septiembre 23, 2019
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Polémico pabellón de la Argentina en la 58° edición Bienal de Arte en Venecia

El crítico y curador independiente Ralph Rugoff ha elegido para esta edición el tema “May you live in interesting times” (“Ojalá vivas en tiempos interesantes”), frase que Robert F. Kennedy pronunció en su viaje a Sudáfrica en 1966.

En la imagen, que ilustra esta nota, vista general de la escultura ‘Building Bridges’, del artista italiano Lorenzo Quinn, que muestra seis pares de manos arqueadas que crean un puente sobre un canal veneciano en el antiguo astillero Arsenale.

Recorrimos la Bienal por sus dos pabellones: Giardini y Arsenale. En el segundo se encuentra el pabellón argentino.(el mismo tamaño que el de China y Emiratos Arabes).

Igual que en la edición anterior todo el mismo está ocupado por una sola expositora. O mejor dicho desperdiciado.

Se trata de Mariana Telleria proveniente de la provincia de Santa Fé, con una propuesta que denominó: “El nombre de un país”, no se advierte, ni por asomo, el vínculo entre la propuesta y la obra.

El mismo título usado con anterioridad en otra exposición hace diez años Galería Sendrós (de carácter privado sin acceso al público, donde también expone Gimena Macri hija del actual presidente).

Se trata de siete esculturas de un alto de cinco metros, un grueso tronco que sostiene cada columna compuestas, todas ellas, con capós, puertas, jaulas antivuelco, tazas y focos de automóvil. Asimismo con vinilos de colores.

En todas se ven las iniciales de la artista MT en distintas formas y todas ellas invertidas. Suponiendo que no es otra cosa que su egocentrismo autocensurado, basado en su intención de no exhibirlo. Olvidaba que también las componen algunos pedazos de marcos de cuadros representando sus iniciales, no cruces, también, conclusión a la que arribo por su sentimiento ateo. Por la suma oscuridad ambiente no se puede apreciar bien las obras y tampoco pudimos satisfacer la propuesta de la curadora “de mirar en lo alto como en las Iglesias” por la misma razón. Se dijo que había espejos, pero no pude verlos.

Para evaluar toda obra de arte, no hace falta ser un experto para advertirlo, se requiere una buena iluminación, con el fin de enriquecerla. Pues en este caso apenas se ve medio metro desde el suelo y muy poco hacia la parte superior. Ello impide ver con tan poca luz y mucho menos fotografiar. Motivo por el cual no se acompaña una ilustración. No se advierte razón para tanta penumbra.

Resta decir que la autora eligió sus materiales (grandes y pesados acá) y debieron ser trasladadas, suponiendo que a muy alto costo y quea modo de un bestiario punk frankensteineano, se presenta como el soporte de intuitivas transformaciones sobre las cosas, como un archivo de sentidos desacralizados, donde las formas deconstruidas comparten con los objetos producidos por la cultura popular, la moda, los desechos, el espectáculo y la naturaleza, una misma jerarquía horizontal”. (Información para la Prensa n°181/19 de Cancillería)

Su curadora Florencia Battiti escribió en un folleto que debimos tomarlo, ya que no había persona alguna en el pabellón. Con elevado profesionalismo se ha tenido que esforzar mucho para poder cumplir con su tarea. En el inicio del mismo se expone un pensamiento sobre la poesía, de una escritora y guionista de novelas de televisión, que, pese a mis esfuerzos, no pude descifrar el por qué fue incluido. Insiste, entonces la curadora, que intuye que la autora ha encarado sus esculturas como poemas. Dando lugar a tener por sentado que es lo mismo la poesía que la escultura y viceversa.

Expresa textualmente en su comentario: …”En su producción se destacan de inmediato una notable versatilidad escultórico-instalativa, una especial atención a las cualidades sensoriales de las formas y un oscilar desenfadado entre una objetividad sucia y de cirujeo y la impecabilidad de una obra de factura muy cuidada. Hay en sus trabajos un denodado afán por hacer estallar el lugar común, por deshabituar la mirada de la funcionalidad de los objetos, por arrancarles sus secretos y hacerlos hablar un lenguaje desconocido. Y claro, al deshabituar los usos se deshabitúan también las significaciones, se derrumba el orden establecido y aparece lo poético (y lo político) de su trabajo. Cómo no ver un chispazo poético-político en esa cama matrimonial que bajo los efectos de una “operación Tellería” se convierte en un arma de guerra?” Puedo interpretar que lo que quiso decir la curadora que Telleria produjo un terremoto y que no dejó piedra sobre piedra?

Por primera vez el Ministerio de Cultura no intervino en el armado del evento. Fue el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto que seleccionó un jurado de notables con la participación de observadores del ámbito del arte, –se dijo– y llevó a un largo cabildeo final. (Según la RAE cabildeo significa intrigar). El director de Asuntos Culturales de la Cancillería, Sergio Baur, un conocedor del campo del arte, observó: “Un dato que el jurado tuvo muy en cuenta fue el hecho de que Tellería llegara con un proyecto muy acabado”.

Fue seleccionada entre 68 participantes (no se sabe sus nombres) tampoco si hubo posibilidad de hacer impugnaciones.

Durante el acto inaugural la Cancillería Argentina condecoró al Presidente de la Bienal de Venecia, Paolo Baratta con la Orden del Libertador San Martín en el grado de gran Oficial. Señalándose su intervención para que tuviéramos nuestro propio pabellón. Aunque en la pasada Bienal de 2017, ya lo teníamos.

En resumen y en mi modesta opinión (soy conservador) debió canalizarse como siempre se hizo y tal vez, intuyo, que el resultado pudo haber sido mucho mejor.

Luis Augusto Raffo

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