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Efeméride fuera de canon : Los últimos días de Karl Marx

Por Carlos A. Sortino

Imaginemos a un hombre enfermo sintiéndose morir a edad temprana sin haber logrado su propósito en la vida y con la certeza de que su palabra escrita sólo servirá para comprender el mundo pero no para transformarlo.

1. Lo político, no lo dogmático

Se atrevió a pensar por fuera del sentido común hegemónico y desde una singular perspectiva analítica examinó su época, la puso en contexto histórico y barruntó un par de probabilidades futuras, sin darlas como profecías, tan sólo como objetivos políticos.

“Lo único que sé es que no soy marxista”, dijo más de una vez. Por eso no produjo, no quiso producir, ningún manual doctrinario. Simplemente se dedicó a analizar el sistema capitalista (no sólo económico) en todas sus constantes, en todas sus variantes. Y empujar las construcciones políticas necesarias (en el orden nacional y en el orden internacional) para socavar sus cimientos.

Pero marxistas y marxianos se ocuparon después de canonizarlo y designarlo profeta. Crearon una ideología artificial que él mismo rechazó y combatió en su época. Confundieron aquella necesidad política de incentivar a los trabajadores con una necesidad histórica irreversible. Fracasaron, por supuesto.

2. Lo político, no lo necesario

No hubo, no hay, no habrá, ninguna necesidad histórica que explique tal o cual acontecimiento de transformación social, política, económica. O que anuncie nuestro destino. De eso se ocupa la religión. No tiene por qué ser un eje constitutivo de lo político.

Sólo hubo, hay, habrá, personas hastiadas que se buscan, que se encuentran, que se asocian, que conciben un proyecto emancipatorio, que lo promueven, que logran imponerlo. O no.

Y en contadas ocasiones los proyectos victoriosos evolucionan de acuerdo con sus principios originales, porque hay, hubo, habrá, otras personas que hacen lo mismo que aquellas, muchas veces a sus espaldas, para convertir ese proyecto emancipatorio en otro proyecto emancipatorio. O no.

3. Lo político, no lo natural

De tradiciones y rupturas está hecha la historia que formamos con los juicios y prejuicios que nos forman. Marchamos por la vida, aparentemente inalterables, pero con cada paso nos alteramos los unos a los otros. Trocamos prejuicios en juicios y juicios en prejuicios, rompemos tradiciones y en esa ruptura fundamos tradiciones originales. La deriva social resulta diversa y muchas historias dan cuenta de tan vital trayectoria.

Como la historia de esta mesa, por ejemplo, que no es una mesa. Porque esta mesa es el trabajo acumulado que hay en ella. Desde el bosque hasta mi casa. Desde las minas hasta las fábricas de sierras, clavos y tornillos. Desde los pozos de petróleo hasta las fábricas de trenes y camiones. Desde la carpintería hasta el comercio.

Y todo eso para que yo pueda comer cómodo. Sobre el hambre de millones para que todo eso ocurra. Sobre millones de trabajadores explotados para que todo eso ocurra. Sobre millones de trabajadores expulsados para que todo eso ocurra. Sobre la propia indiferencia de quienes ven en esta mesa tan sólo un objeto cotidiano.

Esta mesa. Tu indiferencia. El trabajo acumulado que hay en ambas. Y la injusticia invisible que las envuelve, con disfraz de mano.

Lo que en estos tiempos parece una obviedad, no lo era por aquellos tiempos. Y hoy está tan naturalizado, tan poco cuestionado, que me atrevo a decir que estamos como ayer. Pero no por ignorancia, sino por resignación.

4. Lo político, no lo ideológico

Aquel hombre dijo que los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado.

Pero dijo también que todo lo sólido se desvanece en el aire, que todo lo sagrado es profano y que los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas. Porque la realidad no es un límite, sino un punto de partida.

Así que la tarea es pensar, hacer, sentir, decir, por fuera del sentido común. Como lo hizo aquel hombre. Al menos, intentarlo: dejar atrás los grandes relatos político-ideológicos (socialismo, liberalismo, anarquismo y todos los demás) que no han podido ser ratificados en la práctica social, a lo largo de 200 años. Sólo puede justificarse la insistencia por comodidad, impotencia o conveniencia.

5. Lo político, no lo romántico

Las corporaciones transnacionales y el crimen organizado conducen el mundo y los gobiernos son sus administradores, también por comodidad, impotencia o conveniencia (caramba, qué coincidencia).

Ignoramos en un 95% todo lo que hay detrás del cambio climático, la inteligencia artificial y los viajes espaciales, por ejemplo. Sólo sabemos lo que las corporaciones transnacionales, el crimen organizado y sus administradores políticos permiten que sepamos.

Son pocos los que luchan contra ese imperio y por hacerlo deben soportar sus formidables ataques como pueden, padeciendo la degradación, la humillación, el aislamiento, cuando no sus misiles portadores de libertad y democracia.

Los que no asumen esta realidad se conforman con un romántico micro relato: hay un grupúsculo de personas que concentran y ejercen el poder económico y hay otro grupúsculo de personas que concentran y ejercen el poder político, aliados a o sojuzgados por aquellas.

Nadie proyecta nada más allá de su propia expectativa vital. Es el imperio del cortoplacismo, el imperio de quienes quieren ser millonarios, presidentes, gobernadores, intendentes, diputados, concejales. Y eso es todo. No hay un para qué.

Pero ellos no forman parte de la conducción del mundo. Sólo le facilitan el trabajo, acaso sin sospecharlo siquiera, acaso negando su condición servil. ¿Cómo se puede comportar el pueblo si sus políticos y empresarios de segundo o tercer orden, que son sus dirigentes a la vista, sus ejemplos, sus espejos, se comportan de este modo?

6. Lo político, no lo contrario

Esto no es una oda a la antipolítica ni un canto a la impotencia. Es la descripción de un sistema de convivencia humana que debemos dejar atrás. Para eso es necesario perforar nuestra dimensión ideológica, atravesarla, y quedar a la intemperie para que no haya otra cosa por hacer que una acción política que centre su foco en la humanidad. Pero no humanidad en tanto conjunto de personas que habitamos el planeta Tierra. No. Humanidad, en tanto valores y principios despojados de esta cultura tóxica, anclada todavía al siglo 19.

✍ Conducción nacional de Compromiso y Participación (COMPA) en el Frente de Todos.

7. Lo político, no lo imaginario

Acaso por todo aquello decidió morir solo. Esperó que se vayan quienes lo rodeaban y en ese par de minutos de paz cerró sus ojos y se durmió suavemente y para siempre en su sillón.

Los últimos días de Karl Marx se consumieron el miércoles 14 de marzo de 1883 a las tres menos cuarto de la tarde, hora de Londres, a 70 días de su cumpleaños número 65.

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