El ministro Javier Rodríguez inauguró la IV edición de Trufar en Espartillar y destacó el avance de la truficultura como una nueva apuesta productiva con alto valor agregado.
La trufa negra, considerada un diamante culinario a nivel mundial, empieza a echar raíces en suelo bonaerense. Este fin de semana, en la localidad de Espartillar, partido de Saavedra, se realizó la IV edición de Trufar, la Fiesta de la Trufa Negra, con un fuerte respaldo institucional del gobierno provincial y la participación de productores, autoridades y chefs de renombre.
El evento fue encabezado por el ministro de Desarrollo Agrario bonaerense, Javier Rodríguez, quien celebró el crecimiento de la diversificación productiva en la provincia. “Hace cinco años parecía impensado hablar de olivos, vinos y trufas en Buenos Aires. Hoy, además de la Ruta del Olivo y el posicionamiento del vino local, podemos decir que también somos una provincia trufera”, sostuvo.
Una fiesta para visibilizar una producción emergente
Trufar combinó actividades técnicas, degustaciones y experiencias gastronómicas con la participación de los reconocidos chefs Lele Cristóbal y Carlos Avalle, quienes ofrecieron una masterclass abierta al público. Además, se llevaron a cabo charlas especializadas, demostraciones de búsqueda de trufas en la plaza y visitas a una trufera en producción.
Uno de los momentos más destacados fue la realización de la primera Mesa Provincial de Truficultores Bonaerenses, donde se debatieron líneas de financiamiento, desafíos tecnológicos y estrategias para consolidar esta actividad. La mesa estuvo presidida por Rodríguez y contó con la participación de representantes municipales, técnicos y referentes del sector.
Un cultivo exclusivo con potencial local
La trufa negra (Tuber melanosporum) es un hongo subterráneo que crece en simbiosis con raíces de especies como el roble o la encina. Su producción requiere condiciones específicas de suelo, tiempo y manejo. En Buenos Aires, particularmente en el municipio de Saavedra, esta actividad dejó de ser experimental para convertirse en una alternativa concreta, con escala creciente y valor comercial.
“El avance del kiwi, el desarrollo de la vitivinicultura y ahora la truficultura muestran que hay un enorme potencial en cultivos antes invisibilizados”, remarcó Rodríguez. “Desde el Ministerio, acompañamos estos procesos con investigación, financiamiento y promoción territorial”.
La cosecha de trufas se realiza en invierno, entre mayo y septiembre, mediante un procedimiento delicado que incluye el uso de perros adiestrados para detectar el aroma del hongo bajo tierra, seguido de una extracción precisa con herramientas específicas para preservar la micorriza.
Innovación con identidad rural
Desde su creación en 2022, Trufar se consolidó como una plataforma para conectar innovación tecnológica, saberes locales y cultura gastronómica. La celebración no solo impulsa el turismo y el desarrollo local, sino que simboliza una nueva etapa para el campo bonaerense.
“La trufa negra ya no es solo patrimonio de Europa”, concluyó Rodríguez. “Desde el corazón productivo de nuestra provincia, estamos construyendo un nuevo emblema de calidad, sustentabilidad e identidad agroalimentaria”.

