Por Decreto de Uriburu, por Decreto de Ongania, por Decreto de Cristina y por Decreto de Milei: los Argentinos y su costumbre de tergiversar la historia por «Decreto»

✍️ Por Mario Ciancaglini 📰

El Poder Ejecutivo dispuso por Decreto el traslado del Sable Corvo del Libertador General Don José de San Martín desde el Museo Histórico Nacional hacia la sede del Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín, donde quedará bajo custodia permanente de la unidad militar. 

El Sable Corvo integra el patrimonio histórico de la Nación Argentina y constituye uno de los símbolos más representativos de la soberanía nacional y de la consolidación de la independencia, según destacan los considerandos del decreto. El bien fue donado al Estado Nacional en el año 1897 con la finalidad de asegurar su preservación y custodia estatal. 

De acuerdo con los fundamentos de la norma de Milei, el Sable Corvo fue objeto de hechos ilícitos en dos oportunidades mientras se encontraba bajo la guarda del Museo Histórico Nacional, en los años 1963 y 1965. Si bien fue recuperado en ambas ocasiones, esas circunstancias pusieron de manifiesto la necesidad de adoptar medidas orientadas a fortalecer su protección, seguridad y adecuado resguardo institucional. 

«Esas circunstancias» a las que se refiere dieron fundamento al Decreto 8.756 de 1967 del Dictador Juan Carlos Ongania ( el mismo que cerró las universidades nacionales en la tristemente celebre «noche de los bastones largos» ) por el que se dispuso su guarda y custodia definitiva por parte del Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín.

noche de los bastones largo

A través del Decreto 843 de 2015 se había establecido que el sable volviese al Museo Histórico Nacional para su exhibición permanente, quedando bajo custodia del Regimiento de Granaderos. La nueva medida deroga expresamente ese decreto y dispone el retorno del símbolo a la sede militar.

Más allá de la Crónica

El 5 de diciembre de 1835 desde su exilio en Francia, el general San Martín escribió una carta a su yerno Mariano Balcarce que estaba en Buenos Aires junto a su esposa e hija del Libertador, Mercedes San Martín de Balcarce: «Lo que sí les encargo se traigan es mi sable corvo que me ha servido en todas mis campañas de América y servirá para algún nietecito si es que los tengo. En cuanto a lo demás ya les tengo escrito con extensión en la suposición de que deben venir contando no volver a América hasta después de mi muerte».

Nueve años después, en su testamento fechado en París el 23 de enero de 1844, en la cláusula tercera, el general San Martín dispuso: «El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sud le será entregado al general de la República Argentina Dn. Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla».

Su voluntad fue cumplida y el sable corvo fue enviado a Rosas quien, en su testamento redactado el 28 de agosto de 1862, en Rockstone House, su domicilio en Southampton, Inglaterra, dispuso en la clásula décimo octava legar a su amigo y consuegro Juan Nepomuceno Terrero «la espada que me dejó el Excmo. Sr. Capitán General Dn. José de San Martín («y que lo acompañó en toda la guerra de la Independencia») por la firmeza con que sostuve los derechos de mi Patria. Muerto mi dicho amigo, pasará a su esposa, la Sra. Da. Juanita Rábago de Terrero, y por su muerte a cada uno de sus hijos e hija, por escala de mayor edad». (Dellepiane, Antonio. El Testamento de Rosas. Editorial Oberón. Bs. As. 1957). Tras la muerte de Rosas en 1877 y fallecido también Juan Nepomuceno Terrero y su esposa, el sable corvo de San Martín quedó en posesión de Máximo Terrero, hijo mayor del matrimonio y esposo de Manuela Rosas.

Desde la creación del Museo Histórico Nacional en 1889, por iniciativa de su primer director, Adolfo Carranza, se quiso plasmar un sentimiento de pertenencia nacional, en medio de un proceso de expansión económica, de desarrollo de las comunicaciones y de la llegada masiva de inmigrantes. Por esta razón, el Museo se constituyó como el Panteón de la Patria donde se guardaban y veneraban las reliquias de los próceres de la Revolución de Mayo y las guerras de la independencia. Desde sus exhibiciones, en esos momentos, se difundía una narración histórica unilineal y homogénea que ignoraba los conflictos y la diversidad de identidades étnicas, regionales y sociales que convivían dentro de los límites del Estado argentino.

