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19 septiembre, 2020
Teletipo de Noticias

Sin techo y sin horizonte

Por Carlos A. Sortino 💻

La ‚Äúsoluci√≥n de mercado‚ÄĚ y la ‚Äúsoluci√≥n republicana‚ÄĚ para los ‚Äúsin techo‚ÄĚ son horizontes de expectativas frustradas desde el inicio.

Los cr√©ditos hipotecarios, p√ļblicos y privados, est√°n fuera de su alcance y no responden al viejo axioma que dice ‚Äúdonde existe una necesidad, nace un derecho‚ÄĚ. Porque este derecho es ‚Äúrepublicano‚ÄĚ, es decir, liberal: ‚Äúdonde existe una necesidad, nace un negocio‚ÄĚ. Y ese negocio, para los ‚Äúsin techo‚ÄĚ, se materializa por v√≠a judicial, con engorrosos y lent√≠simos tr√°mites burocr√°ticos que s√≥lo beneficiar√°n a los que tienen m√°s de un techo.

La toma de tierras no es un fen√≥meno reciente, aunque as√≠ lo parezca por arte medi√°tico y rebote pol√≠tico. Los medios tratan este tema, como cualquier tema, sin contexto y sin historia, o dentro de un contexto y una historia estigmatizantes para los ‚Äúsin techo‚ÄĚ. Y la respuesta pol√≠tica se ajusta a ese requerimiento.

Aqu√≠, en La Plata, por ejemplo hay barrios enteros que se iniciaron de ese modo hace m√°s de 20 a√Īos. El origen fue un asentamiento (o villa miseria, como quieran), pero hoy ya son barrios con casas ‚Äúcomo la gente‚ÄĚ, con casi todos los servicios (agua de red, luminaria p√ļblica, asfalto, cloacas, etc.) y sus habitantes son trabajadores ‚Äúregistrados‚ÄĚ.

Son miles de personas que sólo esperan un trámite (político, primero; judicial, después) que derive en la ansiada escritura, es decir, la propiedad legal de su terreno y su vivienda, que ya nadie reclama, ni siquiera el Estado, poseedor original de la mayoría de aquellas tierras.

Dicen que estas tomas est√°n impulsadas y amparadas por organizaciones pol√≠ticas, algunas de ellas, incluso, integrantes de la coalici√≥n gobernante. Y no lo dicen solamente los periodistas, sino tambi√©n, lo que es mucho m√°s grave, varios funcionarios de este gobierno, que reaccionan con ideas que ‚Äúpegan con el sentido com√ļn‚ÄĚ: agilizar el desalojo, quitar planes sociales a los ocupantes, calificar estas acciones (con raz√≥n ‚Äúrepublicana‚ÄĚ) como delitos que deben ser castigados y otras lindezas por el estilo.

Criminalizar parece ser la √ļnica respuesta a este fen√≥meno social, que ocurre por necesidad y no por una patol√≥gica inclinaci√≥n hacia la delincuencia de sectores empobrecidos. No hay motivaci√≥n pol√≠tica alguna que no se apoye en aquella necesidad. As√≠ que culpar a los organizadores viene a ser un remedio derechoso que desnuda la impotencia del Estado, gobierne quien gobierne, para resolver (o intentarlo, al menos) este estado de necesidad social.

Lo cierto es que la toma de tierras es tan antigua como la necesidad de cobijo y que el Estado no puede s√≥lo proponer estas instancias, porque tiene toda la informaci√≥n y todas las herramientas necesarias para resolver r√°pidamente las angustias de quienes √ļnicamente pretenden una vivienda que los abrigue.

Tiene el Estado, por ejemplo, la información sobre todas las viviendas ociosas y cuántas y cuáles de ellas se encuentran en esa condición por estar en alquiler, por estar en venta, por estar en sucesión o por estar inhabitables. Por lo tanto, también sabe el Estado cuántas y cuáles están ociosas, habitables y libres de aquellas barreras.

Hay en todo el pa√≠s unas dos millones de viviendas ociosas en total, de las cuales podemos calcular en la mitad las que podr√≠an ponerse a disposici√≥n de los ‚Äúsin techo‚ÄĚ. No estar√≠a mal para empezar, pero en lo √ļnico que se piensa es en ‚Äúincentivar‚ÄĚ a sus propietarios para que las ingresen al ‚Äúmercado‚ÄĚ.

La expropiaci√≥n por utilidad social (indemnizaci√≥n mediante, como marca la ley) o el ‚Äúacuerdo‚ÄĚ con sus propietarios para que las pongan a disposici√≥n del Estado (alquiler compulsivo mediante, por ejemplo), no encajan en la agenda oficial, porque nos convertir√≠amos en Valenzuela o porque estar√≠amos pasando por encima de la propiedad privada.

Pero estas son s√≥lo excusas para no trascender el campo ideol√≥gico hegem√≥nico. Ya lo dije antes: el Estado tiene todas las herramientas necesarias para ordenar pol√≠tica y jur√≠dicamente todo esto y comenzar a resolver no s√≥lo una necesidad social, sino tambi√©n una mentalidad pol√≠tica que la utiliza, por una parte, para sus propios fines, a trav√©s del padecimiento de los ‚Äútomadores de tierras‚ÄĚ, y, por otra parte, para sostener el ‚Äúsentido com√ļn‚ÄĚ dominante.

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