Emmanuel Carrère y una obra biográfica que ventila la oscuridad de la condición humana

El escritor y periodista francés conquistó el galardón por un corpus de libros que en la frontera entre la realidad y la ficción «contribuyen al desenmascaramiento de la condición humana y diseccionan la realidad de manera implacable.

Con una impronta que asocia lo confesional, lo descarnado y hasta lo impúdico en estructuras donde las vidas ajenas son muchas veces un pretexto para volver sobre la suya, el escritor y periodista francés Emmanuel Carrère se quedó con el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2021, un galardón que conquistó por un corpus de libros que en la frontera entre la realidad y la ficción «contribuyen al desenmascaramiento de la condición humana y diseccionan la realidad de manera implacable, según el fallo del jurado revelado hoy.

Novelista, ensayista, crítico cinematográfico, documentalista, cineasta y hasta polemista, el autor de obras como «El adversario», «Limónov» y la flamante «Yoga», es hoy uno de los más destacados narradores franceses, una figura inquieta e irreverente que alterna sus herramientas de expresión entre el cine, la literatura y el periodismo para dar cuenta de una diversidad de intereses que van de la fascinación por la Unión Soviética y la cultura gore hasta los trastornos psicológicos, la espiritualidad, la melancolía de la clase media y el poder de las imposturas.

Carrère es reconocido especialmente por su recorrido en los territorios aledaños a la no ficción: la crónica, el reportaje, la autobiografía y los formatos híbridos que resultan de su mestizaje con la ficción. Una línea de trabajo que se aparta de sus comienzos ligados a historias mínimas, casi viñetas, que intentaban retratar una realidad de orden doméstico, en paralelo a ciertas exploraciones ligadas al absurdo y al surrealismo que tuvieron lugar en su narrativa antes de anclar en los relatos tan truculentos o complejos por los que luego se hizo popular.

 "Yoga", su último libro, acaba de ser publicado en la Argentina.«Yoga», su último libro, acaba de ser publicado en la Argentina.

Su primera novela «L’ amie du Jaguar», fue escrita en 1983 y al día de hoy permanece inédita en español. Más difusión tuvo en cambio «El bigote», un texto muy breve de 1986 que narra la historia de un hombre que se afeita y a partir de entonces su idea de sí mismo se derrumba para dar paso a un repertorio de sensaciones que van desde la paranoia hasta la depresión y la alienación. Nueve años después llegó «Una semana en la nieve», una novela de factura prolija pero previsible que está centrada en un niño de nueve años que descubre las mezquindades del mundo adulto.

No fue en esa observación de lo ordinario donde Carrère consolidó su estilo narrativo sino en la intersección viscosa donde lo cotidiano es una fachada que se sostiene laboriosamente hasta que el horror se impone con el peso redoblado de lo inesperado y lo inevitable: así lo cuenta en «El adversario», el libro donde destripa el engaño de Jean-Claude Romand, el hombre que se había fabricado una prestigiosa vida como médico y que termina asesinando en 1993 a su mujer, sus padres y sus dos hijos cuando estaban a punto de descubrir que era un impostor.

Carrère se obsesionó con su historia y durante años le envió cartas hasta que consiguió entrevistarlo y escribió la monumental crónica publicada en 2000 donde reconstruye los hechos con precisión asfixiante, no solo para narrar el macabro epílogo sino cada una de las trampas en que se fue envolviendo a sí mismo el falso médico. Acaso uno de los aspectos más inquietantes es detectar cómo aquello que empieza como una impostura sencilla termina convertido en un sofisticado mecanismo de engaños que en su punto de complejidad máxima termina empujando a un hombre a trasponer el umbral máximo de la crueldad.

La publicación de «El adversario», que fue llevada al cine tres años después en una versión protagonizada por Daniel Auteuil, consagró al escritor como un emblema de la no ficción y despejó las vacilaciones o los reparos en torno a los límites de la exposición, propia y ajena. Desde entonces, el escritor ya no dudó en convertir sus flaquezas o la de sus allegados como material de indagación de sus textos.

La publicación de»El adversario»,que fue llevada al cine tres años después en una versión protagonizada por Daniel Auteuil,consagró al escritor como un emblema de la no ficcióny despejó las vacilaciones o los reparos en torno a los límites de la exposición, propia y ajena.

Sin embargo, no salió completamente indemne de la experiencia. Algo de la fascinación de Romand había quedado incrustado en el escritor, que en su inconfeso encantamiento con el personaje de su novela llegó a regalarle a su mujer de entonces, Sophie, un anillo de oro blanco revestido con una esmeralda y pequeños diamantes, similar al que el asesino serial le había regalo a su amante, Corinne, poco antes de intentar asesinarla.

«Gozaba sufriendo de una manera particular mía y me convertía en un escritor […] Pensé: ahora se acabó, haré otra cosa. Voy hacia el exterior, hacia los demás, hacia la vida», confesó tiempo después en medio de una crisis creativa. Mientras tanto, se le acumulaban pedidos de editores para escribir reportajes y crónicas que volvieran sobre aquello que había podido contar con tanta elocuencia: historias oscuras de seres a la deriva.

