EL NUEVO CONSENSO DE WASHINGTON

✍️ Por Lic. Alejandro Marc贸 del Pont 💻

En Washington todav铆a no tienen motivos para sospechar que los pueblos pobres no prefieren ser pobres

La econom铆a moderna del lado de la oferta es una de las patas del Nuevo Consenso de Washington, que no est谩 dise帽ado, al igual que el anterior, para mejorar las econom铆as y el medio ambiente en el mundo, sino que su nuevo dise帽o tiene una estructura poco novedosa basada en sostener el capitalismo estadounidense en casa y el imperialismo en el extranjero. El impacto y las connotaciones de este nuevo consenso intentar谩n asfixiar al sur global y Am茅rica Latina en especial.

Para comprender lo que viene para el mundo, algo as铆 como un remake o reedici贸n del Consenso de Washington, hay dos discursos centrales que lo explican, ambos con connotaciones mundiales, uno interno, para la econom铆a americana, acerca de las virtudes de 鈥la econom铆a moderna del lado de la oferta鈥 de la actual Secretaria del Tesoro de EE.UU. y ex presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, en un discurso ante el Instituto de Investigaci贸n de Pol铆tica Econ贸mica de Stanford. El segundo, la idea de una pol铆tica econ贸mica m谩s amplia, o la direcci贸n que tomar铆a integrar m谩s profundamente las pol铆tica interna y la pol铆tica exterior estadounidense, expuesta por el Asesor de la econom铆a moderna del lado de la oferta Jake Sullivan, en su discurso sobre la Renovaci贸n del Liderazgo Econ贸mico Estadounidense en la Instituci贸n Brookings, donde explic贸 lo que se dar铆a en llamar el Nuevo Consenso de Washington.

Comenzaremos por el segundo punto, que dar谩 el marco y la visi贸n de este nuevo consenso. La idea se expone conceptualmente con la siguiente l贸gica. Despu茅s de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos lider贸 un mundo fragmentado para construir un nuevo orden econ贸mico internacional. Desde Washington se cree que este proceso ayud贸 a los Estados Unidos y a muchas otras naciones del mundo a alcanzar nuevos niveles de prosperidad. En las 煤ltimas d茅cadas se revelaron grietas en esos cimientos. Una econom铆a global cambiante dej贸 atr谩s a muchos trabajadores estadounidenses y sus comunidades. Aqu铆 se marcan dos hitos o bisagras de este proceso: la crisis financiera que sacudi贸 a la clase media (2008-2010) y la pandemia que expuso la fragilidad de las cadenas de suministro. La invasi贸n rusa de Ucrania es la frutilla del postre.

Los Estados Unidos consideran que el mundo les exige que forjen un nuevo consenso, y las definiciones en las que se basa no disimulan sus intenciones. Esta estrategia construir谩 un orden econ贸mico global m谩s justo y duradero, para nuestro beneficio y el de las personas de todo el mundo. Sullivan expone lo que est谩n tratando de hacer. Y comienza definiendo cuatro desaf铆os que deben enfrentar, a saber:

  • Primer desaf铆o: la base industrial de Estados Unidos ha sido vaciada.
  • Segundo desaf铆o: un nuevo entorno definido por la competencia geopol铆tica y de seguridad, con importantes impactos econ贸micos.
  • El tercer desaf铆o es una crisis clim谩tica acelerada y la necesidad urgente de una transici贸n energ茅tica justa y eficiente.
  • El cuarto, el desaf铆o de la desigualdad y su da帽o a la democracia.

El primer desaf铆o, el vaciamiento de la industria americana, se basa en la falta de inversi贸n. Seg煤n el gobierno del presidente Biden, la visi贸n de la inversi贸n p煤blica que hab铆a energizado el proyecto estadounidense en los a帽os de la posguerra se desvaneci贸, y esto dio paso a un conjunto de ideas que defend铆an la reducci贸n de impuestos y la desregulaci贸n, la privatizaci贸n sobre la acci贸n p煤blica y la liberalizaci贸n del comercio como un fin en s铆 mismo. Esta es, como veremos, el n煤cleo del antiguo Consenso de Washington, que en la Argentina actual est谩 representado por la mayor铆a de los partidos pol铆ticos que contienden por la presidencia.

