Con 85 años a cuestas y 65 de ellos dedicados a la peluquería, Juan Pedro Aranche no es simplemente un peluquero de La Plata.
Es un testigo viviente de la historia argentina, un referente del oficio y una leyenda en su barrio. Vascofrancés por ascendencia, con bisabuelos italianos, llegó al mundo con raíces cruzando el Atlántico y se quedó para sembrar legado en la esquina de 7, 55 y 56, donde aún atiende su local fundado en 1980.
Una vida entre tijeras y navajas
“Empecé en 7 entre 50 y 51. De ahí fui progresando, hasta llegar a una peluquería llamada Palacio, en 49 entre 5 y 6. Ahí me metí de lleno con la técnica de navaja modelada que había traído L’Oréal de la mano de un francés, George Arbenatar”, cuenta Aranche con lucidez. Su vocación lo llevó incluso a renunciar a su puesto en la banda de la policía, donde tocaba el saxo y también peinaba al director musical. “El gobernador Calabró me quería en la Gobernación, pero mi pasión era otra. Yo no quería ser empleado del Estado, quería dejar una huella en la profesión.”
Esa decisión lo llevó a las grandes ligas del estilismo: hizo promociones en Canal 2, recibió una medalla de oro en Buenos Aires por su trayectoria y llegó a atender a figuras como el propio Eduardo Duhalde y al gobernador Manuel Saint-Jean, como lo recuerda. “Casi me voy a Suiza, ya tenía pasaporte y todo, pero me quedé porque la peluquería acá explotó. Teníamos 200 clientes por día, ocho peluqueros y cinco chicas lavando cabezas.”
El local, la familia y las pérdidas
El primer gran salto fue cuando pudo comprar su propio salón en 6 entre 53 y 54. Luego se mudó al actual, donde continúa trabajando junto a su hijo. “Ese fue mi gran logro. Me permitió criar a mis hijos después de perder a mi esposa hace 40 años. Mi hija, que tenía 7 años, hoy trabaja en el ministerio. Mi hijo sigue conmigo en el salón.”
Sin embargo, no todo fue fácil. “Intenté hacer un salón unisex, pero no tuve suerte. Una chica que trabajaba en Diputados se enfermó, otra tuvo problemas personales. Y bueno, uno sigue, con altibajos, pero con la misma inquietud de siempre.”
Cortar el pelo en tiempos convulsionados
Juan Pedro también fue testigo de épocas oscuras. Durante la dictadura militar, su nombre apareció pintado en su casa junto al vagón 4, donde vivía. “Cuando llegué, había una tarjeta que decía: ‘Perdoná, Juan, no sabía que era tu casa’. Eso me trajo tranquilidad. Yo siempre respeté a todos, militares y montoneros. Pero por seguridad, tuve que dejar de cortarle el pelo a ciertos personajes. Como a Manuel Saint-Jean, cuando me enteré que su entorno estaba vinculado al jefe de Policía involucrado en un atentado.”
Medalla de oro, orgullo platense
La frutilla del postre fue la medalla de oro al “Mateo del Año” que recibió desde Capital Federal. “Fue por mi aporte a la sociedad, por animarme a innovar con cortes modelados en tiempos donde no había nada. Eso me permitió comprar mi local, darles una casa a mis hijos y sentir que valió la pena quedarme.”
Un mensaje para las nuevas generaciones
A pesar del paso del tiempo, Juan Pedro no pierde el entusiasmo ni la crítica constructiva hacia el presente. “Hoy la gente está triste, no como antes que venían silbando, cantando. Yo veo una juventud apagada. Pero el mensaje que quiero darles es que sigan progresando, que no dependan de los políticos. A mí me tocó vivir muchos gobiernos, algunos mejores, otros peores. Pero lo importante es la alegría y la armonía.”
Sobre los barberos actuales, también tiene su opinión. “Muchos dicen que son barberos, pero no afeitan. Cortan el pelo. Entonces son peluqueros. La barbería de verdad era otra cosa. Pero entiendo que vienen a ganarse la vida como pueden.”
Con su historia cargada de trabajo, pasión, pérdidas y triunfos, Juan Pedro Aranche sigue peinando generaciones desde su tradicional local en La Plata. Y aunque muchas cosas han cambiado, él sigue sosteniendo la tijera con la misma firmeza con la que eligió, una y otra vez, quedarse en su país y construir desde el oficio.

