Desde 1991, el proyecto cultural de la emblemática librería Rayuela sostiene un espacio de encuentro a través de la narración oral y la literatura infantil. “La librería no se pensó como un negocio, sino como una casa de puertas abiertas”, afirmaron sus fundadoras.
En una esquina de Plaza Italia, en La Plata, existe un emblematico espacio cultural donde las historias no solo se venden: se cuentan y se comparten. Se trata de Rayuela, una librería con más de tres décadas de historia que nació con una visión pionera: convertirse en un espacio cultural abierto a grandes y chicos.
La actividad de narración oral “Cuento Encuentro”, que comenzó en 1991, sigue viva hasta hoy. En diálogo con INFOLAPLATA las fundadoras y narradoras María Rosa Bordagaray, Elizabeth Pintus junto a Mónica Elicabe repasaron los orígenes, el presente y el espíritu de un proyecto que marcó un antes y un después en el vínculo entre literatura y comunidad.
“Empezamos a contar cuentos para chicos todos los viernes, desde el año 91. Después lo hicimos los primeros viernes de cada mes, y como veíamos tanto entusiasmo, también empezamos a contar para adultos. Nunca se interrumpió la actividad”, recuerdó María Rosa Bordagaray.
El grupo, formado por cinco mujeres y bautizado como Cuento Encuentro, se convirtió en el corazón que impulsó una idea ambiciosa, construir comunidad a través de la palabra. “Siempre estuvimos seguras de que a través del cuento nos podíamos encontrar con el otro”, sostuvieron.
Rayuela no solo fue un proyecto independiente sino también, fue la primera librería del país que destinó un espacio exclusivo a la literatura infantil, cuando el género apenas comenzaba a desarrollarse en Argentina.
“Nosotras éramos maestras, y por eso la intención original fue abrir una librería infantil. Después se fue ampliando, pero la idea fue siempre crear un espacio para los niños. Hoy todas las librerías tienen sector infantil, pero Rayuela fue la primera”.
La filosofía de Rayuela se expresó desde el comienzo también en lo físico. “Raúl, uno de los fundadores, decía que una librería no puede tener la puerta cerrada. Así que, incluso en invierno, la puerta siempre estaba abierta. Era una librería pensada para estar con la gente, para que la gente se quede, mire, pregunte”.
Con el correr de los años, Rayuela se transformó en mucho más que un comercio de libros: fue sede de actividades culturales, ferias escolares, y semillero de lectores. “Nos propusimos ser formadores de lectores, y con mucho trabajo creo que lo logramos”, destacaron.
A más de treinta años de su fundación, Rayuela mantiene su impronta formando lectores, abriendo puertas y apostando tanto por la cultura como por las infancias. “Me llena de emoción ver que los chicos siguen creciendo en esta apertura cultural. Me siento afortunada de seguir acompañándolos”.