Sigamos la l贸gica del Asesor de Seguridad Nacional americano, porque su razonamiento es, letra por letra, el de la derecha argentina desde 1990. En el caso del Asesor de Seguridad se marcan los errores, o sea, la casa matriz expone su visi贸n equivocada: se supon铆a que los mercados siempre asignan el capital de manera eficiente, sin importar lo que hicieran nuestros competidores. 鈥Pero en nombre de la eficiencia del mercado, lo simplificamos en exceso, cadenas de suministro completas de bienes estrat茅gicos, junto con las industrias y los empleos que los produc铆an, se trasladaron al extranjero. Y el postulado de que una profunda liberalizaci贸n del comercio ayudar铆a a Estados Unidos a exportar bienes, no empleos ni capacidad, fue una promesa que se hizo pero no se cumpli贸. Es decir, el mercado prefer铆a obtener beneficio mudando las empresas y el trabajo al extranjero. Y, aunque suene rid铆culo, el mercado optaba por los beneficios en la cadena de valores; est谩 de m谩s decir que no era el mercado, si las multinacionales.

El segundo desaf铆o fue adaptarse a un nuevo entorno definido por la competencia geopol铆tica y de seguridad, con importantes impactos econ贸micos. El orden global ser铆a m谩s pac铆fico y cooperativo, y llevar铆a a los pa铆ses al orden 鈥渂asado en reglas鈥, e incentivar铆a a que se adhieran a ellas, no que las cuestionaran. Lo cierto es que China, una gran econom铆a sin mercado, se hab铆a integrado al orden econ贸mico internacional de una manera que planteaba desaf铆os considerables. La Rep煤blica Popular China continu贸 subsidiando a gran escala tanto los sectores industriales tradicionales, por ejemplo, el acero, como las industrias clave del futuro, la energ铆a limpia, la infraestructura digital y las biotecnolog铆as avanzadas. Estados Unidos no solo perdi贸 la fabricaci贸n sino que erosion贸 su competitividad en tecnolog铆as cr铆ticas que definir铆an el futuro.

El resultado, el ascenso de China con un gobierno y una econom铆a que, despu茅s de 2010, ampli贸 su participaci贸n mundial. Las cifras del Banco Mundial del cuadro hablan por s铆 solas. La participaci贸n de EE.UU. en el PIB mundial aument贸 del 25% al 30% entre 1980 y 2000, pero en las dos primeras d茅cadas del siglo XXI volvi贸 a caer por debajo del 25%. En esos veinte a帽os, la participaci贸n de China creci贸, de menos del 4% a m谩s del 17%, es decir, se cuadruplic贸. La participaci贸n de otros pa铆ses del G7 (Jap贸n, Italia, Reino Unido, Alemania, Francia, Canad谩) cay贸 considerablemente, mientras que los pa铆ses en desarrollo (excluida China) se han estancado como parte del PIB mundial, y su participaci贸n cambi贸 con los precios de las materias primas y las crisis de deuda.

El tercer desaf铆o que enfrentamos fue una crisis clim谩tica acelerada y la necesidad urgente de una transici贸n energ茅tica justa y eficiente. Biden cree que construir una econom铆a de energ铆a limpia del siglo XXI es una de las oportunidades de crecimiento m谩s importantes del siglo, pero que para aprovecharla, Estados Unidos necesita una estrategia de inversi贸n pr谩ctica y deliberada para impulsar la innovaci贸n, reducir los costos y crear buenos empleos. La ley contra la inflaci贸n se encargar谩 de aumentar la inversi贸n y destruir la industrializaci贸n europea.