Mientras imaginaba que estaba dando un giro drástico en su escritura, Carrère viajó a Rusia para seguir el rastro de un húngaro, András Toma, un campesino que a los 19 años había sido capturado por el Ejército Rojo en 1944 para ser trasladado a un campo de prisioneros y tres años después al hospital psiquiátrico de Kotelnich. Lejos de internarlo en un mundo ajeno, la historia volvió a depositarlo en el propio: la experiencia de ese hombre abatido arrastraba el recuerdo de su abuelo ruso, el padre de su madre, desaparecido también en 1944.

El narrador entregó entonces un nuevo título que se hundía en retazos de su propia biografía: «Una novela rusa», donde además de revelar episodios de la familia de su madre que ella se empeñó en ocultar incluía apuntes de su relación con Sophie, un vínculo enfermizo que a veces arqueaba la pasión hasta convertirla en violencia. «Quiero aplastarte, matarte a patadas. Tú te ríes, te burlas de mí y yo te mato», relata sin tapujos.

En 2015, el escritor francés visitó Argentina y dio una conferencia en la Fundación Osde. En 2015, el escritor francés visitó Argentina y dio una conferencia en la Fundación Osde.

En 2011, Carrère volvió a dar un nuevo hito en esa intersección borrosa y a veces problemática entre el periodismo y la literatura con «Limónov», donde aborda la vida de Eduard Limónov, ensayista, novelista, agitador cultural, activista político, exiliado de la URSS, exmilitar y exmayordomo en Nueva York en los setenta, pero además ícono de la resistencia política contra el régimen de Vladimir Putin y renovador de la literatura rusa. Tan cautivado quedó con el personaje que llegó a decir: «Su vida puede interpretarse como una evolución de los sobresaltos de la segunda mitad del siglo XX».

Y otra vez la irrupción de su propia biografía: al escribir sobre Limónov, Carrère no dejaba de hablar de sus relaciones con Rusia. Nieto de inmigrantes georgianos, es a su vez hijo de la historiadora Hélène Carrère d’Encausse, gran especialista en Rusia y una de las primeras que vaticinó el hundimiento de la antigua URSS. Así, en «Limónov» se apropia de las peripecias del protagonista para exhumar otras históricas y legendarias de la historia.

Con esta biografía novelada el autor obtuvo el Premio Renaudot, el Premio de la Lengua Francesa en 2001 y el Prix des Prix 2011 y más recientemente del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances en 2017. El retratado, sin embargo, no pareció quedar muy conforme con el resultado. «Carrère ofreció su visión de mí, una obra inspirada en mí, pero no soy yo, no me reconozco. Aunque le estoy agradecido porque lo hiciera», llegó a decir Limónov poco antes de morir, en marzo del año pasado.

«Estoy harto de la escritura autobiográfica en este momento -confesó Carrère en una entrevista concedida hace cuatro meses al periódico El País-. No me voy a poner a hacer otro libro autobiográfico. No tengo ganas, lo que no significa que no vuelva a hacer otro en unos años», se atajó por las dudas. El malestar de sus declaraciones está relacionado con «Yoga», su último libro, que acaba de ser publicado en la Argentina.

Formulado con los materiales heterogéneos que suelen confluir en sus novelas, el texto publicado por Anagrama le hace honor desde el título a la disciplina que descubrió tras caer en una nueva depresión, un periodo que coincidió con el fin de su matrimonio con Hélène Devynck. Y por ahí es donde se filtró esta vez el componente polémico habitual en los lanzamientos editoriales del escritor: enterada de que la obra ventilaba pormenores sexuales escabrosos de la relación en común, la mujer interpuso un recurso legal y el escritor debió sustraer varios tramos del relato.

Su proceso de divorcio no es el único infierno al que desciende Carrère en este libro que también recorre la muerte de su editor, el atentado contra la revista francesa Charlie Hebdo y su diagnóstico de trastorno bipolar, que lo lleva a una internación de cuatro meses en un hospital. El resultado es un libro poderoso e irregular, pero con el sello de escritura de un narrador que aunque en este caso no cautiva tampoco defrauda.

En los últimos tiempos, Carrère ha estado trabajando en la dirección cinematográfica de «El muelle de Ouistreham», la adaptación cinematográfica de una crónica que esta vez no lleva su firma. Se trata del libro homónimo escrito en primera persona por la periodista Florence Aubenas, que se pasó un año trabajando como empleada de limpieza para lograr un retrato sobre la condición femenina en tiempos precariedad social, laboral. La película estará protagonizada por la actriz francesa Juliette Binoche, quien interpretará el papel de la autora del texto.

Un total de 33 candidatos de 20 nacionalidades distintas optaban en esta edición al Premio Princesa Asturias de Letras, entre ellos el rumano Mircea Cărtărescu, el británico Martin Amis, la española Rosa Montero, el checo Milan Kundera o el japonés Haruki Murakami. El año pasado, resultó ganadora la poeta canadiense Anne Carson.

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