30 mayo, 2020
Teletipo de Noticias

La inconveniencia

Por Carlos A. Sortino

No soy tan optimista como para pensar lo que muchos piensan y manifiestan: que la pandemia nos depara un futuro de cambios cruciales en el sistema capitalista que domina el mundo.

Ninguna crisis mundial (incluyendo las guerras) ha servido para eso, sino para todo lo contrario: reciclarlo, reordenarlo, reforzarlo.

Porque acaso ocurra la paradoja de que el libro sagrado de Marx, Das Kapital, sea mejor comprendido y aplicado por los capitalistas que por quienes pretenden combatirlo.

Porque acaso ocurra la paradoja de que la revolución permanente que supo teorizar Trotsky es uno de los ejes constitutivos del sistema capitalista.

Porque acaso ocurra la paradoja de que la lucha de clases no forma parte de ningún arsenal político importante, aún cuando se reconozca, al menos tímidamente, la dominación de clase.

Después de todo, y sin recurrir a tantas teorizaciones, el objetivo “natural” de cualquier empresario es obtener el máximo de ganancia con el mínimo costo e invertir parte de aquella en la construcción y el sostén del poder necesario para hacerlo posible. Así las cosas, aquellas paradojas son sólo aparentes, porque, sencillamente, en eso consiste su praxis.

Hoy, en plena pandemia, aquella dominación de clase es explícita. Lo demuestra su conducta ante el proyecto de impuesto a las grandes fortunas, ante la propuesta a los acreedores privados de la deuda externa y ante su conquista, amparada por el sindicalismo y por el Estado, de reducir salarios.

Volvería a ser un poco optimista si a la salida de la pandemia, este “concierto” de voluntades para socializar las pérdidas vuelve a reunirse para aplicar el único pedacito del artículo 14 bis de la Constitución Nacional que nadie lee, aquel que asegura al trabajador el derecho de “participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección”.

No hace falta una revolución. Ni siquiera una reforma constitucional. Sólo una ley.

Quienes se rasgan las vestiduras por el respeto a la Constitución, por la vigencia de la República, por el buen funcionamiento de las Instituciones, deberían enterarse de la existencia de esas 17 palabras.

Claro que esta acción podría desenterrar la lucha de clases. Y eso no le conviene a casi nadie.

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