Finalmente, est谩 el desaf铆o de la desigualdad y su da帽o a la democracia, que ya no es un problema de la sociedad, es una idea de las 茅lites. El crecimiento, facilitado por el comercio, supon铆a el gobierno estadounidense, tendr铆a un crecimiento inclusivo, ya que las ganancias del intercambio terminar铆an siendo ampliamente compartidas dentro de las naciones. Pero el hecho es que esas ganancias no llegaron a muchos trabajadores. La clase media estadounidense perdi贸 terreno mientras que a los ricos les fue mejor que nunca. Id茅ntica lectura se podr铆a hacer para el modelo extraccioncita argentino, el comercio exterior de granos no solucion贸 la apropiaci贸n de d贸lares ni la multiplicaci贸n de empleo y al parecer tampoco lo har铆a, o seguir铆a el ejemplo americano, en energ铆a y miner铆a.

La Secretaria del Tesoro de EE.UU., por su parte, explic贸 el t茅rmino 鈥渆conom铆a moderna del lado de la oferta鈥, la cual describe la estrategia de crecimiento econ贸mico de la administraci贸n BidenCon lo que realmente estamos comparando nuestro nuevo enfoque es con la tradicional 芦econom铆a del lado de la oferta禄, que tambi茅n busca expandir la producci贸n potencial de la econom铆a, pero a trav茅s de una desregulaci贸n agresiva combinada con recortes de impuestos dise帽ados para promover la inversi贸n de capital privado禄.

La econom铆a tradicional del lado de la oferta fue ideada como expresi贸n por Heber Stein en 1976. Y A.B. Laffer fue uno de sus principales te贸ricos y conceptualizador de la curva que lleva su nombre, y que propone que a menores impuestos se da un mayor crecimiento y mayor recaudaci贸n fiscal. Teor铆a que fracas贸 en todas partes, pero que apoy贸 la privatizaci贸n y las medidas de desregulaci贸n, populariz谩ndose durante la administraci贸n de Margaret Thatcher en el Reino Unido y la presidencia de Ronald Reagan. Este 煤ltimo us贸 dicha teor铆a como la base de su pol铆tica econ贸mica (reagonomics) con lo que confront贸 a los dem贸cratas neokeynesianos.

Los economistas puros del lado de la oferta enfatizan la inversi贸n en capital, menores impuestos y el comercio sin restricciones (desregulaci贸n y apertura comercial o globalizaci贸n), como las mejores formas de promover el crecimiento econ贸mico, tomando como base la Ley de Say, 鈥渓a oferta crea su propia demanda鈥, haspecto teorico en el que omiten que el dinero es neutro, es decir, todo lo que vendo est谩 atado a la compra de otro bien que necesito. Contrasta con la visi贸n keynesiana con 茅nfasis en la demanda. Esta es la pol铆tica neocl谩sica utilizada por Menem en Argentina, Cardozo en Brasil, el PRI en M茅xico, etc.

Por qu茅 Yellen descarta el antiguo enfoque del consenso de Washington, que dej贸 la d茅cada perdida en los 80 para Am茅rica Latina, o la venta del patrimonio nacional en los 90: 鈥Nuestro nuevo enfoque es mucho m谩s prometedor que la antigua econom铆a del lado de la oferta, que considero una estrategia fallida para aumentar el crecimiento. Los importantes recortes de impuestos sobre el capital no han logrado las ganancias prometidas. Y la desregulaci贸n tiene un historial igualmente pobre en general y con respecto a las pol铆ticas ambientales, especialmente para la reducci贸n de las emisiones de CO2芦.

驴C贸mo se hace esto? B谩sicamente, mediante subsidios gubernamentales a la industria, no mediante la propiedad y el control de sectores clave del lado de la oferta. Seg煤n la Secretaria del Tesoro: 鈥渓a estrategia econ贸mica de la administraci贸n Biden adopta, en lugar de rechazar, la colaboraci贸n con el sector privado a trav茅s de una combinaci贸n de incentivos mejorados basados 鈥嬧en el mercado y gasto directo basado en estrategias comprobadas emp铆ricamente. Por ejemplo, un paquete de incentivos y reembolsos para energ铆a limpia, veh铆culos el茅ctricos y descarbonizaci贸n incentivar谩 a las empresas a realizar estas inversiones cr铆ticas鈥.  Y gravando a las corporaciones, tanto a nivel nacional como a trav茅s de acuerdos internacionales, para detener la evasi贸n en para铆sos fiscales y otros trucos de ocultaci贸n de impuestos corporativos.

