octubre 18, 2019
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EL PROBLEMA ES LA RIQUEZA…

Por Carlos A. Sortino (*)

Producimos alimentos para 400 millones de personas. Supongamos que el Estado toma la decisión de alimentar, sin costo para ella, a la población cuyo ingreso no supere la “línea de pobreza”, para que el hambre y sus efectos sociales se terminen en la República Argentina. 

Establezcamos en 40% el total de esta población, es decir, unas 17 millones de personas. Ello significa que el Estado sólo necesita apropiarse de un 5% de aquella producción, lo que no parece un daño considerable para la rentabilidad empresaria.

Pero si eso ocurre, lo dañoso para los políticos pro-sistema y sus socios empresarios es que se les podrían escurrir como agua entre las manos el poder y el lucro, sus necesidades básicas por demás satisfechas.

Porque es altamente probable que un pueblo sin hambre no tenga que mendigar trabajo al precio de su esclavitud y, por lo tanto, pueda elevar inmediatamente a condiciones de dignidad y justicia el trabajo de todos.

Porque es altamente probable que un pueblo sin hambre aleje las enfermedades, con lo que rebajaría drásticamente el presupuesto en salud pública y, por lo tanto, lo transformaría en un servicio por demás eficiente. 

Porque es altamente probable que un pueblo sin hambre corte todo riesgo de conflicto social, con lo que reduciría notablemente el presupuesto en seguridad y justicia y, por lo tanto, los transformaría en servicios democráticos y populares. 

Porque es altamente probable que un pueblo sin hambre disminuya marcadamente el presupuesto en acción social y, por lo tanto, pueda derivar ese dinero, sumado con los ahorros anteriores, al presupuesto en educación y ciencia, multiplicándolo para transformarlo en el fundamento de un país libre.

Porque es altamente probable que un pueblo sin hambre pueda pensar, pueda dialogar, pueda reflexionar, pueda organizarse para la producción económica, pero también para la producción simbólica y para la acción política. 

Porque es altamente probable que un pueblo sin hambre sepa gobernarse a sí mismo y llegue a la conclusión de que no es posible alterar la distribución de la riqueza sin alterar su modo de producción.

(*) Referente de la Agrupación Municipal Compromiso y Participación (COMPA), en el Frente de Todos

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