La Universidad Nacional de La Plata cerró el año 2025 con 7.228 egresados distribuidos en 165 titulaciones y una tasa de graduación del 35%, por encima del promedio del sistema universitario nacional. Los resultados expresan una mejora sostenida y el efecto de políticas orientadas a acompañar las trayectorias académicas, en un contexto de ingreso irrestricto y no arancelado.
Aunque el debate público suele reducir el análisis a una relación entre ingresantes y egresados, la UNLP sostiene que el rendimiento universitario debe evaluarse considerando la complejidad de las trayectorias estudiantiles y el impacto social de la educación pública. No se trata entonces de medir la “eficiencia” de las instituciones a partir de una ecuación matemática lineal que compara cuántos alumnos ingresan versus cuántos se reciben en un año.

Un análisis integral de los datos demuestra que la realidad de las grandes universidades públicas, y en particular de la Universidad Nacional de La Plata, responde a una complejidad social y académica que los análisis puramente estadísticos deciden ignorar. En este escenario, la institución impulsa políticas académicas para mejorar estos indicadores sin renunciar a su carácter inclusivo, masivo y de excelencia.
Hablemos de rendimiento
Para dimensionar correctamente el rendimiento de la UNLP, resulta indispensable analizarlo en clave comparada con el conjunto de las Universidades Nacionales. Según los datos oficiales del ciclo 2023 aportados por el Ministerio de Capital Humano, La Plata se consolidó firmemente como la tercera universidad pública del país en cantidad absoluta de egresos, con 6.499 graduados, ubicándose solo por detrás de la Universidad de Buenos Aires (18.591 egresados) y la Universidad Nacional de Córdoba (6.771). Además, integra el selecto grupo de las únicas tres instituciones estatales que superan la barrera de los 6.000 graduados anuales.
Vale aclarar no obstante que, de acuerdo a los datos aportados por la Secretaría Académica, la UNLP culminó el ciclo lectivo 2025 con un total de 7.228 egresados en sus 17 facultades, registrando así un incremento del 11,22% en apenas dos años.
Para estimar la tasa de egreso, la alternativa más precisa consiste en contrastar el egreso actual con el ingreso de siete años atrás, período promedio estimado para completar las carreras. Al aplicar esta fórmula (comparando los egresos de 2025 con los 20.648 ingresantes -por primera vez- del año 2018), la tasa de egreso real de la UNLP asciende hoy al 35%. Se trata, a todas luces, de un indicador que posiciona a La Plata por encima de la media del sistema universitario.
Este escenario evidencia además una complejidad institucional que no debe soslayarse. Mientras que para universidades pequeñas es técnicamente más sencillo exhibir tasas de egreso elevadas en porcentajes, la UNLP sostiene sus indicadores en un contexto de ingreso masivo, irrestricto y no arancelado, tal como lo establece la Ley de Educación Superior. En La Plata no existen filtros ni exámenes eliminatorios en la instancia de acceso. Se trabaja intencionalmente con una población estudiantil masiva y heterogénea, con diversas realidades socioeconómicas y niveles de formación previa.

En este punto, hay un componente de movilidad social ascendente que las planillas de cálculo omiten: en la UNLP, el 41% de las personas que se reciben pertenecen a la primera generación universitaria de sus familias. La obtención del título en estas trayectorias no es solo un logro individual, sino una transformación sociolaboral colectiva para todo su entorno familiar y comunitario.
Asimismo, los 7.228 egresos registrados por la UNLP en 2025 se distribuyen en un amplio abanico de 165 titulaciones. Frente a las miradas que pretenden clasificar las carreras entre «útiles» o «irrelevantes», la UNLP defiende la diversidad disciplinar. Todas las ciencias, orientaciones y artes interactúan de manera integrada, contribuyendo al bienestar y al desarrollo estratégico del país. Sostener carreras de pequeña magnitud junto a las tradicionalmente masivas es una responsabilidad que solo la universidad pública puede y debe garantizar.
Políticas activas para ampliar oportunidades
Aun con todo lo dicho, desde la UNLP se asume que la relación ingreso-egreso dista de ser plenamente satisfactoria y requiere políticas activas permanentes. La meta institucional razonable se proyecta en alcanzar un horizonte del 50% de egreso en relación con la cantidad de ingresantes, pero el foco no está puesto en la fría persecución del indicador, sino en la ampliación de oportunidades efectivas.
Para ello, la Universidad implementa una batería de iniciativas articuladas en tres grandes ejes de reforma institucional:
1. Rendimiento Académico y Acompañamiento (PRAE): Fortalecimiento de esquemas de tutorías, trayectos de nivelación y cursadas especiales destinadas a incrementar la aprobación de materias en todos los tramos de la carrera.
2. Modernización Curricular: Discusión y reforma interna en las Facultades para rediseñar planes de estudio excesivamente densos, acortar cargas horarias innecesarias y agilizar las trayectorias estudiantiles, sin perder el rigor ni la calidad académica.
3. Diversificación de Salidas Laborales: Innovación en la oferta de títulos mediante la creación de tecnicaturas y títulos intermedios que reconozcan trayectos formativos válidos y aporten certificaciones profesionales tempranas acordes a las expectativas de los estudiantes actuales.
En definitiva, medir a la UNLP requiere una mirada compleja. El rendimiento académico no se reduce a una tasa de eficiencia con visión de mercado; se traduce en la capacidad política e institucional de incluir de manera irrestricta, sostener trayectorias reales, producir conocimiento de validez internacional y devolver a la sociedad profesionales de la más alta calidad humana y científica.
Esta realidad colisiona de frente con aquellos discursos que tildan de ineficiente al sistema público. Lejos de cualquier supuesto letargo, los rankings internacionales que miden la calidad científica y educativa desmienten el relato oficial. La edición publicada en el último semestre de 2025 del Ranking QS de Universidades de América Latina y el Caribe —que evalúa tanto a instituciones de gestión pública como privada bajo estrictos estándares globales— posiciona a la UNLP en el puesto 21° de toda la región.
Este indicador la ratifica de forma indiscutible como la segunda mejor universidad de la Argentina, superando incluso a instituciones privadas de elite del ámbito local que cuentan con presupuestos arancelarios significativos. El reconocimiento internacional de la casa de estudios platense se sustenta en tres pilares de alta puntuación: su reputación académica (97,5 puntos), la solidez de sus redes internacionales de investigación (96,7 puntos) y su alto impacto web (99,6 puntos).
Lejos de las métricas de eficiencia que proponen los sectores que cuestionan la educación superior pública, el rendimiento académico en la UNLP se define por su impacto político y social. La inclusión irrestricta, el sostén de las trayectorias estudiantiles, la producción científica global y la formación de profesionales de alta calidad, forman parte de una convicción inclaudicable de este modelo de gestión.

Una política educativa de puertas abiertas no implica, bajo ningún concepto, flexibilizar la obtención de títulos de grado. Sostener la masividad sin resignar la calidad en la formación académica es, de hecho, el verdadero orgullo de esta casa: graduarse en la Universidad de La Plata exige un esfuerzo supremo porque el camino hacia el anhelado título demanda alcanzar los máximos estándares de excelencia.