La econom铆a de la oferta moderna y el Nuevo Consenso de Washington combinan la pol铆tica econ贸mica nacional e internacional para las principales econom铆as capitalistas en una alianza de los dispuestos. Pero este nuevo modelo econ贸mico no ofrece nada a aquellos pa铆ses que enfrentan niveles de deuda crecientes y costos de servicio que est谩n llevando a muchos a la mora y la depresi贸n.  

Con crisis de deuda que est谩 en puerta, los gobiernos se tienen que endeudar m谩s para subsidiar a las empresas privadas, gravarlas y asociarse, cuando sea el caso, para producir, transportar y garantizar los recursos necesarios para la transformaci贸n energ茅tica del primer mundo. El problema es que durante los 煤ltimos 270 a帽os, Europa y Am茅rica del Norte han contribuido con m谩s del 70% del stock de gases de efecto invernadero. Esto tambi茅n ha agotado casi todo el presupuesto de carbono del planeta, como si existiera un techo de deuda de carbono. Pero hoy en d铆a, seg煤n Martin Wolf, del Financial Times, los pa铆ses emergentes y en desarrollo generan alrededor del 63% de las emisiones, si se incluye China, si se la saca, Am茅rica Latina no tiene incidencia, pero es una proporci贸n que est谩 destinada a crecer.

De ello se deduce m谩gicamente que no solo debe haber grandes recortes en las emisiones, sino que una gran parte de esos recortes, particularmente en relaci贸n con la tendencia, deben ser realizados por pa铆ses emergentes y en desarrollo. Para lograr esto, la inversi贸n en la transici贸n verde en estos pa铆ses (aparte de China) debe alcanzar unos 2,4 billones de d贸lares al a帽o (6,5% del producto interno bruto) para 2030.

Es decir, los pa铆ses ricos, que se volvieron potencias a costa de la explotaci贸n de recursos naturales, explotaci贸n de trabajadores y degradaci贸n del medio ambiente, deben ayudar a los pobres del tercer mundo a no contaminar con cr茅ditos o alg煤n tipo de l谩tigo verde que nos discipline, 驴驴a cambio de qu茅??

A pesar de la claridad y de la transparencia con la que se expresan, difunden y comentan sus pensamientos fracasados de d茅cadas atr谩s, estos han vuelto a resurgir. 驴Por qu茅 los mismos creadores de la desigualdad le pondr铆an ahora remedios? 驴Por qu茅, como dice el fil贸sofo Byung鈥揅hul Han, no se puede hacer una revoluci贸n con semejante desigualdad? Han entiende que el poder neoliberal es tan estable y no tiene resistencia y gana adeptos en el mundo, por varios motivos que aclararemos. Pero creo que hay dos niveles, el primer mundo, para el que habla Han, y un tercer mundo, como lo demuestra los casos de Jujuy en Argentina, Ecuador o Per煤 donde la represi贸n para estabilizar el sistema todav铆a se necesita.

Hay una parte de la sociedad que ya no es m谩s representativa de la clase trabajadora, son se帽ores y ciervos al mismo tiempo, no hay lucha de clases en el primer mundo, no se distingue el rival, no se sabe qui茅n es el malvado y quien el explotado o quien el c谩ndido trabajador abusado. La lucha de clases es contra uno mismo, por no ser lo suficientemente emprendedor, por no trabajar m谩s horas, por no adaptarse al nuevo futuro, etc.; el fracaso es de uno, la sociedad, las leyes, las acciones pol铆ticas de exclusi贸n nada tienen que ver. En Am茅rica, todav铆a se puede protestar contra la sociedad que nos excluy贸, contra las pol铆ticas de marginalidad, contra la explotaci贸n y en favor de derechos. Pero ser铆a luchar contra lo que Adam Tooze denomina policrisis: deuda, energ铆a, econom铆a, y sobre todo democracia, que ha quedado excluida de los votantes, es s贸lo un problema de las elites.

El nuevo consenso es tan absurdo, excluyente y concentrador, como el anterior. La diferencia en este caso es qui茅n pagar谩 los platos rotos. Sin duda, ser谩 la clase media.

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