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Mi encuentro con Néstor

Por Carlos A. Sortino 💻

Diez años ya. Un año y pico antes de llorarlo, reímos juntos por no tener a mano dos camisetas de Rácing para una foto histórica. Fue en la quinta de Olivos. La única vez que estuve con él. Febrero de 2009.

Ya no importa por qué estuve allí ni con quiénes. Sólo importa que aquél fue mi único encuentro con Néstor. Suficiente. Después, sólo tuve que vencer mis propios prejuicios, patear un par de tableros, tragarme algunos sapos y darle para adelante. Apenas eso.

Vale, sin embargo, una breve puesta en contexto: aquel día, Néstor convocó a la dirigencia del Partido Socialista de la provincia de Buenos Aires, cuya militancia ya había tomado un par de años antes, en un congreso, la decisión política de formar parte del Frente para la Victoria, contra el gorilismo y la persecución de la dirigencia nacional, sobre la pasividad de su militancia. Formé parte de aquel congreso y también de la conducción política bonaerense. No por mucho tiempo más. Me desafilié poco después, junto con muchos otros. Y varios fueron expulsados. Adivinen el motivo…

La fase superior

No formé parte del famoso 22%, del que muchos se enorgullecen. No me arrepiento ni me avergüenzo por eso. Ingresé (ingresamos) al Frente para la Victoria recién en 2007. Pero ya en 2005 militamos, inorgánicamente, y votamos para que Cristina sea senadora nacional.

Aquella tarde me dijo en un aparte, que “el kirchnerismo es peronismo, enriquecido por izquierda” y que, por eso mismo, “el kirchnerismo es la fase superior del peronismo”, parafraseando a Lenin, que alguna vez había anunciado que “el imperialismo es la fase superior del capitalismo”. Sabía qué decirle a cada uno, qué fibras tocar.

Este breve diálogo ocurrió porque sobre el final de aquel encuentro, Néstor le encomendó a Parrilli, que había oficiado de anfitrión, que hable con cada uno de nosotros para tomar nota de nuestras necesidades políticas en cada uno de los territorios que representábamos. Fue en ese revuelo, que me quedé con él un ratito y me dijo eso. Antes, se me acercó y me preguntó por qué no pedía nada. Le respondí que, por ahora, no era necesario, pero que, tal vez, más adelante lo hiciera. Nunca lo hice…

Lo que importa

No sabía (tampoco me importó) si aquel esfuerzo ideológico era sincero, si pretendía transformar o no una lógica de construcción obsoleta, o si sólo “es la política, pavotes”. Sus palabras no parecían cuajar en su propia organización, pero tampoco eso me importó, ni me importó que fueran pocos los que quisieran superar su atraso político cultural ý sólo se cobijaran bajo ese paraguas para no quedarse “afuera”.

Una sola cosa me importó: lo que se escribe o se dice públicamente puede pensarse, puede expresarse, presentarse al pueblo. Es decir: están dadas las condiciones de recepción. Eso es lo que me importó en aquel momento y me sigue importando hoy.

Lo cierto es que hubo algo de aquello y se terminó abruptamente un año después, justo el mismo día en que se realizaba el censo nacional. Desde entonces, nuestra militancia intenta (con poco éxito, por cierto) recuperar aquel rumbo poco explorado.

Las transiciones

En aquel encuentro coincidimos en que la famosa “complejidad del contexto” no es otra cosa que la dominación de clase y que hay que estar atentos a la correlación de fuerzas para avanzar, regular, “desensillar hasta que aclare”. Pero sin bajar ninguna bandera. Sólo enrollar las de vanguardia para que se pueda ver si adelante hay un camino o un precipicio.

Esa correlación de fuerzas siguió siendo favorable para la reelección de Cristina. Pero luego hubo que apelar a Scioli. Por un lado, porque no había sucesión a la vista (tal vez por eso emergió aquel slogan que decía “el candidato es el proyecto”). Por otro lado, porque era políticamente necesaria una “transición” moderada. Pero perdió y tuvimos que padecer a la clase dominante en el gobierno. Así que hubo que apelar a otra moderada “transición” y Cristina propuso a Alberto. Ganó.

Y esta transición llega luego de un gobierno de clase que no sólo hizo sus negocios millonarios, sino que supo sembrar una ingeniería institucional necesaria para no desarmarlos y una industria cultural casi infalible para sostener un sentido común favorable a sus intereses, que, incluso, puede manejar las expectativas de los “propios” y encadenarlas a su agenda.

Es por eso mismo que al actual gobierno le cuesta muchísimo ser un buen gobierno burgués (pero progresista), con una política económica desarrollista (o keynesiana, como quieran) y una política social de recuperación de los sectores ya vulnerados y de protección de aquellos que se mantienen en la línea de flotación de la vulnerabilidad (asistencialismo, si prefieren). La “complejidad del contexto”, en esta transición, es brutal.

Las pariciones

Todo esto estuvo presente, en tanto análisis político, en tanto proyección de un posible porvenir, en aquel grato, único e inesperado encuentro, en el que pudimos compartir una misma visión sobre los partidos políticos en retroceso.

Se habló de que las organizaciones políticas se están reconfigurando muy lentamente. Lo viejo no termina de morir, lo nuevo no termina de nacer. Aquello que conocimos como “partido político” es hoy un simple sello que permite participar en elecciones y nada más.

Los constituyentes del ´94 acaso intuían que el final estaba próximo y por eso, en un lógico reflejo conservador, le dieron al partido jerarquía constitucional, otorgándole el monopolio de la acción política.

💻 Referente de Compromiso y Participación (COMPA), en el Frente de Todos.

Sólo quedan dos campos de acción político-ideológica, sostuvo Néstor. Uno de ellos ya está conformado desde siempre: el campo de centro-derecha. Así que hay que hacer todos los esfuerzos posibles por parir un campo de centro-izquierda. Los partidos políticos, por sí mismos, ya no representan ninguna singularidad que los identifique y los diferencie.

Néstor nos parió sin enterarse o, acaso, tan sólo esperándonos, sospechándonos. Como a tantas otras, como a tantos otros. Nos queda por decir: Gracias, flaco, seguiremos adelante para que, más temprano que tarde, llevemos tu espíritu al gobierno y podamos completar lo que iniciaste.

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