octubre 14, 2019
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Los concejales se toman su tiempo

Por Carlos A. Sortino (*)

Vuelve a discutirse en el Concejo Deliberante si sus sesiones deben ser quincenales o semanales.

La cuestión fue planteada por Florencia Rollié, concejala de Cambiemos, una de las únicas dos (la otra fue Victoria Tolosa Paz, de Unidad Ciudadana) que el 19 de diciembre de 2018 votaron en contra de que las sesiones dejen de ser semanales para ser quincenales, algo que a ninguna de las distintas conformaciones políticas del área legislativa platense se le ocurrió plantear desde el 10 de diciembre de 1983.

Teorías

En el Concejo Deliberante, como en cualquier ámbito legislativo nacional o provincial, existen comisiones temáticas de trabajo, todas ellas conducidas por el oficialismo, por el simple hecho de ser mayoría (por número propio o por alianzas “tácticas”), más allá de quién ocupe la presidencia de cada una. Este trabajo en comisión es, o debería ser, el más importante del parlamento municipal, porque es en cada comisión temática donde los concejales se reúnen a discutir los problemas, a plantear propuestas normativas y a tomar decisiones políticas que tiendan a resolver los primeros y a materializar las segundas.

Se debe decir también que la tarea no sólo incumbe a concejales, dado que las reuniones de comisión son públicas, lo que significa que cualquiera del pueblo puede asistir a ellas y hacerse oír, sobre todo cuando está afectado por la problemática que se pone sobre la mesa o cuando es protagonista de una propuesta normativa. Claro que esto ocurre muy poco, casi nada, y no por una desafección colectiva por la cosa pública, sino por una histórica “escasez de energía” en la convocatoria.

Así las cosas, la sesión del Concejo Deliberante vendría a ser, simplemente, el punto final, el “broche político”, de este trabajo, que, si es potente, necesita una periodicidad semanal. Pero como no lo es, resulta lógica su flexibilización. Y si estamos diciendo que ese trabajo no es potente, debemos explicar por qué.

Prácticas

Cada expediente ingresa formalmente por mesa de entradas y desde allí es derivado a la comisión pertinente. Se debe decir también que cualquiera del pueblo puede presentar anteproyectos por esta vía y que, aunque aquella “escasez de energía” también es fácilmente comprobable, esta práctica es bastante utilizada.

Una vez ingresado a comisión, la práctica de los nuevos tiempos, por aquella conducción mayoritaria que apuntamos líneas arriba, ha establecido que cada expediente sea remitido al área pertinente del Departamento Ejecutivo, a la manera de un pedido de informes, para que se la analice y se responda su factibilidad o para que se diga si esa problemática ya está siendo abordada. Lo que sucede, en casi todos los casos, es que esos pedidos de informes casi nunca son respondidos y las respuestas que llegan tardan meses.

Cierto es que hay concejales que plantean sus quejas por este procedimiento e intentan un cambio, pero son minoría. La mayoría oficialista y sus “aliados tácticos” han aceptado convertir al Concejo Deliberante en una ventanilla de propuestas y reclamos del Departamento Ejecutivo, que, por supuesto, sólo atiende lo que le conviene atender.

Sueños

Sería mucho más expeditivo que los concejales hicieran el trabajo para el que fueron elegidos por el pueblo, esto es, legislar lo que crean conveniente legislar y controlar lo que crean conveniente controlar. Y para ello, cada expediente debería ser abordado en comisión para darle su cauce “natural”: el debate, primero, y su remisión a la sesión del cuerpo, luego, para que se vote.

Después de todo, el reclamo que no sea pertinente (una Resolución, por ejemplo) será archivado por el Ejecutivo, que, a su vez, tendrá que explicar el por qué del archivo. Y la propuesta que no se acomode políticamente a las necesidades y expectativas de la intendencia (una Ordenanza, por ejemplo), simplemente no se activará o, directamente, se vetará, con las debidas explicaciones. Se ganaría de este modo en agilidad y transparencia, que es lo que discursivamente propone el gobierno municipal (en armonía, tanto en la teoría como en la práctica, con los gobiernos nacional y provincial).

Esta descripción práctica es una de las derivaciones del concepto teórico de representación política que venimos sosteniendo desde hace mucho tiempo: sólo se comprende hoy, mayoritariamente, como un sistema de principios y prácticas de designación de autoridades ejecutivas y legislativas, como una delegación del poder y la responsabilidad del pueblo en unos cuantos actores (ver nuestro artículo “Gobierno Participado. Un horizonte de inclusión política”: https://infolaplata.com/2018/07/gobierno-participado-un-horizonte-de-inclusion-politica/).

Y toda delegación de poder en unos cuantos representantes lleva inevitablemente a la creación de una élite que lo ejerce frente a la mayoría de los ciudadanos: el representante (incluso, si es honesto) se apropia de las necesidades y expectativas del representado y en esa apropiación decide qué hacer con ellas, cómo y cuándo (ver nuestro artículo “Prácticas políticas, motivaciones ideológicas”: https://infolaplata.com/2019/05/practicas-politicas-motivaciones-ideologicas/).

(*) Referente de la Agrupación Municipal Compromiso y Participación (COMPA)

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