La presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y una de las figuras más emblemáticas de la lucha por los derechos humanos en Argentina, , falleció este domingo 14 de junio a los 95 años.
La noticia fue confirmada por la organización a través de un comunicado oficial difundido en horas de la noche. “A las 19.20 del 14 de junio falleció en el Hospital Italiano nuestra querida Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. En breve comunicaremos en qué lugar se llevará a cabo la despedida. 30 mil detenidos desaparecidos, presentes ahora y siempre”, expresaron desde la entidad.
La muerte de Almeida genera una profunda conmoción en el movimiento de derechos humanos y en amplios sectores de la sociedad argentina, donde su figura se convirtió en un símbolo de la memoria, la verdad y la justicia.
Su historia quedó marcada para siempre el 17 de junio de 1975, cuando su hijo, Alejandro Almeida, salió de su casa pronunciando una frase que ella recordaría durante décadas: “Mamá, ya vengo”. Nunca regresó. Desde entonces comenzó una búsqueda incansable que la transformó en una de las voces más reconocidas en la denuncia de los crímenes de la última dictadura militar.
Durante más de cinco décadas, Almeida participó activamente de cada reclamo por justicia, recorrió organismos nacionales e internacionales y se convirtió en una referencia ineludible en la defensa de los derechos humanos. Su compromiso la llevó a integrar y posteriormente presidir Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, desde donde sostuvo la bandera de la memoria colectiva hasta sus últimos días.
Reconocida por su firmeza, su coherencia y su permanente presencia en actos, marchas y actividades vinculadas a los derechos humanos, Taty Almeida trascendió el rol de madre de un desaparecido para convertirse en una de las figuras más respetadas de la democracia argentina.
Su legado quedará ligado para siempre a la lucha de las Madres y a la búsqueda de verdad y justicia por los 30.000 detenidos desaparecidos.
Con su partida, Argentina despide a una mujer que transformó el dolor personal en una causa colectiva y que dedicó gran parte de su vida a mantener viva la memoria de quienes fueron víctimas del terrorismo de Estado.

