituciones tendrán un papel más relevante a medida que exploremos el camino a seguir” (p. 6).

Incluso en un escenario en el que la innovación y la automatización reemplazaran o crearan suficientes empleos,
Así pues, para mantener un nivel pleno de empleo con menos horas de trabajo es necesario intervenir en el mercado hasta cierto punto” (p. 6).

“…reducir el ritmo de la automatización para que la mano de obra tenga más tiempo de adaptarse a esta situación” (p. 6).

“Es preciso que evalúe sus normas y se asegure de que están actualizadas, son pertinentes y están sujetas a un control adecuado. Sobre todo, consideramos que la OIT cumple una función estratégica en la mejora de la comprensión de cómo los procesos de digitalización y automatización siguen afectando al mundo del trabajo, con el fin de controlarlos en beneficio de todos. Esto incluye una evaluación de los efectos de las nuevas tecnologías en el diseño del puesto de trabajo y en el bienestar del trabajador” (p. 60).
Tiempo de trabajo En este contexto, las horas de trabajo no constituyen un indicador de lo que desean los trabajadores, sino una manifestación de la dinámica estructural de poder inherente al mercado de trabajo. Si bien los sindicatos y los gobiernos tenían cierto poder respecto de estas cuestiones hace cuarenta años, ese control se ha mermado debido al desmantelamiento de los sindicatos, la liberalización, la financiarización y la globalización. Ampliar la soberanía sobre el tiempo. Los trabajadores necesitan una mayor autonomía sobre su tiempo de trabajo, sin dejar de sa- tisfacer las necesidades de la empresa. Aprovechar la tecnología para ampliar las oportunidades y conciliar la vida profesional con la vida personal puede ayudarles a alcanzar este objetivo y encarar las presiones derivadas de la difuminación de la línea divisoria entre el tiempo de trabajo y el tiempo privado. Será preciso perseverar en los esfuerzos encaminados a aplicar límites máximos al tiempo de trabajo además de medidas para mejorar la productividad, así como un mínimo de horas de trabajo garantizadas que genere opciones reales de flexibilidad y control sobre los horarios de trabajo.
Sindicatos y libre asociación “Pese a que suelen enfrentarse a un entorno hostil, los sindicatos ya han empezado a organizar a los trabajadores que forman parte de las cadenas mundiales de suministro, a los trabajadores por cuenta propia y a aquellos que trabajan en la economía digital (por ejemplo, en el sector de los medios de comunicación). Además, constituyen aún la voz más importante de los trabajadores. Por ello, debilitar el poder de los sindicatos podría tener consecuencias económicas, sociales y políticas negativas para los trabajadores y para la sociedad en general”.

Promover activamente la representación colectiva de los trabajadores y de los empleadores, así como el diálogo social, mediante políticas públicas (p. 55) .

“…quienes se ven a sí mismos como ganadores en el futuro del trabajo y aquellos otros, más numerosos, que temen no poder evitar ser los perdedores “

Recomendamos que todos los países establezcan estrategias nacionales sobre el futuro del trabajo, confiando para su desarrollo en las instituciones de diálogo social existentes o, cuando sea necesario, creando otras nuevas. Estas estrategias deberían poner en práctica las recomendaciones que formulamos en el presente informe, con arreglo a las circunstancias específicas de cada país. Lograr un diálogo inclusivo significa atender, por un lado, a las diversas realidades de las empresas, los lugares de trabajo y las comunidades locales y, por otra, cruzar fronteras para reflejar las dimensiones internacionales de los debates y las ventajas del intercambio fecundo de ideas (p. 58).

Al tiempo que el debate sobre el futuro del trabajo ha adquirido protagonismo, el sistema multilateral se ve seriamente cuestionado en su efectividad y legitimidad. Esta coincidencia no es fruto del azar. El multilateralismo se encuentra bajo presión debido precisamente a las dudas que se han despertado sobre su capacidad para dar respuestas plausibles a los problemas mundiales del presente. Si se demuestra que el sistema, de forma conjunta y plenamente cohesionada, es capaz de ofrecer esas respuestas, se habrá logrado mucho para recobrar el apoyo político que necesita para alcanzar todo su potencial (p. 61).

