✍️ Por Carlos Raimundi 📰
Todo militante de una fuerza de mayorías cree que las transformaciones más profundas se logran desde un gobierno nacional y popular, y por lo tanto está convencido de que hay que volver al gobierno.
Desde esta base, es necesario sumar fuerzas, ensanchar los espacios políticos. Eso está claro.
¿Quién podría dudar que si me preguntan si quiero ser parte de un espacio pequeño y sectario o de una fuerza grande y abarcadora, respondo por esto último?
Por eso, no necesito que nadie me convenza del valor de la amplitud de nuestra convocatoria y de la mayor unidad posible del peronismo.

Pero viendo lo que dice el periodista Sebastián Lacunza en su tweet (y que está chequeado), reafirmo una vez más que es imprescindible que nos dejemos de embromar con internas dentro del mismo espacio, donde todas y todos pensamos igual, venimos de la misma experiencia de gobierno (2003-2015) y representamos a la misma base social y a la misma base militante, una interna que nadie entiende y que nadie quiere.
Y que sepamos que nuestros límites están en posiciones como las expresadas por Jalil y Weretilnek, entre otros.
Porque la unidad no es verdadera ni fortalecería a nuestro gobierno ni a nuestra soberanía, si pactamos con quienes ven con simpatía a una potencia que provoca guerras, bloqueos, crisis humanitarias, califica como propios a nuestros recursos estratégicos, usurpa nuestro Atlántico Sur, interviene en nuestros asuntos internos.
Eso no es unidad, sino el certificado de defunción anticipado de un futuro gobierno, y la antesala de una nueva frustración popular y de una nueva restauración de la derecha.