En 1896 Adolfo Carranza, en su afán de generar este sentimiento de nacionalidad, le escribe una carta a Manuelita Rosas, hija de Juan Manuel de Rosas, solicitándole que «seria en bien de la memoria de su señor padre entregar a la patria lo que es de ella… (…)… vengo a rogar a Ud. haga donación al Museo Histórico Nacional en nombre de su señor padre, del sable corvo del General San Martin que recibió como prueba de satisfacción por la firmeza con que sostuvo el honor de la República». El 27 de noviembre de ese año, desde Londres, Manuela Rosas le respondió: «Por disposición testamentaria de mi padre, el sable que le fue legado por el ilustre Capitán General Dn. José de San Martín, valiosísima prenda que con palabras tan gratas me pide Ud. destine al MUSEO HISTÓRICO NACIONAL de nuestro país, hoy pertenece a mi esposo y como fácilmente comprenderá Ud. mucho le cuesta a él como a todos nosotros, hacer el sacrificio de desprendernos de ella. Es esta la razón de mi demora a la contestación de su pedido. Al fin mi esposo, con la entera aprobación mía y de nuestros hijos se ha decidido donar a la Nación Argentina este monumento de gloria para ella, reconociendo que el verdadero hogar del sable del Libertador debiera ser en el seno del país que libertó. Por lo tanto, puede Ud. Sr. Carranza contar con que al recibo del pedido oficial que Ud. ofrece, la contestación será el envío del sable».

El 20 de diciembre de 1896, Carranza se dirigió por nota oficial a Máximo Terrero pidiéndole la donación, y el 1 de febrero de 1897 Terrero le respondió: «Mi contestación es el envío de la prenda a Buenos Aires, acompañada de una nota dirigida al Señor Presidente de la República, suplicando a S.E.

se sirva aceptarla en calidad de una donación hecha a la Nación Argentina, en nombre mío, de mi esposa, de nuestros hijos y al mismo tiempo manifestando el deseo que SEA DEPOSITADO EN EL MUSEO HISTÓRICO NACIONAL». (Instituto Nacional Sanmartiniano. El sable del general San Martín. Buenos Aires. 1978.).

En la carta que Máximo Terrero le dirigió al Presidente de la República, José Evaristo Uriburu, escribió: «En virtud de esta solicitud (la de Carranza), la presente tiene por objeto ofrecer a V.E. en su carácter de Jefe Supremo de la República, este monumento de gloria para nuestro país, siendo mi deseo donar a la Nación Argentina, para siempre, este recuerdo, quizá el más interesante que existe, de su valiente Libertador».

En un párrafo siguiente, Terrero explicitó: «Suplico a V.E. se digne aceptar la ofrenda que hago a la Patria en nombre mío, de mi esposa doña Manuela Rozas de Terrero y de nuestros hijos, y si bien en caso de ser aceptada la donación, nos fuera permitido expresar nuestro deseo en cuanto al destino que se le diera al sable, sería el que FUESE DEPOSITADO EN EL MUSEO HISTÓRICO NACIONAL, CON SU VAINA Y CAJA TAL CUAL FUE RECIBIDO EL LEGADO DEL GENERAL SAN MARTÍN». (Ob. Cit.)

Por decreto del 3 de marzo de 1897, firmado por el presidente Uriburu y refrendado por su ministro de Guerra y Marina, Guillermo Villanueva, se dispuso que el sable SE DEPOSITARA EN EL MUSEO HISTÓRICO NACIONAL. (Ob. Cit.)

Un día después, el 4 de marzo de 1897, la caja conteniendo el sable corvo desembarcó en Buenos Aires después de haber partido desde el puerto de Southampton en el «Danube» de la Royal Mail y luego trasbordado a la corbeta «La Argentina». El presidente Uriburu no concurrió al puerto para recibirlo ni tampoco lo hizo el máximo jefe del Ejército, en una actitud que se interpretó como un desagrado por el origen de quienes habían hecho la donación: los descendientes de Juan Manuel de Rosas.

