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18 septiembre, 2020
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Manuel Belgrano, un Patriota

Por Ricardo Gil *

Un Patriota, que hubiera sido cooperativista.

El Gobierno Nacional decretó, mediante el Decreto 2/2020 al año 2020 como el Año Belgraniano, en homenaje al prócer. Al cumplirse hoy 3 de junio, 250 años se su nacimiento y el próximo 20 de junio 200 años de la muerte del General Manuel Belgrano, quiero rendir un homenaje y compartirlo.

Un homenaje y reconocimiento ya que nuestra historia y nuestros historiadores adeudan con la memoria de un Patriota, un adelantado para su época en Nuestra América.

Conocer, estudiar y difundir el pensamiento y la obra de Manuel Belgrano, a través de su historia, nuestra historia y su legado -hoy más vigente que nunca-, es una obligación y responsabilidad ciudadana de los argentinos y argentinas.

Limitarlo a creador de nuestra bandera y vencedor de las batallas de Salta y Tucumán es una afrenta a su memoria y a la de su Pueblo.

Fue un precursor de las ideas y valores que impulsaron la lucha por la liberación y la independencia de la Patria, dejando plasmados en sus escritos los ideales de la Revolución de Mayo y de la Declaración de la Independencia.

Es de lejos el más formado entre los revolucionarios de Mayo. Fue el primer estadista que tuvimos, y de los primeros americanistas, planteando por primera vez el proyecto de los Pueblos de América del Sur o de la Patria Grande.

Nació en una familia numerosa, de padre comerciante y acaudalado, que mas tarde caería en desgracia, pero la fortaleza de su madre sostendría unida la familia. Estudió Leyes en España, graduado como abogado, condicionado por una cuestión familiar, debido a que su padre Doménico Belgrano Peri, había caído en una situación de defraudación, engaño y desfalco, fue encarcelado, entonces Manuel desde España junto a su hermano Carlos, y con su madre María Josefa González Casero desde Buenos Aires, entablan la lucha legal por la defensa y liberación de su padre, que logran obtener mediante la absolución definitiva, que trae Manuel Belgrano en su regreso a Buenos Aires en 1794 y tiempo después, su padre, fallece en 1795. Siendo este el único ejercicio que hace Belgrano como abogado.

En realidad estudia filosofía y economía, en una carta a su madre desde España cuenta su descubrimiento de la economía política, leyendo autores franceses como Turgot, Quesnay, Dupont de Nemours , los italianos A. Genovesi, F. Galliani y G. Filangieri, pero especialmente estudió en profundidad al escocés Adam Smith, es por ello que lee “La riqueza de las naciones”, y a otros los economistas de esa época, traduce varias obras parcialmente y a Quesnay, en su obra “Máximas generales del gobierno económico de un Reino agricultor”.

Regresó a su tierra en 1794, nombrado por el rey Carlos IV, como secretario vitalicio del Consulado de Comercio en Bs. As., con la misión de promover el desarrollo de la agricultura, la industria y el comercio y el fomento del progreso del virreinato.

Manuel Belgrano dejó sucesos heroicos colectivos como el Éxodo Jujeño y así también las bases de un programa económico y político, que se anticipó a su época y aún conserva su vigencia.

Quienes han estudiado y tienen fundamentos de opinión, al respecto expresan:

Belgrano provoca una doble sensación: gran admiración por la precocidad y la claridad de las cosas que decía y profunda tristeza, porque seguimos sin resolver problemas que él planteaba con toda claridad”

Quien además describe a Belgrano como ”una figura incómoda para aquellos a los que él definía como los partidarios de sí mismos: los enemigos de la patria, los egoístas, los que se oponían a su proyecto de modernización”.

Felipe Pigna. Historiador y escritor

Más allá de la bandera, queda su protagonismo como revolucionario en los sucesos de Mayo y luego tratando de mantener los ideales de esa revolución”

«Toma esa tarea con la intención de aportar con sus ideas a un nuevo país, a una nueva organización, pero rápidamente se decepciona, porque los comerciantes españoles de Buenos Aires eran monopolistas. Escribe en el Semanario de Agricultura, donde revaloriza el comercio interior, diciendo que es capaz de aumentar los capitales y con eso los fondos de la Nación, y plantea que las materias primas no deben salir sin manufacturarse previamente, ideas que hasta hoy tenemos que defender».

