Vanina Colagiovanni: «Dejé de creer en la rigidez de un ‘yo’, en especial en situaciones de crisis»

Como si pudieran leerse en clave de novela, los relatos que integran «Seamos felices acá», el primer libro de cuentos de la poeta y editora Vanina Colagiovanni, despliegan un universo narrativo muy contemporáneo, que ensaya distintos puntos de vista pero donde predomina una voz principal, la de una mujer que se va reinventando lentamente a partir de una ruptura, dando lugar a una escritura íntima y audaz que reivindica la posibilidad de la fuga como exploración.

Publicado por Rosa Iceberg, «Seamos felices acá» es un libro que desgrana experiencias, registra estados y se hace preguntas desde el cuerpo de una mujer en diferentes etapas, aunque no es solo esa voz porque Colagiovanni también introduce un relato cuya narradora es una tetera, testigo material del tironeo en la división de bienes tras la separación. El ritmo, esa respiración que envuelve a todas estas voces en una misma voz, está más en las formas, en cómo se cuenta y desde dónde se mira.

Así, hay relatos que registran las aventuras sexo afectivas abriendo el plano a un despertar sexual; está también la maternidad y una mujer que se encuentra en ese rol desde otra posición -como un cuento sobre las primeras vacaciones con su hijo en la casa de una tía, donde se refugian de un tornado- o ese momento tan ínfimo como crucial del pase manos del niño de un hogar a otro. Está el tiempo que transcurre cuando no se es madre ni esposa y se escurre entre pensamientos y seducciones que, a veces, no van hacia ningún lado.

Está el miedo y el recuerdo de un episodio doloroso pero también ese estado del todo por delante, como en la adolescencia. «Una muchacha, una chica, digamos más bien, es una hoja que mece el viento y va planeando despacio, se sostiene como si volara desde la copa hasta el suelo», escribe en «Un hoja que cae». Y fundamentalmente está la reinvención, esa apertura que significa una ruptura para volver armarse de a poco, aún manteniendo distancia con mandatos que apunten a asumir más presiones. Este libro está escrito, como sugiere su contratapa, desde el registro rabioso: habilitando los dilemas, reconociendo las violencias, saliendo del molde del deber ser, en comunión con las pares. En definitiva, desde el feminismo.

«Estos temas intervienen porque soy feminista y mujer y todos estas preguntas me atraviesan», sostiene Colagiovanni, que también es editora de Gog & Magog y desde hace menos de dos años cofundó Cúmulus Nimbus. El posicionamiento viene como advertencia: «Estoy a favor de la literatura que no necesita mostrar temas ‘correctos’. No me interesan los libros que ponen los temas por delante de la escritura. Valoro los textos en los que leo una buena prosa, trabajada, y en los que siento que lo que se dice es urgente para quien lo escribe, sea cual sea el tema que toquen».

«Seamos felices acá» puede leerse en afinidad con otra obra de poemas que salió hace poquito de la misma autora, «Una no elige cuándo caerse», publicada a fines del año pasado por Caleta Olivia.

«Los libros muchas veces se alimentan unos de otros. La lectura y escritura de poesía se mezclan todo el tiempo. Paso de un género al otro y creo que los mejores libros toman ‘trucos’ de los otros géneros» VANINA COLAGIOVANNI

-Télam: Es tu primer libro de relatos ¿cómo se encontraron estos textos?

-Vanina Colagiovanni: 
Estaba con Uriel Kon, un amigo editor de Israel que había venido de visita a Buenos Aires y él me preguntó qué andaba escribiendo. Le conté que estaba muy dispersa con algunos relatos iniciados pero no terminando ninguno: un cuento de una familia que vive en la oscuridad, otro en una fábrica, una historia de amor y sexo entre dos mujeres. Me dijo que si terminaba la historia de las dos chicas lo publicaba en una antología de cuentos eróticos que estaba armando. Sentí crecer el entusiasmo y la fecha de entrega me ayudó muchísimo. Me encerré con el ventilador al máximo para escribirla abajo del calor de diciembre. A las dos semanas había terminado el relato y se lo mandé. Me dijo: tenés tiempo, escribite otro. Y seguí. Después me dio la idea de hacer un libro de relatos del año posterior a una separación, así que a él le debo el impulso inicial.