Formación de la fuerza de trabajo

El cambio tecnológico perturbará el mercado de trabajo y modificará los tipos de empleos disponibles, así como las maneras en que se llevan a cabo.

Habida cuenta del ritmo de la innovación y del cambio tecnológico, la educación superior debe ser innovadora. Hay más necesidad de estudios en artes liberales que de formaciones profesionales.

Es necesario que las universidades y las instituciones de formación técnica y profesional se adapten continuamente a la naturaleza cambiante de los empleos, y que formen un capital humano que permita a los trabajadores del futuro mantener su pertinencia en el mercado de trabajo y ser lo suficientemente flexible para adaptarse a la cambiante situación de empleo (p. 12).

“sistemas de formación profesional y las competencias en CTIM pueden ayudar a colmar la demanda futura y a obtener un mayor acceso a los centros de innovación” (p. 12).

Los proveedores de educación deben mantener el paso, innovar y reorientar su oferta para ofrecer a los estudiantes y a los trabajadores competencias interpersonales (por ejemplo, competencias sociales y comunicativas, creatividad y trabajo en equipo), empresariales y administrativas que resulten más difíciles de automatizar y brinden a los trabajadores la flexibilidad de transitar de un trabajo a otro. En este sentido, también es necesario que los estudiantes y los trabajadores adquieran competencias en tecnologías de la información, informática y programación, pues la interacción con las máquinas se convertirá en un denominador común.

Formar a las personas en artes liberales (Gramática, dialéctica, retórica, música, aritmética, geometría y astronomía) y no en oficios o carreras”

El derecho a un aprendizaje a lo largo de la vida que permita a las personas adquirir competencias, perfeccionarlas y reciclarse profesionalmente. El aprendizaje permanente engloba el aprendizaje formal e informal desde la primera infancia y toda la educación básica hasta el aprendizaje en la vida adulta. Los gobiernos, los trabajadores y los empleadores, así como las instituciones educativas, tienen responsabilidades complementarias a la hora de generar un ecosistema de aprendizaje a lo largo de la vida que sea efectivo y cuente con la financiación adecuada.

El aprendizaje permanente no abarca solamente las competencias necesarias para trabajar, sino que también comprende el desarrollo de las aptitudes necesarias para participar en una sociedad democrática. Ofrece a los jóvenes y los desempleados una vía de inclusión en los mercados laborales. También tiene potencial transformador:  la inversión en el aprendizaje a una edad temprana facilita el aprendizaje en etapas posteriores de la vida y, a su vez, está vinculado con la movilidad social intergeneracional, lo que amplía las opciones de las generaciones futuras (p. 30).

“Para que el aprendizaje permanente sea un derecho, los gobiernos tendrán que ampliar y reconfigurar determinadas instituciones como las políticas de desarrollo de competencias, los servicios de empleo y los sistemas de formación para que ofrezcan a los trabajadores el tiempo y el apoyo financiero que necesitan para aprender.

Las tecnologías digitales abren nuevas posibilidades para una amplia participación en la formación, así como la posibilidad de superar las limitaciones de tiempo y recursos a través de vías de aprendizaje flexibles y más cortas. Es necesario velar por su calidad. Así debe ser en el contexto del acceso a una educación universal de calidad, impartida por docentes bien formados y bien remunerados, cuyas competencias, conocimientos y enseñanzas no pueden ser sustituidos por la tecnología.

 

Es importante prestar atención a las voces que ya la OIT ha levantado anteriormente sobre el futuro del trabajo y fortalecer ese contenido que sí está centrado en los derechos y en el valor del tripartismo.

La disputa que se plantea es la de la defensa del tripartismo y del multilateralismo y del diálogo social en el futuro.

Fuentes

Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo (2019). Informe 2019 “Trabajar por un futuro más prometedor”. Tomado de https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—dgreports/—cabinet/documents/publication/wcms_662442.pdf

OIT (2017)  El futuro del trabajo que queremos: un diálogo global.
Tomado de https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—dgreports/—cabinet/documents/publication/wcms_570288.pdf

Bretton Woods Project (2019) What are the Bretton Woods Institutions? Tomado de https://www.brettonwoodsproject.org/2019/01/art-320747/

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