«…su obsesión con las cuestiones de la educación, planteando que la enseñanza debía ser estatal, gratuita y obligatoria, otro tema polémico de actualidad». Desde sus primeros escritos abogó por la educación de las mujeres y la creación de escuelas de oficio. Una labor intelectual sobresaliente, pero después el destino lo lleva por otro camino, para el que no se había formado, que es el militar».

También sostiene que la historia tradicional destacó la creación de la bandera para soslayar otras acciones: “Que Belgrano fuera solamente el creador de la bandera borraba su pasado de economista que hablaba de la reforma agraria y en contra del monocultivo y su preocupación por la situación de los indígenas, como se ve en el reglamento para el pueblo de las misiones que dictó en diciembre de 1810, del que Alberdi dice que es un antecedente notable de nuestra Constitución. Belgrano habla de la necesidad de igualdad de los pueblos indígenas, que no sean sometidos a trabajo forzado, propone la creación de cabildos indígenas y otras ideas que tenían coherencia con lo que estaba haciendo su primo Castelli en el Alto Perú. Todo eso quiere ser pasado al olvido».

Horacio López. Investigador y escritor, subdirector del Centro Cultural de la Cooperación.

Manuel Belgrano, el 27 de febrero de 1812, frente a una formación de tropas dispuestas ante el río Paraná. Elige Rosario por la ubicación geográfica: las altas barrancas y la cercanía de la isla permitían atacar desde una posición muy favorable a los barcos enemigos que trataran de surcar el río. El alcance del gesto de Belgrano respecto a los símbolos patrios tiene que ver con la generación y la consolidación de una identidad común y la sensación de pertenencia a una comunidad. Es la base indispensable para construir legitimidad en términos políticos: en la medida en que las personas se sientan parte de una comunidad más amplia, simbolizada por estos objetos, es posible por ejemplo pensar en el acatamiento del orden.”

Durante mucho tiempo la historia más tradicional, sobre todo en la educación, trabajó a partir de efemérides y de biografías. Todos nosotros hemos sido educados con la casita de Tucumán en el cuaderno de la escuela. Las efemérides daban un conjunto de información fragmentada en pequeños eventos poco articulados entre sí. Afortunadamente ahora se piensa en otras formas de manejar los contenidos para tratar de explicar los procesos históricos, una narración de mayor extensión que les dé una racionalidad más fácil de comprender.”

Alicia Megías. Profesora honoraria de la Universidad Nacional de Rosario.

En esa época Rivadavia y Alvear, por ejemplo, planteaban un vínculo centrado en Inglaterra, fundado en el gobierno desde Buenos Aires y la administración del puerto, modelo limitado a la producción de materias primas y de ganado, por otro lado San Martín, Belgrano y Monteagudo, entre otros defendían la agricultura como un paso inicial para una cadena de valor y fuente de trabajo, instando a fraccionar y revalorizar la tierra para quienes la trabajaran, lo que reivindicaba a los trabajadores. Ya en esa época podemos visualizar el origen de dos modelos, por un lado una oligarquía terrateniente concentrada, comercializando materias primas, principalmente constituidas por la ganadería y sus haciendas, y por otro la propuesta de un desarrollo con mayor participación de los habitantes y con distribución del ingreso y de la riqueza.

Esos sectores conservadores no querían a Belgrano (y a Moreno) en Buenos Aires, y por eso lo enviaron a las misiones militares, a las provincias, al Paraguay, a la banda Oriental del Uruguay y luego al Ejercito del Norte y al Alto Perú (hoy Bolivia) .

Belgrano es un activo partícipe de la etapa previa, en el virreinato, promoviendo la Revolución de Mayo, y es también un activo factor en la declaración de independencia, en Tucumán: El 6 de julio de 1816 participa en una sesión secreta en la que plantea que los patriotas deben declarar la independencia de los pueblos de América del Sur, de España y de toda otra dominación extranjera y conducir a una Constitución para asegurar el orden y la soberanía política.

