Trabajadoras y trabajadores. Tradiciones y rupturas

✍🏽 Por Carlos A. Sortino 💻

En el día de las trabajadoras y los trabajadores bien se podría exigir la universalización de su derecho de “participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección”.

No hace falta revolución ni reforma constitucional: tan sólo modificar la ley de contrato de trabajo, para reglamentar lo único que falta reglamentar del artículo 14 bis de la Constitución Nacional.

¿Condiciones objetivas desfavorables (correlación de fuerzas)? ¿Condiciones subjetivas también desfavorables (sentido común)? Sí, claro. Pero la realidad, como supongo que todos sabemos, no es un límite, sino un punto de partida.

Porque la única verdad es la realidad que se transforma. Sobre todo, para un gobierno nacional y popular. Por eso es que hay margen para activar nuestro derecho a la innovación política, es decir, hacer ahora lo que nadie quiso, pudo, supo o imaginó hacer antes.

Ello significa, en su sentido práctico, trascender los límites del republicanismo burgués y de lo políticamente correcto (y cómodo), explorar nuevas instancias de convivencia ciudadana, diseñar mecanismos institucionales originales y disponer (y pre disponer) hacia estas exploraciones al plantel burocrático permanente del Estado, a los funcionarios políticos y a la militancia organizada.

Tradiciones

Todo ello se comprende desde el origen: el “concierto capitalista” no es sólo dominación económica. Su complejo institucional, llamado República, fue ideado y materializado como constitución y soporte de: a) un orden jurídico que legaliza el control oligopólico de la economía; b) una organización política que subordina las necesidades y expectativas del pueblo a los intereses de ese oligopolio; y c) un sentido común estructurado para naturalizar aquel control y esta subordinación. Esa es la tradición.

Ello significa que el sentido común es fundamental para mantener el control y la dirección del sistema, aun cuando no se tengan las riendas formales del gobierno del Estado. ¿Por qué, si así no fuera, la clase dominante invertiría en todo el mundo millones de dólares en crear y sostener un sentido común favorable a sus intereses (condiciones subjetivas), a través de medios, redes y demás “industrias culturales”, aun cuando concentra todo el poder económico (condiciones objetivas)?

¿De dónde salen esos millones de dólares? Del sistema de producción de bienes y servicios. Este sistema, sostenido y desarrollado por trabajadoras y trabajadores, genera una riqueza multimillonaria y no es necesaria su reinversión total en el mismo proceso. Entonces hay que usar el “sobrante” de una manera estratégica: es decir, no sólo para multiplicar ese dinero ocioso (a través del sistema financiero), sino, fundamentalmente, para multiplicar el poder (a través de las “industrias culturales”).

Así es que las corporaciones transnacionales y el crimen organizado, en necesaria asociación, conducen el mundo y los gobiernos son sus administradores. Pocos luchan contra ese imperio y por hacerlo deben soportar sus formidables ataques como pueden, padeciendo la degradación, la humillación, el aislamiento, cuando no sus misiles portadores de libertad y democracia.

Rupturas

El artículo 14 bis de la Constitución Nacional ofrece de que aquel “sobrante” sea redireccionado, al menos parcialmente. El “ajuste de coherencia” entre ella y la ley de contrato de trabajo implica unas “pequeñas” modificaciones en muy pocos artículos.

Se podría proponer, por ejemplo, que las facultades de dirección del empleador se ejerzan con control de la producción y colaboración en la dirección por parte del trabajador, representado por su organización gremial de base.

Se podría proponer, por ejemplo, que la facultad de modificar las formas y modalidades del trabajo, sea tomada por el empleador y la representación gremial, conjuntamente y a iniciativa indistinta.

Se podría proponer, por ejemplo, que, en materia de facultades disciplinarias, ellas sean tomadas en forma conjunta por el empleador y la representación gremial.

Y se podría también proponer, por ejemplo, que al salario convenido para el trabajador se le sume el monto que le corresponda por su participación en las ganancias.

Claro que también resulta necesario, para no ser tan brutos, determinar a qué tipo de empresas se le debería aplicar este ajuste de coherencia y no dejarlo solamente como posible resultado de paritarias, las que sí podrían ser el mecanismo de acuerdo para decidir el porcentaje de las ganancias que les correspondan a los trabajadores, con un piso común fijado en la ley de contrato de trabajo.


✍🏽 Carlos Sortino 💻

Director general de Presupuesto Participativo de la Municipalidad de La Plata entre 2008 y 2013.

Presidente de la Red Argentina de Presupuestos Participativos, de la que también fue fundador

Recibió la Distinción a la Buena Práctica en Participación Ciudadana, que otorga el Observatorio Internacional de la Democracia Participativa, un organismo de la Unión Europea…

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