Después de los primeros dos relatos los demás fueron surgiendo muy rápido y conectándose entre sí velozmente también. Hay algunas personas que me dicen que lo leen como una novela. Si es una novela o si son relatos individuales creo que es más un efecto de la lectura que una decisión previa.

-T: Hay un hilo que las atraviesa, a pesar de que las voces cambian: esas vidas de una mujer, en su adolescencia, como madre, amante, divorciada, trabajadora, amiga ¿puede leerse como una misma protagonista o como una constelación de estados?

-V.C:
 Sí, puede leerse como un mismo personaje. Me gusta esa idea de la constelación de estados para describir a una persona porque finalmente eso somos, una nebulosa que por momentos se condensa en un sentido y por momentos en otro. Dejé de creer en la rigidez de un «yo», en especial en situaciones de crisis profunda, hay un estado de reinvención muy poderoso, vinculado tanto con el dolor como con la libertad y con la acción.

También busqué que los relatos pudieran leerse por separado, que tuvieran autonomía. Como las conexiones aparecían muy rápidamente entre los textos, el trabajo más fuerte de corrección para mí fue tratar de volverlos distintos, de probar diferentes tonos, escribir algunos en tercera persona y encontrar distintas voces o variantes. Por ejemplo, hay uno narrado desde la perspectiva de un objeto, otro contado desde el punto de vista del padre y del hijo, otro bien breve sobre una adolescente.

-T: Se despliegan zonas relacionadas con un signo de época: las formas de vincularse sexo afectivamente, el destierro de la lógica heterosexual, la ruptura del matrimonio, exploraciones sin tabúes ni definiciones taxonómicas ¿te interesaba indagar en estos temas?

-V.C:
 Esta lectura no la tuve en cuenta al sentarme a escribir. Al momento de narrar no pensé ni decidí algo al respecto, fue muy inconsciente, el libro salió de un lugar de exploración muy profundo, de las tripas te diría. En todo caso, lo que sí recuerdo es que la búsqueda fue, más que nada, como me había pasado con el primer cuento, no omitir la sexualidad, no sugerirla pudorosamente sino que surgiera todo, explayarme en lo que fuera brotando, describir ese estado de manía, liberador y que consume mucha energía, que se vive en los primeros momentos en los que se deja atrás una pareja de muchos años.

-T: El imaginario relativo al divorcio está poblado de imágenes de mujeres estresadas en rol de madres, en cambio estos relatos revelan una cuestión más íntima de esa reformulación ¿cómo lees esa distancia con el estereotipo?

-V.C: 
No quería hablar de cómo es una mujer separada sino de un núcleo de emoción particular, de una sensibilidad que se pone en juego en ese momento. Y claro, al escribir una busca salir del estereotipo y de la imagen automática o previsible, porque para aburrirnos ya tenemos la vida en pandemia.

Le pregunté a Marina Yuszczuk, mi editora, si le parecían excesivas las escenas sexuales y ella me dijo que no, que veía que una de las particularidades del libro es que no solo trata de la exploración emocional de una separación sino también de esta especie de explosión sexual, que eso es muy potente en una autora mujer, y sobre todo teniendo en cuenta que el personaje es una madre.

-T: Hay una suerte de reivindicación de la fuga, así como también del despojo, como si en un momento no hubiera mucho más que perder pero no porque esta narradora esté deprimida, más bien porque eso le permite fluir, probar, reinventarse.

-V.C: 
Es un interrogante que surge en algún momento en el libro o que queda flotando ¿Quién soy cuando no soy madre, no soy esposa? ¿Qué rasgos eran míos? ¿cuáles eran del armado en el que estaba? ¿hay algo que me constituye o todo está por verse? ¿cómo soy cuando no estoy afectada a terceros? ¿Cuál es mi forma de saltar al vacío? Una persona puede moverse durante muchos años en una dirección, como sobre un riel, sin hacerse cuestionamientos, en determinado momento una crisis vuela todo por el aire y es como si alguien hubiera descorrido una cortina y nos encontráramos de frente con un montón de preguntas.

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