Belgrano tenía una visión integral, como la tenía San Martín, incluso superadora a la de los caudillos federales, en principio comparte muchas cosas con José Gervasio de Artigas en la campaña al Uruguay, luego se distancian, puesto que las guerras o pujas internas, promovidas por los caudillos que generaban divisiones o gobiernos parciales, por provincias o regiones, no las toleraba.

Manuel Belgrano hubiera sido cooperativista

Aún antes que surgiera el cooperativismo -en 1844, en Rochdale, Inglaterra-, Belgrano en sus planteos, escritos y pensamientos al respecto, sin lugar a dudas, nos llevan a analizar la coincidencia de los principios y valores que claramente nos legó con los del cooperativismo. Con los mismos principios y valores por el bien común, igualdad, equidad, ayuda mutua, responsabilidad, democracia y solidaridad, desde sus fundadores y en todo el proceso evolutivo del cooperativismo, hasta estos días, en función de estos  valores éticos de honestidad, transparencia, responsabilidad social y preocupación por los demás.

Manuel Belgrano plantea en agosto de 1810, meses después de la Revolución de Mayo, que concretara el primer gobierno patrio, en el Correo de Comercio del 25 de agosto, en uno de sus artículos, en carácter de crítica:

¿No escandaliza que un poseedor de terrenos inmensos, los más de ellos abandonados, prive a sus conciudadanos de una porción de tierra a las orillas de un río navegable, para que traigan sus ganados en pie para matarlos, cuando por este medio ahorrarían los gastos inmensos de conducciones en unos países de tan pocos arbitrios?”

Seguramente, esta cita de claras condiciones de desigualdad en la distribución de las riquezas y particularmente en la distribución y uso de las tierras, como también al acceso de los recursos naturales, como lo es y era “un río navegable” que en esa ocasión, nos lleva a pensar en una reforma agraria o concesiones más justas para compensar las asimetrías respecto a algunos propietarios poseedores de grandes superficies. Cuestionando a los “partidarios de sí mismos” según Manuel Belgrano aquellos a los que:

Acaso este pensamiento excitará el desprecio de los que nunca han meditado que una de las primeras obligaciones del hombre en sociedad es prevenir la miseria de sus conciudadanos, y que el mejor modo de prevenirla es proporcionarles que toquen la utilidad de sus respectivos trabajos para que sean provechosos al Estado, bajo todas las consideraciones.”

Pero ese desprecio no ha sido capaz de arredrarnos para proponer nuestra idea, que no dudamos sea de la aprobación de los aman­tes de la patria, quienes conocen nuestra situación y saben cuán diferentes son sus circunstancias de las de los países viejos. […]

Y entre otras cosas, deja claramente expresado, con carácter propositivo, como estamos acostumbrados a leer en sus escritos:

“… con el objeto principal de dar valor a las producciones del terri­torio y a las manufacturas de la industria, cualesquiera que sean, uniéndose los vecinos de una jurisdicción para hallar en sí mismos los recursos para proteger al labrador, al fabricante y abrirse los caminos de conducirlos al mejor mercado, libertando a esas clases útiles de que se abandonen por no encontrar la recompensa de su trabajo y adquirir, al mismo tiempo, el provecho que tal vez le arrastran los aventureros.Para esto nos pareceque bastaría que los vecinos hicieran confianza en algunos sujetos honrados, que nunca faltan en los pueblos, en quienes poner parte de sus caudales con la idea de establecer almacenes para depositar los frutos y efectos de los que los quisieran entregar para venderse, o de los que se los vendiesen, y con la mira, también, de hacer anticipos y evitar malbaratasen los productos de sus trabajos.

Así tendríamos que los vecinos se darían la mano los unos a los otros y mutuamente conseguirían utilidades, sin que en ningún caso pudiesen decaer los valores de los frutos y efectos que se de­bieran a la agricultura e industria de la respectiva jurisdicción.*

¡Propone hacer cooperativas, sin dudas!

¡Cooperativas de trabajo, de consumo o provisión de insumos o de comercialización, con prestación de servicios de almacenamiento, planteando el anticipo de los retornos o excedentes y además evitando malvender los productos fruto de sus trabajos!

