En el primer programa de INFOLAPLATA desde SIRIVINSKY STREAM , el reconocido comerciante platense Alberto Peroni dialogó con Mario Ciancaglini sobre el origen de la tradicional CASA PERONI y de los proyectos actuales que comparten con la «Red de Comercios Familiares Históricos «
Con más de siete décadas de trayectoria, la tradicional Casa Peroni repasó su origen, la evolución del comercio platense y el nacimiento de una iniciativa que busca preservar la identidad y el patrimonio de los negocios familiares de la ciudad.
La historia de Casa Peroni es también parte de la historia comercial de La Plata. Desde los primeros pasos de una pequeña sastrería hasta convertirse en una referencia en la confección de uniformes escolares, la empresa atravesó distintas generaciones adaptándose a los cambios sociales, económicos y culturales sin perder su esencia.
Durante el primer programa de INFOLAPLATA, emitido por Sirivinsky Stream, el comerciante Alberto Peroni conversó con Mario Ciancaglini sobre el recorrido de la empresa familiar y los proyectos que hoy impulsan junto a la Red de Comercios Familiares Históricos.
De una manta y un sueño a un comercio histórico
El origen de la firma se remonta a la década de 1940, cuando el padre de Alberto Peroni, con apenas 16 años, llegó solo a La Plata para buscar un futuro mejor para toda la familia.
Instalado inicialmente en la zona de 16 y 51, comenzó a perfeccionarse en el oficio de sastre junto a una familia de reconocidos confeccionistas. Más tarde, ya con sus padres establecidos en la ciudad, empezó a trabajar en el patio de su casa confeccionando moldes y realizando arreglos de ropa.
Con el crecimiento de la actividad, un vecino le alquiló un pequeño garaje donde abrió su primera sastrería. Poco tiempo después, otro ofrecimiento le permitió adquirir la esquina que con los años se transformaría en el histórico local de 68 y 11, un punto de referencia para generaciones de platenses.
El crecimiento de la clase trabajadora impulsó el negocio
Durante la entrevista, Alberto Peroni recordó que el crecimiento del comercio estuvo estrechamente vinculado al desarrollo de la clase trabajadora durante los primeros gobiernos de Juan Domingo Perón.
«La clase obrera empezó a acceder a un traje. Antes era un lujo reservado para pocos y de repente muchas familias pudieron vestirse de otra manera», explicó.
Ese cambio social multiplicó la demanda de prendas confeccionadas a medida y permitió que la sastrería ampliara su actividad con la elaboración de camisas, trajes y otras prendas personalizadas.
De la sastrería artesanal a los uniformes escolares
El gran punto de inflexión llegó cuando el Colegio Padre Castañeda encargó la confección de capas y boinas para sus alumnos.
Aquella oportunidad marcó el inicio de una nueva etapa para la empresa, que comenzó a especializarse en uniformes escolares.
Aunque la producción aumentó con los años, el espíritu artesanal nunca desapareció. Cada prenda continuaba realizándose con moldes propios y adaptándose a las medidas de cada estudiante.
«Mi padre llevaba un cuaderno donde registraba las medidas de cada alumno. Todo se hacía prácticamente a medida. Era un trabajo de sastre llevado a la producción escolar», recordó.
Con el paso del tiempo, la empresa incorporó nuevos talleres, amplió su estructura productiva y se convirtió en una referencia para numerosas instituciones educativas de la región.
La transformación de los uniformes
La llegada de una nueva generación al frente de la empresa impulsó una renovación integral del concepto de uniforme escolar.
Los tradicionales jumpers, blazers y corbatas comenzaron a dar lugar a prendas deportivas, tejidos técnicos y diseños más cómodos, siempre respetando la identidad visual de cada establecimiento educativo.
Actualmente, según explicó Peroni, cerca del 97% de los colegios utilizan indumentaria deportiva como uniforme principal, una transformación que también respondió a cambios culturales, nuevas formas de enseñanza y criterios de inclusión.
Adaptarse para seguir creciendo
La empresa también acompañó la transformación tecnológica del comercio.
La incorporación del e-commerce, ventas online, medios de pago digitales, promociones bancarias y envíos a domicilio fueron algunas de las herramientas implementadas para responder a las nuevas formas de consumo.
«Como comerciantes tenemos que adaptarnos permanentemente. Si no acompañás los cambios, perdés ventas», sostuvo.
La confianza como valor diferencial
Más allá de la evolución tecnológica, Peroni aseguró que existe un valor que sigue siendo central para los comercios familiares: la confianza.
«Si un cliente vuelve durante décadas es porque confía en vos, en tu producto y en la forma en que lo atendés», afirmó.
Ese vínculo construido a lo largo de generaciones es, según explicó, uno de los principales activos de los comercios históricos.
La pandemia dio origen a una red que hoy preserva la memoria comercial platense
Uno de los momentos más significativos de la entrevista fue el relato sobre el nacimiento de la Red de Comercios Familiares Históricos.
La iniciativa comenzó durante la pandemia de COVID-19, cuando Casa Peroni puso su infraestructura al servicio de una campaña solidaria destinada a fabricar barbijos, camisolines y otros elementos de protección para el personal sanitario.
La propuesta logró reunir a más de 100 costureras voluntarias, donantes de insumos y una compleja red logística que permitió distribuir miles de productos en centros de salud.
Esa experiencia colaborativa llevó posteriormente a identificar a otros comercios tradicionales de La Plata, muchos de ellos con más de medio siglo de historia.
Así nació la Red de Comercios Familiares Históricos, integrada por negocios emblemáticos como La Bastilla, La Pirucha, Vivero Ferrari, Mateu y otros establecimientos que forman parte de la memoria colectiva de la ciudad.
Patrimonio cultural e identidad platense
Para Peroni, estos comercios representan mucho más que una actividad económica.
Explicó que forman parte del patrimonio cultural inmaterial, un concepto reconocido por la UNESCO y también contemplado por legislación provincial y ordenanzas municipales, ya que transmiten oficios, conocimientos, saberes y formas de trabajo de generación en generación.
En ese marco, la empresa avanza en la recuperación de su histórica esquina de 68 y 11, donde conservará pisos originales, mobiliario y estanterías para ofrecer una experiencia que combine tradición y actualidad.
«Queremos que quien entre al local sienta que está recorriendo parte de la historia de La Plata», expresó.
Una propuesta para preservar la memoria comercial
Los integrantes de la Red de Comercios Familiares Históricos buscan ahora trabajar junto al Municipio de La Plata para desarrollar políticas públicas que permitan preservar estos espacios y difundir su valor histórico entre vecinos, estudiantes y turistas.
La iniciativa apunta a reconocer el aporte que realizaron generaciones de comerciantes al desarrollo económico y social de la ciudad y convertir ese legado en parte del patrimonio cultural platense.

