noviembre 21, 2019
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MALVINAS: IMÁGENES DE UN “SENTIMIENTO SOBERANO”

A partir de este viernes el Salón de los Pasos Perdidos de la Legislatura provincial alberga la muestra fotográfica “Sentimiento Soberano”, que llega a la Cámara de Diputados por iniciativa de la diputada Carolina Píparo. Coordinada por la Casa del Ex Soldado Combatiente de Malvinas (CEMA).

La exhibición está compuesta por decenas de imágenes tomadas en las Islas Malvinas por ex combatientes, estudiantes y familiares de soldados caídos en combate que viajaron a conocer el territorio insular en diferentes oportunidades.

La muestra refleja las visitas a través de la mirada de los propios protagonistas. Se trata de una propuesta que conjuga imágenes personales pero también importantes registros documentales. Sus autores estuvieron ahí por diferentes motivos pero aprovecharon para intervenir en el territorio, lo hicieron parte, lo hicieron propio, dejaron marcas en su paso por las Islas, marcas de soberanía.

El CEMA es una organización de ex combatientes de La Plata que se juntaron para difundir la causa Malvinas, homenajear a los caídos, acompañar a las familias y acompañarse, por qué no, entre ellos mismos. Hoy la encabeza Antonio Jorge Reda, un platense que a los 19 años hacía la conscripción cuando, a pocos días de iniciada la guerra, fue convocado al frente. Durante un ataque británico fue herido en una pierna y llegó a Puerto Argentino a pie, solo y recorriendo diez kilómetros entre las montañas. Desde allí fue devuelto al continente en medio de un ataque de artillería. Hoy se considera un privilegiado porque tuvo familia, amigos, salud, trabajo y pudo procesar las heridas. Y también se siente en deuda.

“Para nosotros todo fue culpa” asegura. “Vos volvés vivo y el otro está muerto. Después estás acá y tu compañero se suicida y vos no… Sos un afortunado. Estás vivo y el otro también, pero le falta un brazo o tiene problemas muy grandes sociales, de drogas, de alcohol, diez mil formas que cada uno encontró para canalizar…  entonces los que vamos quedando bien en el camino tenemos la obligación de hacer estas cosas. Simplemente para que se entienda”.

Antonio, o Toni, hace casi 20 años que va a las escuelas. Antes no. Cuando volvió de las islas creyó que ya estaba, que ya había pasado. “Pero no, no pasa” dirá más tarde. Entonces se dedicó a trabajar. Primero como maquinista en el ferrocarril, hasta que el desguace de los ´90 lo dejó en la calle, y luego en una empresa en un cargo importante. Hasta que un día se desmayó. “Un estresazo. Ahí dije basta, se acabó. Renuncié, me fui. No sabía qué hacer pero tuve tiempo para pensar, y cuando vos pensás empiezan a aparecer tus deudas, tu historia. Ahí me dije ‘yo por Malvinas nunca hice nada’, entonces me acerqué a mis compañeros y empecé a participar de las charlas de las escuelas”. Esas charlas, de las que a veces participan también los familiares de los caídos despiertan la curiosidad, movilizan e interpelan a los participantes que pueden identificarse con esos chicos de la guerra que tenían apenas un par de años más que ellos ahora. “Para nosotros la escuela es el lugar más fértil que podemos encontrar para dejar un mensaje de paz, de reivindicación, de justicia”, considera.

Antonio asegura que los chicos tienen una mirada más pura, alejada de las disputas ideológicas y partidarias. Quizá por eso entre cuatro o cinco y con sus propios recursos sólo este año llegaron a más de 60 escuelas y 5 mil estudiantes de la región. “Los chicos te hablan de sentimientos. Cuando vos le contás la historia de tu compañero y lo ven en una cruz, se conectan desde otro lado. Un lugar con el que a veces los adultos, por el afán de discutir todo, no conectamos. Los chicos homenajeando a los caídos hicieron un viaje que tal vez los adultos no se animen a hacer”. Es que muchas de las imágenes que se pueden ver fueron tomadas por los pibes y pibas de la Escuela Don Bosco de Ensenada y la 28 de Villa Elisa que laburaron un año para juntar el dinero que les permitiría conocer las Islas y rendir homenaje a los caídos con distintas acciones que se ven reflejadas en algunas de las fotos.