Y continúa fundamentando las necesidades, que crean o generan la implementación de proyectos asociativos, que den satisfacción a esas necesidades, que años más tarde llamaríamos cooperativas y mucho después en el séptimo principio cooperativo de preocupación por la comunidad:

No se puede dudar de las ventajas de este auxilio al comercio interno, aun cuando alguna vez no se hayan visto rápidamente en los tiempos en que nuestro comercio marítimo estaba estancado y un hombre necesitaba emplear el sudor de un año para cubrir con alguna decencia sus carnes, quedando con el dolor de ver a sus hijos en la miseria y desnudez.

La economía social y solidaria en todos sus aspectos, estaba también en sus ideas fuerte, hoy diríamos la Economía Popular:

Otro medio ventajosísimo sería el establecimiento de ferias, al menos dos veces al año, con arreglo al número de vecinos de los pueblos y sus jurisdicciones correspondientes, concediendo todas las franquicias que sean posibles.

Incluso, pensando en el rol del Estado al respecto, define claramente su promoción o apoyo mediante su clara expresión: “concediendo todas las franquicias que sean posibles”

Un cooperativista antes que se crearan las cooperativas, si vemos y comparamos sus valores de ayuda mutua, responsabilidad, democracia, igualdad, equidad y solidaridad, en los que se sustentan los valores cooperativos. Quien además creía y fue ejemplo de los valores éticos de honestidad, transparencia, responsabilidad social y preocupación por los demás. Si además hacemos el paralelo con los principios cooperativos, las coincidencias son mayores: sostén de la libertad sin discriminación de género, raza, clase social, posición política o religiosa; promotor de la participación y democracia; artífice de las propuestas de desarrollo y participación económica, con distribución equitativa de la riqueza y el ingreso; defensor de la autonomía e independencia; autor y gestor del primer proyecto de educación, formación e información; cooperador y colaborador entre iguales y su firme compromiso con la comunidad.

Así de simple, solo leyendo sus escritos y con estas pequeñas comparaciones, no tengo dudas: ¡Manuel Belgrano hoy hubiera sido cooperativista!

Toda una vida para su Patria

Manuel Belgrano dedicó su vida a la Patria, a su Pueblo, a la revolución y a la independencia, con sus profundas convicciones y amor patriota, resignando y sacrificando todo su bienestar personal, demostrado en su muerte, en su casa natal y en la pobreza.

La muerte, lo llevó la mañana del 20 de junio de 1820, que en medio de una crisis y anarquía pasó desapercibida, el día de los “tres gobernadores”. Solamente uno de los ocho periódicos que se publicaban en Buenos Aires informó esa noticia, y muy pocas personas lo acompañaron en sus últimos momentos. Para quien nació y murió en su Patria y sus últimas palabras fueron: Ay! Patria mía …

Así también, hay muchas personalidades que lo reconocen con caracterizaciones como: “Padre de la Patria”, “El santo de la Patria”, “Integrante del Primer Gobierno Patrio”.

José de San Martín manifestó: “…créame usted que es lo mejor que tenemos en la América del Sur”.

Nunca mejor aplicada la denominación de “patriota”.

En su defecto en otros casos también la frase que “nadie es profeta en su tierra”. Si consideramos que nació y murió en Buenos Aires, donde transitó su infancia y vivió la mayor parte de sus 50 años de vida, era sin lugar a dudas un “porteño” (…desde el punto de vista del puerto de Bs.As, no?). Entonces si su tierra fue Buenos Aires: ” no fue profeta”, más bien fue expulsado, enjuiciado, postergado y hasta olvidado por su ciudad; pero como la Patria y la Nación -que gestó, junto a otrxs muchxs patriotas-, no terminan en el Riachuelo y en la Av. Gral. Paz, entonces Manuel Belgrano quien fue un patriota en su tierra y probablemente así vale también que: fue un profeta en su Patria.

No tengo dudas para Manuel Belgrano: “La Patria era el otro” y también le valdría hoy.

* Presidente del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos La Plata


Fuentes:

  • Citas de Carlos Smith, Biblioteca del Oficial, círculo Militar
  • Felipe Pigna, Fomentando el mutuo apoyo y el cooperativismo en “Manuel Belgrano el hombre del Bicentenario”
  • Revista Acción, N° 1291, 1ra. quincena, junio 2020 Informe especial: “Bandera de libertad”, por Osvaldo Aguirre
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