Durante 66 años el sable del general San Martín permaneció expuesto en el Museo Histórico Nacional, lugar elegido además por su nieta, Mercedes Balcarce para donar el mobiliario del cuarto en el que falleció el Libertador que aún se conserva.

El día 12 de agosto de 1963, Osvaldo Agosto, Manuel Gallardo, Alcides Bonaldi y Luis Sansoulet, miembros de la Juventud Peronista liderada por el triunvirato conformado en ese entonces por Carlos Caride, Envar El Kadri, Jorge Rulli y Héctor Spina roban el sable del General San Martin, para protestar por las elecciones realizadas ese año con el peronismo proscripto y reclamar por el regreso del general Juan D. Perón, la devolución del cadáver de Evita, la ruptura con el F.M.I., el castigo a los fusiladores de 1956 y la libertad a los presos del Plan CONINTES de Arturo Frondizi.

La J.P. emitió un comunicado en el que declaró que «Desde hoy, el sable de San Lorenzo y Maipú quedará custodiado por la juventud argentina, representada por la Juventud Peronista». El 12 de octubre de ese año, con Arturo Illia en la presidencia, la JP difundió un segundo comunicado en el que amplió sus demandas exigiendo el castigo para los asesinos de Felipe Vallese, desaparecido y asesinado por la Unidad Regional de San Martín, de la policía bonaerense.

Esa misma Unidad fue la que secuestró a Agosto y a Gallardo para indagarlos por el robo del sable. Poco después, Aníbal Demarco a quien Agosto le había entregado el arma para que la ocultara, se reunió con el capitán Adolfo César Phillipeaux (militar peronista ligado al general Juan José Valle) y acordaron la devolución del sable para bajar la tensión y el acoso policial. Días más tarde, el sable es devuelto y se deposita transitoriamente en el Regimiento de Granaderos a caballo de Palermo. El Presidente Guido en una visita al Regimiento expresó «que no puede estar en mejores manos la custodia transitoria de esta sagrada reliquia histórica para nuestro país, que en este Regimiento Granaderos a Caballo» y posteriormente, el 17 de agosto de 1964, en virtud de un mandato judicial, se devolvió al MUSEO HISTÓRICO NACIONAL.

El 19 de agosto de 1965, cuatro miembros de la Juventud Peronista otra vez sustrajeron el sable del Museo Histórico Nacional. Permaneció escondido en un colchón en una guardería de muebles, hasta que el 4 de junio de 1966 fue devuelto al Ejército. (Tarruella, Alejandro. Historias secretas del peronismo. Editorial Sudamericana. Bs. As. 2007).

Por el decreto n° 8756/1967 del 21 de noviembre de 1967, el presidente de facto Juan Carlos Onganía dispone la guarda definitiva en el Regimiento creado por el Libertador en 1812. El decreto argumentaba la medida «en que corresponde confiar el sable del Libertador al Regimiento de Granaderos, por ser la unidad que creara y que más íntimamente está ligada en el sentir popular a su vida gloriosa» y fue refrendandado por Mariano Astigueta, Guillermo Borda, Julio Alsogaray y Antonio

Lanusse. Esta medida provocó la renuncia del entonces Director del Museo Histórico Nacional, alegando que «el cambio de custodia del sable corvo del Libertador lesiona principios legales e históricos que hacen a su posesión indiscutible por el Museo Histórico Nacional». De todos modos, el sable de San Martín siguió siendo custodiado en el Regimiento de Granaderos a Caballo, cumpliendo así el decreto del dictador Ongania.

El 20 de noviembre de 1973, ya en democracia, la Comisión de Legislación General de la Cámara de Diputados dictaminó aconsejando la sanción del Proyecto de Resolución presentado por el diputado Isidro Farías por el que se «devuelve al Museo Histórico Nacional el sable del Libertador General José de San Martín y deroga el decreto 8.756/67». Pero la ley jamás fue tratada en el recinto, y perdió estado parlamentario.

A través del Decreto 843 del 18 de Mayo de 2015 nuevamente se realizó el traslado al Museo Histórico Nacional para su exhibición permanente, quedando bajo custodia del Regimiento de Granaderos.

Democracia pobre y autoritarismo berreta, un bucle permanente del que los Argentinos no podemos salir, por ahora.

✍️ Editor www.infolaplata.com
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