Un libro recupera los textos irreverentes que Nora Ephron escribió antes de morir

Fresco, liviano y honesto, “No recuerdo nada”, de la periodista y guionista Nora Ephron, conocida por su labor en films como «Cuando Harry conoció a Sally» o «Sintonía de amor», invita a recorrer una serie de postales de época que van desde los días de ejercicio del periodismo en los 60, aquella década de oro en las redacciones estadounidenses y la crítica a la absurda gastronomía neoyorquina de vanguardia, a sus fracasos sentimentales y el miedo más abyecto a envejecer.

Publicado dos años antes de su muerte prematura en 2012 y recientemente editado en España por Libros del Asteroide, el libro recupera la vida de Ephron (Nueva York, 1941-2012). La autora conoció a Eleanor Roosevelt, fue la hija de una pareja de Nueva York que escribió guiones para Katherine Hepburn y Spencer Tracy y becaria en la Casa Blanca de Kennedy, estuvo casada con Carl Bernstein -uno de los periodistas del Watergate- y escribió películas como «Julie & Julia» y “Tienes un email” pero, más allá de la biografía, “No recuerdo nada” privilegia un mirada ácida, lúcida y poco auto condescendiente.

Tres veces nominada al Oscar al mejor guion, Ephron mostró a mujeres fuertes e independientes que se adelantaron a la época, como la activista antinuclear que interpretó Meryl Streep en “Silkwood”, dirigida por Mike Nichols. Pero también reinventó la comedia romántica en películas como “Cuando Harry encontró a Sally” de Rob Reiner, o la comedia romántica “Algo para recordar”, protagonizada por Tom Hanks y Meg Ryan, la pareja que volvió a unir en “Tienes un e-mail”.

“No me acuerdo nada” recupera algo del registro fresco y liviano de los diálogos de aquellas películas cuando la autora expone su vulnerabilidad al hablar de sus divorcios, de cuánto la perturba el remolino que desordena el pelo de su cabeza, cuando confiesa su adicción a un juego online o cuenta algunos fracasos laborales y del miedo a envejecer. Y si bien se usa a sí misma como materia prima para elaborar esta veintena de textos, su arte consiste en evadir el gesto narcisista y el comentario superficial.

La autora también parece empeñada en advertir todo lo azaroso que es el éxito. Recuerda que cuando murió su tío Hal -el hermano de su madre, un hombre rico y distante- especuló durante meses con una herencia que la liberara de terminar un guion que había aceptado escribir por dinero. Pero la suma que le tocó solo alcanzó para comprar un cerezo y se vio obligada a terminar de escribir otro guion, el de “Cuando Harry encontró a Sally”, una comedia romántica que cambió el género y sentó las bases de lo que vendría después.

Protagonista de los años dorados del periodismo norteamericano e integrante del elenco estable del mundillo cinematográfico durante varias décadas, Ephron permanece en cada texto fiel a lo que le dicta su intuición, el gusto personal o incluso el capricho. “Fui a muchos conciertos de rock legendarios. Y estuve todo el tiempo pensando cuándo terminarían y dónde iríamos a cenar después, y si el restaurante seguiría abierto para entonces y qué pediría”, confiesa.

En el capítulo “Periodismo: una historia de amor”, la autora recrea sus comienzos en el oficio, a principios de la década del 60, en redacciones llenas de posibilidades en Newsweek y el Post, repletas de periodistas apasionados por su carrera. “Estuve enamorada del periodismo muchos años. Me encantaba la sala de la sección local. Me encantaba el lote completo. Me encantaba fumar, beber whisky escocés y jugar al póquer. No sabía de nada y había elegido una profesión que no requería saber demasiado. Me encantaba la velocidad. Me encantaban los plazos de entrega. Me encantaba que se utilizara un periódico del día anterior para envolver el pescado. `Una historia así no se puede inventar», era una frase que yo decía a menudo», recupera sobre los años que le dedicó a la profesión.

Junto al relato de la pasión laboral, recupera también el de la pasión amorosa: “Me casé con un periodista y no salió bien. Pero luego me casé con otro y sí”. Fue esa misma reflexión la que la guió a publicar en 1983 la novela “Heartburn”, en la que ficcionaliza la historia de su matrimonio con Carl Bernstein, unos de los periodistas del caso Watergate y que le permitió contarle al gran público cómo Bernstein, un héroe nacional, era en la intimidad un impresentable. “Mi religión es: Supéralo. Transformé aquello en una historia divertida. Escribí una novela. Con el dinero que gané con la novela me compré una casa. Dicen que con el tiempo el dolor se olvida. Es el cliché del parto: el dolor se olvida. No comparto esa opinión. Me acuerdo del dolor. Lo que se olvida en realidad es el amor. El divorcio ha durado mucho más que el matrimonio, pero por fin ha terminado”, reflexiona en “No me acuerdo de nada”.

Ephron llevó la leucemia con discreción y para muchos su muerte fue un shock porque solo la familia y los amigos más cercanos sabían que tenía cáncer. Dos años antes del final, dejó en las páginas de «No me acuerdo de nada» el testimonio de cómo esperó ese final: “Darme cuenta de que me quedan solo algunos años buenos me ha impactado y me ha dado mucho que pensar. -cuenta en un capítulo que dedica a lo irremediable de envejecer-. Me gustaría haber encontrado alguna revelación profunda, pero no. Intento descubrir cada día qué me interesa hacer en realidad. Me digo: si este es uno de los últimos años de mi vida, ¿estoy haciendo realmente lo que quiero?».

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