En las imágenes se refleja la mirada de los y las jóvenes y ahí pueden verse, por ejemplo, una chica cruzando a nado el río donde murió el soldado Hornos, llevando el crucifijo de su hermano que necesitaba mojarlo en las aguas que se lo llevaron. Botellas tiradas al mar cargadas de mensajes de niños y niñas de jardines de infantes de la región destinados a las víctimas. El despliegue de una enorme bandera en el Cementerio de Darwin. Abrazos de contención a los familiares que viajaron con ellos, muchas veces por primera vez.

“Estas son marcas que van quedando que para nosotros, son marcas de soberanía. La soberanía para nosotros no tiene dueño, no es de un sector. Y queremos que sea defendida de esta forma. ¿Quién te puede discutir que esta gente siente algo por ese lugar? Para nosotros ésta es la forma” dice señalando las imágenes y subrayando el nombre que lleva la muestra: Sentimiento Soberano. “¿Quién va a discutir la intención de un pibe que siente la necesidad de homenajear a un soldado caído en la guerra? Eso es parte del trabajo. Después de haber vivido una guerra nos parece que ese camino está experimentado, está probado y no sirve. El camino es la política, la paz y los gestos humanos”.

Los viajes son parte de su activismo. El primero lo hizo en 2009, y le hizo “un click”. Luego volvió con su hija, después llevó una escuela, más tarde a un familiar, un amigo, a otra escuela, y así volvió ya nueve veces “empezar a hacer esto, de a uno aunque sea que empecemos a conocer Malvinas. Si las conocés las empezás a cuidar. Cada uno que pisó el lugar hoy las defiende” cuenta. E insiste con el camino de paz, de tender puentes con los isleños. “Ellos le dicen Falklands, nosotros le decimos Malvinas. Para poder saber lo que ellos piensan hay que conocerlos ¿si yo no sé cómo juegan cómo voy a ganarles el partido?”, dice apelando a la metáfora futbolera.

 

“No es fácil” dirá varias veces, mientras habla de posicionamientos ideológicos, pérdidas, abandono, una sociedad que no quiso escuchar durante mucho tiempo, soldados desguarecidos tanto en la guerra como en la posguerra, que no han tenido descanso y siguen vestidos de verde”, familiares de los caídos “que son fantasmas, no existen, fueron completamente olvidados”. Se siente también en un lugar controvertido y cree que es otro el posicionamiento que se espera de un ex combatiente, una postura más radical, pero él está convencido que el camino es la paz. Y seguir volviendo a Malvinas, donde se siente en casa aunque hablen otro idioma. “La culpa no es de los dos mil que viven en las islas. El problema no es con ellos. Ellos son paisanos de un pueblo de nuestra patria que hablan inglés y que no quieren ser argentinos. ¿Cuántos por acá no quieren ser argentinos?, se pregunta.

Sobre la muestra en sí, dirá que “lo que trata de reflejar es que las marcas quedan. En nosotros, en la tierra, en los agujeros de las bombas, están ahí esperando que alguien las muestre, están las municiones, está el cementerio, están las botellitas todavía nadando con los mensajes para los muertos… está todo. Con la vorágine la sociedad no puede ocuparse de esto siempre, pero un ratito, cada tanto tratamos de que lo haga”.

La muestra estará disponible para el público, con entrada libre y gratuita, hasta el 1º de noviembre, de lunes a viernes de 8 a 20 en el Salón de los Pasos Perdidos de la HCD (53 entre 7 y 8).

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